MAR DEL PLATA.- A mediados de febrero, una decena de las tortugas marinas apareció muerta a orillas del mar, entre La Lucila del Mar y San Clemente del Tuyú. En los últimos días, se sumaron cinco casos más, también en distintas localidades del Partido de la Costa.
Ambas series de hallazgos generaron preocupación. La cantidad de muertes en tan poco tiempo y su derivación a la costa parecen estar relacionadas con movimientos importantes de marea y corrientes.
Si bien en el primer episodio se lograron rescatar algunos restos para realizar estudios específicos, en esta última tanda los cuerpos se encontraban en un estado avanzado de descomposición, lo que imposibilitó la labor y la oportunidad de obtener resultados relevantes en una eventual necropsia.
Los ejemplares hallados sin vida corresponden a la especie conocida como Caretta Caretta o tortuga cabezona. Desde la Fundación Mundo Marino explicaron a LA NACION que fueron notificados por distintos llamados sobre la presencia de estas tortugas sobre distintos frentes de playa dentro del distrito.

“En los últimos 15 años de monitoreo, observamos un pico de varamientos en esta época del año”, explicó Alan Rosenthal, biólogo marino y director científico de la Asociación Naturalista Geselina (ANG). La investigación en curso sostiene que, a diferencia de otras especies, como pingüinos y lobos, que suelen derivar a la playa con desnutrición y otras afecciones, la mayoría de las tortugas halladas suelen tener alimento en el estómago y no se les detectan enfermedades: “Generalmente tienen un gran problema con la pesca accidental, quedan atrapadas”, dijo el especialista a LA NACION.
Rosenthal contó que el problema de la captura incidental no es solo local sino mundial. Sostuvo que aquí se da como particularidad que en abril se habilita la temporada de pesca costera. En coincidencia, la especie comienza a migrar hacia el norte porque baja la temperatura. Su destino, aclaró, es el sur de Brasil. “Eso hace que la posibilidad de captura accidental sea mayor”, advirtió.
“Suelen aparecer un número alto de animales en momentos de sudestada, que arrastra los animales muertos a la costa”, sumaron fuentes de Mundo Marino, organización que se ocupa del rescate y rehabilitación de especies marinas. Detallaron que la hipótesis principal sobre la cual se trabaja, tanto frente a los últimos casos como a los ocurridos en febrero, apunta a tortugas que murieron en alta mar, posiblemente por efecto de pesca incidental.
En los cadáveres hallados en febrero, los especialistas encontraron algunos indicios, en su caparazón y en su piel, del contacto con las redes de arrastre que utilizan los buques que realizan sus lances para capturas de distintas especies ictícolas de las aguas del norte de la provincia de Buenos Aires.
Desde Mundo Marino insistieron en que las últimas tortugas halladas sin vida presentaban condiciones de putrefacción en estado muy avanzado, por lo que no había posibilidad de análisis que permitieran resolver con precisión las causas de muerte. En general, si se cumple la hipótesis de redes de pesca, la muerte se produce por ahogamiento, ya que, al quedar atrapadas, no pueden llegar a la superficie para respirar.
En la serie anterior, a mediados de febrero, las tortugas aparecieron en San Clemente del Tuyú, Las Toninas, Costa del Este y Nueva Atlantis, entre otras playas del Partido de la Costa. Apenas se lograron rescatar algunos restos de piel de los animales de muerte más reciente para estudios genéticos, según se informó en aquella oportunidad.
Entre los ejemplares sin vida rescatados hace dos meses había algunos de muy buen tamaño, que incluso se aproximaban a los 200 kilos. Los encontrados durante estos últimos días son de menor porte.
“Hay buena predisposición”
Rosenthal puntualizó que la captura accidental de tortugas marinas durante las maniobras de pesca, más conocidas en la actividad como “by catch”, no implica una responsabilidad directa o intencionalidad de la tripulación de las embarcaciones.
“Trabajamos en colaboración con pescadores artesanales y de la industria en reducir este problema”, dijo a LA NACION y advirtió que desde el ámbito científico “no se demoniza” la actividad. “Es una cuestión que requiere cooperación entre la investigación y el sector pesquero y hay buena predisposición en ese sentido”, apuntó.
El tema es motivo de preocupación y es parte de la agenda que este año, entre 26 y 29 de septiembre, tendrá a la Argentina como país anfitrión de una nueva edición de la reunión del “Atlántico Sudoccidental sobre investigación y conservación de tortugas marinas (ASO)”, de la cual participan especialistas locales y también de Brasil y Uruguay. En esta oportunidad, la sede será Villa Gesell.


