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Belgrano: El bar de vinos y platitos que se esconde bajo tierra en un garaje con rampa

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En un área residencial del barrio de Belgrano, el acceso a Pro.Vin.Cia.- Producto, Vino y Compañía- es atípico: hay que entrar por una cafetería y bajar por las escaleras hasta el salón principal. Ambientado con mobiliario de fines de los años 60 y principios de los 70, la pared espejada de piso a techo agranda el espacio. También, habilita una salida para fumadores: la rampa del garaje forma parte del bar, con pequeñas mesas rebatibles, iluminación y ventilación.

Para acompañar los vinos, ofrecen variedad de charcutería artesanal

Detrás del portón metálico se esconden más capas de historia. El edificio de tres plantas y el subsuelo que ocupa el bar fue la sede de la embajada de Venezuela. Y antes, una vivienda para dos familias. Los diplomáticos estacionaban allí sus autos en el mismo lugar que ahora se sirven quesos de productores seleccionados, paté, anchoas de Mar del Plata, panes caseros, tortillas, aceitunas y variedad de charcutería.

“El subsuelo permite generar una experiencia completa, sin influencias del exterior, no te enterás si llueve, la iluminación es muy tenue. Este es un lugar de neutralidad”, dice el dueño, Jaime Chmea. Hijo del creador de la firma textil Chemea, Jaime asegura que visitó “muchas bodegas durante años”. Y cuando encontró esta locación, no lo dudó: “El mejor lugar de guarda es el subsuelo, que permite regular mejor la temperatura de los vinos, habilita más facilidades y menos recursos”.

Ambientado con mobiliario de fines de los años 60 y con una iluminación cálida, despliega en poco espacio una barra de despacho, una mesa XXL de cemento y mesitas para dos o cuatro personasEl edificio de tres pisos fue la sede de la embajada de VenezuelaEntre los platitos de la carta destacan el paté, anchoas de Mar del Plata, panes caseros, tortillas y aceitunas

Pro.Vin.Cia. (Producto, Vino y Compañía) está en el nivel -1 de Virrey Loreto 2035, a tres cuadras de Barrancas de Belgrano. En la zona hay otras embajadas e instituciones académicas privadas: un barrio tranquilo que cada vez suma más propuestas gastronómicas de corte boutique.

El proyecto del arquitecto Tomás Powell despliega en poco espacio una barra de despacho, una mesa XXL de cemento y mesitas para dos o cuatro personas. Con cortinados de pana azul, el interiorismo del bar se destaca por el mobiliario de autor. Sillones de cuero, sillas de Reinaldo Leiro y Arnoldo Gaite de 1964, el icónico BKF y otras líneas reeditadas por la firma Buró. “Todo es nuevo, bajo licencia original”, aclara Chmea, que en los años 90 trabajó junto a su papá, David, en la conocida cadena de camisería Chemea, que cerró en 2002.

Ideal para una charla distendida, el espacio incluye una rampa exterior con mesas

Después de pasar por varios emprendimientos, ahora llegó el turno del bar de vinos para 35 personas. “Elegimos cada producto con mucho detalle, por ejemplo los quesos son de Ventimiglia (de Río Negro), y La Suerte (Provincia de Buenos Aires). Tenemos 10 variedades, entre blandos, semi duros, duros y azules. Y seis productos de Corte Charcutería”, señala. Y agrega: “Hoy la mejor forma de acompañar la cadena de valor de la industria es dándole al vino un buen servicio y una experiencia que lo eleven todavía más como producto”, dice el fundador que, en simultáneo con la apertura de esta nueva locación, lleva adelante la transformación de Pro.Vin.Cia Arroyo, en el barrio de Retiro.

Ofrecen más de diez variedades de quesos artesanales, entre blandos semiduros, duros y azulesHay más de 200 etiquetas de vino, incluyendo varios proyectos de pequeños productores

Entre las 200 etiquetas se destacan bodegas de todo el país, que ofrecen vinos naturales, clásicos como Chardonnay o Cabernet Merlot, tintos ligeros y proyectos de enología joven. “El juego de tomar vino está constantemente en el descubrimiento de una nueva etiqueta, un nuevo vino o de una nueva añada del mismo vino que probaste el año pasado. Queremos que en esa búsqueda el consumidor encuentre lo que le guste”, dice Chmea y señala que “hay una proliferación de proyectos chicos y regiones emergentes”.

La experiencia está pensada para 35 personas, que pueden acceder a la rampa a continuar la velada. Esta estructura preexistente se convirtió en la estrella del bar, por su dimensión. “Era difícil de modificar. La quise mantener como un gran volumen”, señala Chmea. La superficie inclinada se transforma en área de permanencia, con mesas y ventilación. Funciona como expansión y apertura.

Con cortinados de pana azul, el interiorismo del bar se destaca por el mobiliario de autorSuele haber en el menú varios productos de Corte Charcutería

En el complejo también conviven el café Shelter, y Anare, un restó omakase. Sin embargo, el subsuelo es la joyita oculta de este edificio que funcionó como embajada y luego como oficinas durante más de dos décadas. Tras un período de deterioro, la propiedad fue recuperada y reconvertida en un conjunto gastronómico con distintos niveles. De estacionamiento a cava secreta, el bar invita a circular bajo tierra y descubrir el acceso oculto, que no tiene referencias desde el exterior. Vinos, platitos, noche, sótano, música y compañía: una propuesta tan lúdica como misteriosa.

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