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El golpe de 1976 no era inevitable

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Se lo debe decir claramente de una vez por todas. El Golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, fue extraño y totalmente injustificado. Y se puede explicar por qué.

1) El vencimiento del mandato de Isabel Martínez de Perón estaba, si se quiere, a la vista (concluía el 25 de mayo de 1977). Durante ese lapso, y tal como venía ocurriendo, el titular del Senado, Ítalo Luder, una figura respetada, estaba en perfectas condiciones de hacerse cargo del Ejecutivo en todas las ocasiones en que la presidente se tomara licencias largas o más breves por razones anímicas.

2) Pero además de ello, si se quería salvar la institucionalidad, bien se podía convocar a elecciones de renovación presidencial con mucha antelación a lo usual. Esto es, que el país se hubiera visto rápidamente envuelto en una bullente e intensa campaña electoral que se habría colocado por encima de cualquier otra problemática. Era sólo cuestión de manejar bien los tiempos (convocatoria, candidaturas, votación).

3) En última instancia, si Isabelita en algún momento de este recorrido deseaba renunciar a su alto cargo, ello no hubiera sido para rasgarse las vestiduras, como lo vimos después con las dimisiones de Alfonsín y De la Rúa (incluso antes, con Cámpora).

4) Tampoco era necesario el golpe para contar con los instrumentos necesarios para la lucha de las fuerzas armadas y de seguridad contra el terrorismo, porque ya el gobierno legítimo y constitucional les había otorgado los más plenos poderes para “neutralizar y aniquilar el accionar de los elementos subversivos” (tal cual: decretos nacionales 261/75, 2770/75, 2771/75 y 2772/75).

5) Si se invocaban razones de turbulencias económicas, esto, en la Argentina, nunca puede ser argumento para amputar el proceso democrático.

Aparte de ello, en el Congreso seguía adelante un proyecto de juicio político y eventual destitución de la presidente, liderado entre otros por los diputados Francisco J. Moyano y Ricardo Balestra.

Nada convalidaba entonces algo tan grave (gravísimo) como la quiebra por la fuerza del orden constitucional Y lo digo con la mirada objetiva y equidistante que me otorga el hecho de haber integrado en esa época un bloque legislativo opositor al gobierno justicialista (Guillermo Mac Loughlin habla de “un desatino absoluto, producto de militares ambiciosos”; otros, con mayor benevolencia, “de un error garrafal de la conducción de las fuerzas armadas”).

Abogado, periodista, exlegislador (Partido Demócrata)

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