No se rompió el miércoles. El fútbol argentino ya estaba roto. La frase de Diego Milito, por cargo y nombre, seguirá retumbando. Seguramente se la utilice en cada ocasión de un sospechoso fallo arbitral. O en la próxima organización polémica de torneos. O de una decisión controvertida de a qué equipo y cuándo consagrar campeón. O a partir de alguna otra razón que, indudablemente, suelen sobrar.
Si el fútbol estaba roto antes y Milito lo dijo el miércoles, pudo haber sido porque recién lo advirtió al ver a sus jugadores defendiéndose con 9 debido a un expulsado equivocadamente y a otro que mereció la segunda amarilla pero no había merecido la primera. O bien, Milito pudo haber hablado después que otros, aun advirtiendo las roturas desde hace tiempo, porque todavía no se animaba. O por temor a una represalia. O porque tal vez creyó que su antecesor Víctor Blanco podía todavía utilizar sus contactos en la AFA. O simplemente porque esperaba la gran victoria de Racing para desmarcarse y pronunciarse. Al final, la bomba llegó antes que la victoria.
Seguramente a Milito le haya favorecido el escenario: si tenía que perder, en un semestre caracterizado por el flojo nivel del equipo, le convenía que fuera con polémica. Al día siguiente de la eliminación, se habló del perjuicio de Racing, no de un plantel empeorado con respecto a dos años atrás. Con ese objetivo principal o secundario, quedó claro que la relación con la conducción del fútbol argentino pasó a no tener retorno. Una posible respuesta sería una sanción por parte de la AFA. Vale la pena desarrollar este punto. El Tribunal de Disciplina interviene en hechos realizados en el campo de juego o informados por el árbitro. Para suspender a un protagonista por sus declaraciones existe el Tribunal de Ética. ¿Existe? Fue el Tribunal que el año pasado suspendió al técnico de Deportivo Morón, Walter Otta, por manifestaciones que nunca había realizado. El presidente del área era Diego Barroetaveña, que renunció en diciembre. Nadie lo reemplazó; incluso en la web de la AFA figura el renglón vacío. Una eventual sanción a Milito sería craneada, es evidente, por Tapia y Toviggino.
El presidente de Racing finalizó su monólogo con una frase que puede hacer ruido a futuro: “Estoy a plena disposición para reconstruir nuestro fútbol”. No es el primero que encara la separación. Cada vez que puede River ratifica su postura, demostrada cuando se retiró del Comité Ejecutivo. A Estudiantes ya no le hace falta ratificar la suya. Por ahora, son nada más que River, Racing y Estudiantes. Eso sí, son nada menos que River, Racing y Estudiantes.
Cualquier paso que los agrupe necesitará primero terminar de destrabar un escollo básico: las relaciones entre ellos. La salida de Maximiliano Salas de Racing a River, a mediados de 2025, rompió el vínculo entre los clubes. Hoy, igualmente, el diálogo está recompuesto no entre los presidentes de los clubes pero sí entre sus segundas líneas. El interés de Estudiantes (de Foster Gillett, en realidad) por Sebastián Driussi, cuando River negociaba por él, hizo que se distanciaran. Jorge Brito dijo que “cada uno hace lo que quiere con la plata que le prestan”. Juan Sebastián Verón respondió que Brito “prestó plata toda la vida, tiene un banco; en realidad, el banco era del padre y lo maneja él”. Stefano Di Carlo, entonces secretario y hoy presidente, remató con que “todo lo que hace y dice Verón genera desconfianza”. Pasó más de un año y nunca se acercaron, pero cada uno elogia por separado la línea del otro frente a la AFA.
En caso de querer agruparse deberían sumar voluntades, lo cual no es fácil en este contexto: la mayoría tiene razones para no asumir una postura crítica como pueden ser el respaldo genuino, sacarle provecho a la cercanía o no exponerse a una venganza. Boca, Vélez, Argentinos, Lanús, Banfield, Newell’s, Central, Independiente Rivadavia, Instituto, Aldosivi y obviamente Barracas se encuentran entre los alineados. San Lorenzo tendrá elecciones próximamente. Independiente las espera para diciembre; cuentan en Avellaneda, de paso, que cuando Néstor Grindetti sugirió que podrían ser perjudicados frente a Central, Tapia lo llamó para reprochárselo y hasta le recordó el préstamo de dinero realizado. A la AFA la forman los clubes, siempre y cuando no se aparten de la línea homogénea.
No está claro qué podrían armar, para qué podrían juntarse los tres “rebeldes”. Si fuese para discutir la conducción, Claudio Tapia y Pablo Toviggino podrían sugerirles que armen un partido y les ganen; en este caso, con mejor suerte que quien inventó la frase. Porque el armado de la AFA es hermético e impenetrable. A futuro en una eventual elección, el sistema de votación generaría que deban tejer una cantidad de relaciones para lo cual no parecen estar dispuestos.

Los objetivos que los unen pasan por el torneo de primera división, no por el fútbol argentino en su conjunto. Si se propusieran reducir la cantidad de equipos, difícilmente consigan una mayoría que los acompañe. Tal vez lo que sí lograrían es consenso para mezclar un certamen de los actuales, con playoffs y hasta más corto, con uno convencional de todos contra todos. Si encararan un cambio en los arbitrajes, tendrían asegurado el apoyo popular, pero estas cuestiones del fútbol se resuelven puertas adentro, no en plebiscitos. Y la traba que encuentran es su ausencia en el Comité. No faltará mucho para que algún dirigente de otro club, de esos que se esmeran por caerle bien al poder, recuerde que River, Racing y Estudiantes no figuran en dichas reuniones; omitirá, en ese caso, que las cuestiones trascendentales se resuelven antes: cuando se leen los ingredientes, todo está cocinado.
Paradójicamente, para cualquiera de ellos sería más fácil conseguir apoyo hacia arriba que hacia abajo. Si deseara, Verón podría relacionarse con Javier Milei. Diego Milito tiene apenas un eslabón en el medio de la cadena que lo llevaría a Mauricio Macri. Stefano Di Carlo armó una comisión directiva con terminales políticas diversas; podría elegir el interlocutor. No sería un buen primer paso. Al contrario, el fútbol sabe cerrar las puertas ante los embates de la política extradeportiva. También, tratándose del presidente de River y de dos exjugadores de chapa, tendrían que correr sus fuertes egos. Si quisieran juntarse, claro. Si quisieran que la AFA tenga algo parecido a una oposición.


