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Ángela Pradelli: “Cada vez es más intensa la relación entre el poder y las palabras”

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“Al mismo tiempo que nos hace más fuerte, la poesía nos hace también más frágiles. Sin poesía cómo atravesaríamos el frío del mundo. Es un misterio ese abrigo que nos da la poesía. Y ese misterio hay que preservarlo para que permanezca siempre a salvo. ¿A salvo de qué? De la indiferencia, la indolencia, el menosprecio”, dijo Ángela Pradelli durante el acto que la coronó como integrante de número de la Academia Argentina de Letras (AAL). La autora de La respiración violenta del mundo, entre otros títulos, recibió esta tarde los atributos de su acreditación: un diploma, una medalla y una insignia.

Sobrevivió al “vuelo de los mieleros”, quedó parapléjico, volvió a empezar una y dos veces, y ahora escribe su historia

Pradelli ocupará el sillón n° 19 “Calixto Oyuela”, que había quedado vacante tras la muerte del escritor y editor Luis Chitarroni, en 2023. En el inicio del acto, la escritora y profesora fue presentada por Rafael Felipe Oteriño, presidente de la AAL con un discurso que recorrió la trayectoria de la flamante académica.

Rafael Oteriño entrega los atributos de académica a la escritora y profesora Ángela Pradelli

“Es profesora de letras, ejerció la docencia, colabora en diferentes medios periodísticos nacionales y extranjeros, y ha impartido, en forma vivaz y continuada, talleres de escritura en varias provincias del país. Pero, además, es una apasionada viajera, que ha llevado la presencia de la literatura argentina a Suiza, Alemania, Estados Unidos, Italia, China, por solo nombrar los países más distantes de esta América, a la que también recorrió con sus talleres y presentaciones públicas. Fuera de sus trabajos en la ensayística, sus obras de creación se enrolan, principalmente, en los géneros de poesía y narrativa, con singulares rasgos de intercomunicación entre ambos”, dijo Oteriño.

En su discurso, Pradelli resaltó el valor político, afectivo y vital de las palabras

A su turno, la escritora Esther Cross (con quien Pradelli compiló La Biblia según veinticinco escritores argentino) pronunció su discurso de bienvenida. Después de contar una anécdota iniciática de la infancia de la autora, Cross resaltó: “Quiero detenerme especialmente en la idea, central en sus libros, de que no se puede escribir sin la voz de los otros”.

El nombramiento de Pradelli se había anunciado a finales de septiembre de 2024. Fue propuesta por los escritores y académicos Eduardo Álvarez Tuñón, Esther Cross, Pablo De Santis y Santiago Sylvester.

En su discurso, Oteriño explicó que “la asunción académica es uno de los actos más trascendentes de nuestra vida institucional. En un espacio tan emblemático como el de este salón, se le entregan al nuevo miembro los atributos de su acreditación -diploma, medalla e insignia-, quedando plenamente integrado a la vida institucional y habilitado para ejercer la representación de la Academia. Las tareas a cumplir no son otras que las de colaborar en la profundización de los estudios lingüísticos y literarios, conservar y acrecentar el idioma español a la luz de las modalidades argentinas de la cultura, estimular la creación literaria y velar por el uso correcto de la lengua sin descuidar el factor de la diversidad en la unidad. Ángela Pradelli reúne con excelencia las condiciones para cumplir dichas tareas”.

Esther Cross (en la foto, sentada) pronunció el discurso de bienvenida de la flamante académica Ángela Pradelli

Cross contó que Pradelli “estaba en primer grado cuando se enteró de que había una feria del libro en su escuela. No entendía bien de qué se trataba, pero quiso ir. Su madre supo escucharla y la llevó hasta la primaria, donde la dejó por unas horas con unos pesos para que se comprara un libro. Después de dar vueltas por los puestos y hablar fascinada con los vendedores, eligió una novela llamada Mi hermano y yo. De más está decir que empezó a leerla ese mismo día y que la releyó muchas veces. Como en una historia de Chéjov, a quien admira tanto, el libro se perdió al tiempo, y aunque ella preguntó por la novela en distintas librerías a lo largo de los años, no la pudo encontrar”.

“Esta anécdota de Angie -continuó Cross- es una especie de prisma biográfico o recuerdo del futuro, por usar el título de una película de cuando éramos chicas. Ahí están presentes sus años de docencia, la lectora curiosa y abierta, el diálogo, incluso la importancia de la memoria reflejada en el hecho de que se puede perder un libro y seguir relacionada durante años con él, como con las personas. Ahí está la autora potencial de tantos libros, programas de lectura y proyectos colectivos, entre los que sobresale Por qué llora esa mujer. Creo que este recuerdo también habla de algo que se olvida últimamente y por desgracia: las personas que se dedican a las palabras asumen riesgos, y pueden ser decididas y tener tanta fuerza de carácter como esa nena ese día. Tiempo después, Angie escribió: «no me da miedo buscar algo/que no sé bien qué es ni dónde estồ.

Por su parte, Pradelli habló sobre el valor político, afectivo y vital de las palabras. A partir de escenas personales, referencias literarias, historias de bibliotecas, maestras, escritores, lingüistas y alumnos, la autora reflexionó sobre cómo la lengua modela la experiencia humana, cómo puede ser herramienta de poder o de violencia, y también refugio, memoria, ternura y posibilidad de resistencia.

“Las palabras hacen lo suyo, estallan en la sangre, en los estómagos, se liberan de la herrumbre, la corrosión y algunas mañanas anuncian un mundo nombrando de una vez todas las cosas. La sutileza de los sonidos, la fibra en las oraciones, el tejido de las discursos, palabras viejas, como las del laboratorio de biología, con las que podemos no obstante anunciar universos nuevos”, dijo.

“Pero las palabras a veces se vuelven hostiles -prosiguió Pradelli-. Nos toca un mundo muy difícil de vivir. Tantos días aciagos. Las guerras, las muertes de niñas y niños, las hambrunas, los crímenes. Los espacios por los que transitamos se volvieron muy estrechos, se hace difícil caminar en esa asfixia, nos faltan las palabras. Cada vez es más intensa la relación entre el poder y las palabras. Cada día escuchamos discursos cargados intolerancia, de violencia, odio. Palabras que se arrojan como piedras o se disparan como balas“.

Y concluyó: “Aún en los días tan precarios que se vuelven inhóspitos, esa voz sigue ahí, la voz de la poesía, que es la condensación de la lengua, y cuando habla en el silencio nos trae todas las palabras, la ternura, una alegría repentina, el perfume del río, la tristeza de las pérdidas, las noches de verano en las que mirábamos el cielo y leíamos allí el futuro, ciertas luces, los misterios, un dolor que no se puede reparar. Al mismo tiempo que nos hace más fuerte, la poesía nos hace también más frágiles. Sin poesía cómo atravesaríamos el frío del mundo. Es un misterio ese abrigo que nos da la poesía. Y ese misterio hay que preservarlo para que permanezca siempre a salvo. ¿A salvo de qué? De la indiferencia, la indolencia, el menosprecio”.

Estuvieron presentes, entre otros, Laura Galarza, María Inés Krimer, Jorge Asís, Ricardo Coler y Esteban Seimandi.

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