Buenos Aires, 25 marzo (NA) – A 40 años del lanzamiento de Dirty Work, el álbum de The Rolling Stones es todavía uno de los capítulos más controvertidos de su extensa discografía: un trabajo atravesado por tensiones internas, cambios en la industria musical y una búsqueda estética que no logró consolidarse.
Publicado el 24 de marzo de 1986, el disco nació en un contexto de fuerte deterioro en la relación entre Mick Jagger y Keith Richards, quienes apenas mantenían contacto durante el proceso de grabación. Mientras Jagger apostaba a consolidar su carrera solista con She’s the Boss (1985), Richards avanzaba en la producción de un nuevo material de la banda con el apoyo de Ronnie Wood.
Las sesiones, desarrolladas entre París y Nueva York en 1985 bajo la producción de Steve Lillywhite, reflejaron esa fractura. La participación de Jagger fue intermitente y el protagonismo creativo recayó en Richards, quien incluso asumió la voz principal en dos canciones. La falta de cohesión también se evidenció en los créditos de composición, que incluyeron combinaciones inusuales dentro del grupo.
A este clima se sumaron dificultades personales. Charlie Watts atravesaba problemas de adicción que limitaron su intervención, lo que llevó a que bateristas como Steve Jordan, Anton Fig e incluso el propio Wood participaran en distintas pistas. En paralelo, la banda prescindió de una gira promocional, una decisión inédita en su carrera y síntoma del desgaste interno.
En lo musical, Dirty Work fue concebido como un retorno a las raíces rockeras tras las exploraciones más cercanas al pop y al dance de Undercover (1983). Sin embargo, la producción pulida y con fuerte impronta ochentosa —marcada por sintetizadores y efectos— terminó por anclar el disco a su tiempo y alimentar críticas sobre su falta de identidad.
Aun así, el álbum contiene momentos destacados. Temas como One Hit (To the Body), Had It With You o Winning Ugly exhiben una energía directa y agresiva, mientras que Sleep Tonight, cantada por Richards, aporta un tono introspectivo poco habitual. También sobresale Too Rude, una incursión en el reggae, y la versión de Harlem Shuffle, original de Bob & Earl.
El disco contó además con colaboraciones de alto perfil, entre ellas Jimmy Page, Bobby Womack y Tom Waits, en un intento por revitalizar el sonido de la banda en un contexto adverso.
Dirty Work también quedó marcado por la muerte del pianista y colaborador histórico Ian Stewart, fallecido poco antes del lanzamiento, lo que convirtió al álbum en su último trabajo con el grupo.
Más allá de su recepción dispar, el disco funciona hoy como documento de una etapa crítica. La disputa entre Jagger y Richards —basada en visiones opuestas sobre el rumbo artístico, entre la ambición pop y la fidelidad al blues— había comenzado años antes, tras el desplazamiento de Brian Jones, pero alcanzó aquí su punto máximo.
El contexto de los años 80 tampoco favorecía. La irrupción del CD, la expansión de MTV y la creciente digitalización de la producción musical empujaron a numerosos artistas consagrados a adaptarse —no siempre con éxito— a nuevas lógicas de mercado y sonido.
Tras el lanzamiento, la banda entró en un impasse: Jagger y Richards no se verían durante tres años. Recién en 1989 lograrían recomponer su vínculo para el regreso con Steel Wheels, acompañado de una gira mundial que marcó su revitalización.
Cuatro décadas después, Dirty Work permanece como una obra irregular pero reveladora. Lejos de su época dorada, el álbum retrata a los Rolling Stones en su momento más disfuncional, pero también deja entrever destellos de la energía que definiría su posterior resurgimiento.
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