Apenas se conoció la noticia de su muerte, el caso quedó inmediatamente inserto en el contexto de las investigaciones por el robo y desvío de fármacos en clínicas privadas y hospitales públicos. Mientras la Justicia intentaba reconstruir las últimas horas de Eduardo Bentancourt dentro del departamento de Palermo donde fue hallado sin vida, su rastro digital comenzó a cambiar: una de sus cuentas en la red social X, hasta entonces pública, pasó a modo privado, según denuncian sus seguidores. El gesto, en apariencia menor, incorporó una nueva incógnita a una causa atravesada por sospechas, versiones cruzadas y una hipótesis oficial que su entorno más cercano pone en duda, tanto la de una sobredosis como la de un suicidio.
Bentancourt, de 44 años, fue encontrado muerto el viernes por la tarde en un departamento situado en el 9° piso de un edificio en Fray Justo Santa María de Oro al 2400, en el barrio porteño de Palermo. La alerta al 911 la dio su hermana, preocupada porque no lograba contactarlo desde el 30 de marzo. Al ingresar con la llave provista por la propietaria, los efectivos lo hallaron sentado en una silla del comedor, con sangre en la boca y sin signos vitales. No había señales de violencia en el lugar, aunque sí una punción venosa en uno de sus brazos.
En el interior del departamento, la Policía de la Ciudad secuestró 112 ampollas de distintos fármacos de uso hospitalario, entre ellos propofol, fentanilo, midazolam y otras drogas críticas, además de jeringas, guantes de látex y tres teléfonos celulares. La Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 21 investiga si la muerte fue causada por una sobredosis y busca establecer el origen de ese arsenal, en un contexto marcado por el reciente escándalo por el desvío de anestésicos para reuniones privadas conocidas como “Propofest”.

Desde el primer momento, la hipótesis de un suicidio o de una muerte voluntaria fue rechazada por quienes lo conocían. Daniela, una amiga de Eduardo desde hacía una década, aseguró a LA NACION que la escena hallada en el departamento “no cierra” y sostuvo que es técnicamente imposible que una persona se autoadministre la cantidad de anestésicos que se encontraron. Además, remarcó que Bentancourt llevaba apenas un mes en la ciudad, estaba en búsqueda activa de empleo y no tenía poder ni recursos para acceder a ese volumen de medicación por sus propios medios.

En ese contexto, el movimiento detectado en sus redes sociales sumó un nuevo elemento de incertidumbre que se viralizó en las últimas horas cuando se conoció una foto del rostro del enfermero.
El perfil de X que utilizaba Bentancourt, identificado con el usuario @eduxxx_33, dejó de ser visible para el público general poco después de que se conociera su muerte. Hasta ese momento, se trataba de una cuenta abierta según cuentan sus seguidores y era accesible para cualquiera que ingresara al enlace. El cambio a modo privado impide ahora conocer qué tipo de publicaciones realizaba, con quién interactuaba y si había dejado mensajes recientes que pudieran aportar datos sobre su estado emocional o sus vínculos.
En la descripción de su perfil, no hablaba sobre su profesión, solo contaba cuál era su signo zodiacal, su orientación sexual, invitaba a otros usuarios para hacer colaboraciones para su cuenta en OnlyFan y cerraba la presentación con una frase en inglés: you are perfect because you are consistent, you are art because you are trying [eres perfecto porque eres constante, eres arte porque lo intentas].

La modificación no fue acompañada por ningún comunicado oficial ni explicación pública de su familia o amigos. Tampoco está claro quién tomó la decisión de restringir el acceso a la cuenta ni en qué momento exacto se produjo el cambio.

A ese dato se sumó otro elemento que también surgió del análisis de su presencia online. Bentancourt tenía un perfil en la plataforma OnlyFans, un espacio habitualmente asociado a la producción de contenidos pagos. El hallazgo del perfil, cuya existencia no había sido mencionada en las primeras horas de la investigación, abrió nuevas preguntas sobre una faceta menos conocida de su vida privada y sobre si ese ámbito podía haber generado contactos, conflictos o situaciones de las que el entorno no estaba al tanto.
También una cuenta de Instagram mencionada en la descripción del perfil de Twitter es privada.

Por ahora, no hay información judicial que vincule ese perfil con la causa ni indicios de que haya sido utilizado como parte de una actividad ilícita. Sin embargo, para quienes siguen de cerca la investigación, el dato refuerza la necesidad de ampliar el análisis sobre su vida personal, sus ingresos y los círculos con los que se relacionaba desde su llegada a la ciudad meses atrás.
Desde Gualeguaychú, su ciudad de origen, colegas y familiares avanzan con una colecta para poder trasladar sus restos. Allí, Bentancourt había trabajado en el Hospital Centenario y se había formado como enfermero, con una trayectoria que sus pares describen como intachable. Su repentina muerte, rodeada de fármacos, silencios y pruebas que aún deben ser analizadas, dejó abiertas más preguntas que certezas.

Mientras la fiscalía intenta determinar si las drogas halladas forman parte del mismo circuito irregular investigado en otras causas recientes, los cambios en las cuentas digitales del enfermero agregan una capa más al misterio. En un expediente que avanza entre pericias toxicológicas, teléfonos secuestrados y testimonios contradictorios, también el rastro virtual de Eduardo Bentancourt puede convertirse en una pieza clave para entender qué pasó realmente puertas adentro de aquel departamento de Palermo.


