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El penal de Maravilla Martínez que subió la tensión en el clásico Independiente – Racing

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Poco jugado el clásico de Avellaneda entre Independiente y Racing. Mucha lucha en las áreas a la hora de los balones detenidos, infracciones en diferentes zonas del campo para cortar los avaces y poco más. Hasta que un remate desviado de Gonzalo Montiel abrió el juego. Y la tensión aumentó al límite.

A los 33 minutos, Adrián “Toto” Fernández filtró una pelota excepcionalmente para encontrar en el área a Tomás Conechny, al que el juez de línea le cobró -una vez finalizado el ataque sin gol– un fuera de juego que nunca existió. Podría haber pasado inadvertida como tantas otras jugadas en las que prevalece el “delay de bandera”, pero no fue el caso.

El control del atacante había derivado en la búsqueda de Adrián Martínez, que esperaba en el área chica para empujar la pelota, con el arco a su merced por el achique que había hecho el arquero Rodrigo Rey. Sin embargo, el cruce de Sebastián Valdez que privó que la pelota llegara al goleador incluyó una mano clara. Actuó (perfectamente) el VAR comandado por Germán Delfino para que, desde el campo, Leandro Rey Hilfer informara la sanción.

Tomó la pelota el propio “Maravilla” Martínez y practicó algo inédito en su estadía en la Academia: mientras el arquero se tiró a un costado, el 9 optó por picar su definición. Y en seguida saltó: ya se había dado cuenta de que se había excedido en altura para ese tipo de lanzamientos. Por lo tanto, quedó observando cómo el balón superaba los 2,44 metros del travesaño y algo más.

El encuentro entre Rey y Martínez apenas el balón superó el poste superior: ambos sonrieron, en medio de la frustración del 9 y el festejo del arquero.

El grito en el estadio Ricardo Enrique Bochini fue estruendoso, como el de los jugadores del Rojo. De hecho, Rey se paró inmediatamente, sacudió los brazos en ademán de festejo y abrazó al delantero, que en medio de su lamento vio venir al arquero y le puso un hombro como para sacárselo de encima. Pero el santafesino se plantó, no se cayó y le habló cara a cara. Sonriente, incluso, le puso las manos en la cabeza para, aparentemente, consolarlo tras la falla.

Se armó una gresca de empujones alrededor de ellos, pero Rey frenó a los demás, como pretendiendo transmitir que su reacción no era una cargada. Siguió hablándole al delantero de RAcing y Martínez se mostró dispuesto al ida y vuelta, también con sonrisas.

Diferente fue lo de Kevin Lomónaco, que, muy sonriente, más bien eufórico, le gritó “¡bien!” con un puño levantado y cerca del rostro. Y al igual que Rey, abrazó dos veces al adversario. Sólo ellos saben si se mofaron del error ajeno. Pero a los pocos segundos, el defensor y el atacante terminaron chocando manos, ya decididamente en paz entre sí. Una situación inusual, por demás extraña.

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