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“Era un proyecto modesto”. Llegó al país sin nada y fundó una de las empresas más grandes, que bautizó con el nombre de una flotilla aérea

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Antonino Mastellone desembarcó en el puerto de Buenos Aires el 2 de octubre de 1926. Su llegada está registrada en la base de datos del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos. Extrañamente, el oficial de Migraciones que completó su ficha lo inscribió “agricultor”. Tenía 27 años.

La travesía hacia el nuevo mundo duró poco más de 20 días, de los cuales ocho fueron de navegación a mar abierto, a través del Océano Atlántico. El Pincio, de la empresa Navigazione Generale Italiana, era un vapor que en épocas de grandes oleadas de inmigraciones realizó 24 viajes a la Argentina y transportó a un total de 13.330 pasajeros. Una de sus rutas más repetidas fue Marsella-Génova-Nápoles-Río de Janeiro-Montevideo-Buenos Aires.

En julio de 1926, meses antes de traer a Mastellone, había trasladado a la doble ganadora del Premio Nobel, Marie Curie, desde Marsella hacia Río de Janeiro.

Una postal del Pincio, el buque que trajo a Antonino Mastellone a la Argentina en 1926

Aquél 2 de octubre, el buque Pincio compartió muelle con otro gigante de los mares, el Re Vittorio. Antonino no trajo más que su equipaje, un libro de recetas y la dirección de unos paisanos suyos, los hermanos De Blasio, que se habían radicado en Buenos Aires en 1923, en el barrio de San Telmo, en la calle Defensa al 700. Ellos, a través del correo, le habían hablado de las bondades de la Argentina y lo alentaron a embarcarse en el viaje de su vida.

Antonino Mastellone fue el fundador de La Serenísima

El mayor de nueve hermanos

Antonino Mastellone nació el 12 de diciembre de 1899 en Piano di Sorrento, un pequeño pueblo del sur de Italia, en la región de Nápoles. Era el hijo mayor de Pascual Mastellone y Rosa Attanasio. Tuvo ocho hermanos: Mariana, Yolanda, José, Cataldo, María Giovana, Pascual, Miguel y Francisco.

Poco después de su nacimiento, la familia se mudó a Massa Lubrense, en la península sorrentina, una zona muy vinculada a la actividad lechera, donde continuaron con el oficio que formaba parte de su tradición familiar: la elaboración de quesos.

Antonino creció en ese ambiente de trabajo, campo y vida familiar, que fue moldeando desde temprano su carácter.

Desde chico mostró decisión y deseo de progresar. En la adolescencia viajó a Milán para aprender nuevas técnicas de elaboración de quesos. Y, en 1922, decidido a abrir su propio camino, se mudó a Cerdeña para trabajar en una reconocida quesería de la ciudad de Sassari, donde se formó como técnico en quesería.

Antonino Mastellone llegó a la Argentina en 1925

Como tantos italianos de su tiempo, empezó a mirar hacia América. Europa había quedado sumergida en el hambre y la miseria que provocó la Primera Guerra Mundial. Al mismo tiempo, Italia se consolidaba como una dictadura fascista bajo Benito Mussolini. Antoninio intuyó que más allá del horizonte, en el “nuevo mundo”, podría aplicar todo lo que sabía. Contempló dos opciones: la Argentina o los Estados Unidos.

Recordó a los hermanos De Blasio, amigos de la infancia, sus vecinos de Massa Lubrense, que se habían embarcado rumbo a hacia Buenos Aires unos años antes, y les escribió. Poco después, recibió respuesta: le contaron las oportunidades que ofrecía la Argentina, donde sobraban comida y trabajo. Y lo ayudaron con los preparativos del viaje.

Animado por esas noticias y por el deseo de construir su propio futuro, Antonino llegó a la Argentina el 2 de octubre de 1926. Traía consigo un oficio aprendido desde la infancia, una formación técnica poco común y una fuerte voluntad de progreso.

Piano di Sorrento es una localidad italiana de la que era oriundo Mastellone

El primer trabajo en Argentina

A los pocos días de llegar al país, Antonino encontró en un diario un aviso en el que se buscaba un técnico para una fábrica láctea en Junín, provincia de Buenos Aires. Decidido a empezar a trabajar cuanto antes, viajó hasta allí y consiguió el puesto.

Al año siguiente, su hermano José le escribió para decirle que había decidido seguir sus pasos. Cuando Antonino tuvo la confirmación de su fecha de llegada, quiso viajar a Buenos Aires para recibirlo en el puerto, pero sus jefes no le dieron permiso.

La respuesta de Antonino fue contundente: presentó la renuncia y solicitó su liquidación de haberes. Pero sus patrones le exigieron completar el mes si quería irse con dinero.

Cuando finalmente pudo viajar a Buenos Aires, su hermano José ya había conseguido trabajo en el frigorífico Trapani, propiedad de un paisano de Piano di Sorrento. Poco después, Antonino también fue contratado.

El señor Trapani, dueño del frigorífico, conocía la tradicional actividad que los Mastellone desarrollaban en Italia y le ofreció a Antonino una casa que tenía en General Rodríguez para que instalase allí una quesería.

Así, a principios del año 1927, don Antonino Mastellone arriba a General Rodríguez, donde fundaría una empresa que marcaría a fuego a la industria nacional. Al poco tiempo de instalado, convocó también a su hermano José.

En General Rodríguez comenzó el emprendimiento familiar que luego se convertiría en La Serenísima

En esos primeros años, los hermanos Mastellone vendían sus productos de forma directa, recorriendo las casas, especialmente las de la colectividad italiana. También lograron llegar a algunos comercios que empezaban a incorporar alimentos todavía poco habituales en la dieta de los argentinos.

Empujado por su deseo de seguir creciendo, Antonino decidió trasladar su fábrica a un lugar más amplio: un antiguo almacén de ramos generales ubicado en la entonces calle Circunvalación Norte, hoy Hipólito Yrigoyen, y la avenida San Martín. Ese cambio le dio un nuevo impulso a su emprendimiento.

En esa época conoció Teresa Aiello, también descediente de italianos. La relación entre ambos creció rápidamente y se casaron el 29 de octubre de 1929 en la Basílica de Santa María de los Buenos Aires. Los padrinos fueron José De Blasio y María Aiello.

Teresa Aiello y Antonino Mastellone tuvieron seis hijos

Ese año, 1929, quedó marcado como el inicio oficial de “Mastellone Hermanos”. La empresa fabricaba y distribuía dos productos: muzzarella y ricota. Nada más. Al principio, el proyecto era modesto, casi artesanal, sostenido por el esfuerzo familiar y por una idea simple pero firme: crecer sin apartarse de la calidad.

La Serenísima fue fundada en 1929 por Antonino Mastellone

Antonino llevaba la mercadería en tren hasta la estación Once y, desde allí, seguía la distribución a pie y en tranvía por los barrios porteños. Era un trabajo duro, al que con los años sumaron sus hijos desde muy jóvenes. En 1935, Mastellone compró un camión usado que con el tiempo se convertiría en la base de lo que luego sería la flota de distribución de la empresa.

Mozzarella, ricotta y provolone fueron los primeros productos que comercializó la empresa

El origen de nombre

Antonino pintó su nombre en la caja del camión, sobre los laterales. Y creó un logo (con sus iniciales superpuestas dentro de un círculo) que grabó en las puertas. Pero enseguida comprendió que necesitaba desarrollar una marca con un nombre de fantasía. ¿Cómo llamarla?

En 1935, Mastellone compró un camión usado que con el tiempo se convertiría en la base de lo que luego sería la flota de distribución de la empresa (imagen mejorada con IA)

Buscó en su memoria, en los recuerdos más preciados que lo acompañaron desde su tierra natal. Le vino a la mente un vuelo histórico, que sucedió el 9 de agosto de 1918 sobre Viena, una acción propagandística encabezada por el príncipe y poeta Gabriele D’Annunzio durante la Primera Guerra Mundial.

Gabrielle D'Annunzio, el príncipe poeta que comandó la escuadra

Ese día, nueve aviones Ansaldo SVA de la 87ª Squadriglia, conocida como “La Serenissima”, sobrevolaron Viena y arrojaron miles de manifiestos impresos sobre la capital austrohúngara.

La operación, que implicó un recorrido de más de 1200 kilómetros entre ida y vuelta desde un aeródromo cercano a Padua, quedó grabada en la memoria de Antonino Mastellone. Años después ese recuerdo lo llevó a elegir el nombre para su emprendimiento, que primero pintó en su primer camión, en 1935, antes de que quedara definitivamente asociado a la marca.

Folletos italianos cayendo sobre Viena

Al comienzo lo escribió en italiano, “La Serenissima”, con doble “s”, pero más tarde lo castellanizó hasta alcanzar el definitivo “La Serenísima”.

De camionero a creador de un gigante

Antonino falleció el 11 de enero de 1952. Sus restos descansan en la bóveda familiar del cementerio de General Rodríguez (donde una calle lleva su nombre). La conducción de “Mastellone Hermanos” recayó en su hijo Pascual que entonces tenía apenas 21 años, acababa de terminar el servicio militar y no imaginaba para sí un futuro como empresario.

Pascual Mastellone murió el 16 de agosto de 2014, a los 84 años. Había estado al frente de la conducción diaria de la empresa hasta 2013, cuando debió dar un paso al costado por problemas de salud

En una entrevista para LA NACION, Pascual Mastellone recordó el momento que tomó las riendas del negocio con la ayuda de su madre Teresa y de sus hermanos: “Cuando falleció papá yo tenía 21 años, hacía un mes que había salido del servicio militar. Y ahí empecé. Odiaba este trabajo. Vivíamos en General Rodríguez, en una casa alquilada”, dijo.

También confesó que, en esa época, su verdadero sueño era otro: “Quería ser chofer de camión, no quería nada más”.

Pascual Mastellone, que soñaba con ser camionero, asumió la dirección de

Bajo su liderazgo, la empresa dejó de ser sólo un emprendimiento familiar en crecimiento para entrar en una nueva etapa de modernización y expansión. El gran quiebre, según el propio Pascual, llegó en 1967, cuando La Serenísima se convirtió en la empresa que más leche vendía en la Argentina

Esta semana, a casi un siglo de la llegada de Antonino Mastellone a la Argentina, se anunció un movimiento que abre un nuevo capítulo en la historia de su empresa: el Grupo Arcor y la multinacional Danone avanzaron en un acuerdo estratégico para adquirir la mayoría accionaria de Mastellone Hermanos S.A., la compañía dueña de La Serenísima.

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