La Semana Santa, también conocida como la Semana Mayor, es considerada el periodo más sagrado e importante del calendario litúrgico cristiano, debido a que se conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Aunque esta celebración no cuenta con una fecha fija, en algunos países del mundo suele tener lugar entre finales de marzo y mediados de abril. Frente a esto, el Instituto Fe y Libertad (IFYL) explica que, por lo general, se determina a partir de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera del hemisferio norte.

Además, pese a su relevancia global, la conmemoración de estos días no es uniforme en todos lados. De hecho, mientras en numerosas regiones de Europa y América Latina el calendario se detiene por completo, existen rincones del planeta donde el carácter religioso de la festividad no tiene el mismo reconocimiento oficial.
En ese sentido, algunos medios religiosos sostienen que esta tradición se extiende por más de 120 países, siendo un pilar cultural y espiritual con herencia católica y cristiana que también convive con las tradiciones locales.

No obstante, naciones como Japón, Mongolia, Arabia Saudita, Irán, Uzbekistán o Somalia no incluyen estas fechas en su calendario oficial, ya que sus tradiciones predominantes son ajenas al cristianismo.
Por su parte, en América Latina la devoción alcanza su máxima expresión con el fervor que demuestran los feligreses de México, Colombia, Perú, Brasil, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Haití o Guatemala. Pero es precisamente en ese escenario de espiritualidad regional donde surge la gran excepción.
El país de América Latina que no celebra la Semana Santa
Se trata de Uruguay, el único país de la región donde la Semana Mayor no existe de manera oficial en el calendario, debido a que una ley promulgada en 1919 separó de forma estricta la Iglesia y el Estado, rebautizando este periodo como la Semana de Turismo.
Bajo este enfoque, estos días están destinados al esparcimiento, los viajes y la cultura laica, convirtiendo esta distinción en una curiosidad geográfica y política en un continente donde las creencias suelen ser la norma predominante.

Sin embargo, estas transformaciones también brindan un espacio para la población que se considera católica en la actualidad, con el respeto de quienes no profesan ninguna religión.
Así, mientras el resto del continente se sumerge en la tradición religiosa, Uruguay es un recordatorio de cómo la historia y la política moldean las costumbres de cada nación.



