Facundo Couto Icasati bajó del avión, respiró el aire inconfundible bonaerense y, junto al resto de los pasajeros, siguió el camino correspondiente hasta llegar a migraciones. Miró hacia la izquierda y hacia la derecha y, finalmente, optó por pararse en la fila de entrada de los extranjeros. Entre sus pertenencias llevaba un pasaporte argentino vencido hacía más de diez años, que decidió no mostrar. En cambio, al oficial de la ventanilla le mostró su pasaporte español, acompañado por su inconfundible aire argentino.
`¿Por qué ingresás por acá?´, le cuestionó la autoridad de migraciones al percatarse de que no era extranjero. Facundo le explicó entonces que hacía veintidós años que había partido de la Argentina y que había decidido volver, tras dieciséis años sin visitar el país. El oficial le extendió su pasaporte sellado, lo miró a los ojos, y le respondió: `Bienvenido a casa, Facundo´.
“Avancé con los ojos vidriosos y corrí al baño a secar mis lágrimas. Hoy en día, cada vez que recuerdo o comento ese momento, me pasa lo mismo. Es como un disparador de llanto que me quedó”, asegura Facundo.

¿Por qué irse?: “Dejé unos cuantos mensajes en contestadoras; el que le dejé a mi exnovia estuvo cargado de lágrimas”
Facundo estudiaba Ciencia Política en la UBA y los domingos se convertía en experto en buscar empleo en los clasificados. Los trabajos escaseaban y solo conseguía algunos temporales mediante agencias de contratación.
Cierto día, un suceso le clavó una espina que lo marcó en lo más profundo. Tenía que dar un examen y llamó a la agencia para pedir el horario a fin de poder rendir. Para su sorpresa, se lo negaron: “Eso me impactó”, rememora Facundo. “Si para poder trabajar tenía que dejar de estudiar, no tenía futuro en Argentina”.
Por aquellos tiempos, Argentina vivía convulsionada, y más allá de las luchas propias de Facundo, su familia atravesaba una crisis profunda y sin precedentes con la quiebra de la empresa familiar. Como consecuencia, pasaron de tener una calidad de vida alta a verse privados de todo lujo pasado.
Corría marzo de 2002 cuando Facundo decidió irse. Su padre lo ayudó con el pasaje y algo de efectivo y su madre tomó todo el asunto demasiado mal como para sumar optimismo a su decisión.
Llegó a Ezeiza con pocas pertenencias y un bolsillo lleno de monedas. Se dirigió a un teléfono público en la zona de embarque, cargó todas las monedas y comenzó a llamar para despedirse: “Dejé unos cuantos mensajes en contestadoras; el que le dejé a mi exnovia fue cargado de lágrimas. Y me fui…”
La España de la `pizza y champagne´, la caída y un nuevo rumbo en el paraíso mexicano: “Me fue bastante bien, salvo que no estoy hecho para vivir en una isla”
Para Facundo, llegar a España de principios de siglo fue como arribar a un lugar parecido a la Argentina de la “pizza y champagne”. Era como un país de nuevos ricos y lo que más le llamó la atención era que empleos de baja cualificación y mala paga en Argentina (mozos, trabajadores agrícolas, jardineros, plomeros, etc) otorgaban un buen nivel de vida, muy superior al de los argentinos: “Por lo que si tenía ganas y voluntad de hacer trabajo físico/ manual, sobraban las oportunidades”, asegura Facundo. “Al respecto somos muy competitivos, ya que los españoles son bastante cómodos, y en general, piensan más en cobrar el paro o ayudas del Estado que ponerse a trabajar de lo que sea”, agrega.
En España, Facundo comenzó su carrera de empresario emprendedor. En 2004 se lanzó a desarrollar su profesión en el área comercial de la ortodoncia. Siempre interesado en el área de la salud, se embarcó en un desafío complejo que no terminó bien, aunque sí cultivó amistad y camaradería con ortodoncistas de todo el mundo.
“En España, finalmente, me fundí por la combinación de una separación y posterior negocio en Cataluña. Tenía una distribución hospitalaria de material quirúrgico que no funcionó, ya que los hospitales me pagaban las facturas a seis meses o más y a mi proveedor le pagaba a treinta días”, revela.

Fue así que, tras más de quince años en España, Facundo decidió dar un giro drástico a su vida y, luego aceptar la dirección de uno de los más destacados beach clubs de Isla Mujeres, voló a México: “Me fue bastante bien, salvo que no estoy hecho para vivir en una isla. Al principio fue duro pasar de España a México. El contraste es muy grande, pero luego me adapté. Suena feo, pero debido a que considero que en México son muy clasistas, me fue favorable, ya que siendo blanco y de ojos claros te abren todas las puertas”, reflexiona al respecto.
Transformarse en un nómade: “Da igual dónde resida”
En 2017, Facundo había comenzado a incursionar en la promoción del desarrollo infantil en temas de ortodoncia, junto con la Dra. Sandra Kahn, ortodoncista mexicana que había conocido en España. Tras el impasse en Isla Mujeres en 2018, el argentino decidió regresar en 2019 al rubro de la salud, ahora enfocado únicamente en los más chicos.

Para entonces, ya se había transformado en un nómada que iba y venía entre México, Europa y Centroamérica, hasta que llegó la pandemia y se refugió en Ciudad de México, donde debido a su situación económica, le llevó dos años volver a arrancar. Finalmente, en julio de 2022, Facundo partió hacia Antigua Guatemala, y más tarde El Salvador.
“En el camino, siempre mis clientes fueron ortodoncistas y odontopediatras. En España entre 2004 y 2011 era el delegado comercial de una empresa de insumos médicos de Valencia que tiene clientes en todo el país, y me la pasaba viajando. Supongo que le agarré el gusto. A partir de 2019 volví a organizar eventos de formación, cursos y simposios con ortodoncistas y otorrinolaringólogos líderes de opinión”, cuenta Facundo.
“Al dejar Ciudad de México dejé un armario con libros y dispositivos médicos a la venta a cargo de una persona de confianza hasta el día de hoy. Cada vez que tengo una venta online, le envío la guía de courier y él se encarga de hacer los envíos. Lo mismo con los proveedores. Le hago llegar la mercadería y él se encarga. Por otro lado están los webinars con líderes de opinión, que como son todo online, da igual dónde resida”.
Bienvenido a casa
`Bienvenido a casa, Facundo´. Las palabras en Ezeiza quedaron marcadas a fuego en su corazón. Allí estaba, inesperadamente, de regreso. Después de una vida entera rotando por el mundo, Facundo sintió que el círculo se debía cerrar allí donde había comenzado. Y bajo el brazo traía una causa.
Hoy, mientras reflexiona sobre su vida, comprende que regresó por sus padres, en especial su papá, que atravesaba una situación delicada, pero que hubo algo más y muy potente: en medio de un tablero mundial que percibe fragmentado e inseguro, sintió el llamado de repatriarse.
“Comprendí que, a pesar de los desafíos, en Argentina está todo por hacer, y que no hay mejor lugar para construir que el país de mis afectos. También debo reconocer que me gusta el cambio político que se está dando en Argentina y confío mucho en que lo van a hacer bien”, dice Facundo, que afirma que esa mirada global fue la que le permitió unir los puntos para cocrear la Sociedad Médica de Rinoestomatología Pediátrica. Mientras tanto, los consultores de marketing lo llaman `traductor´, ya que desde 2004 es el que interpreta la visión de los líderes de opinión para crear servicios de formación continua.

“La sociedad integra servicios médicos de abordaje preventivo con tecnologías de vanguardia. No solo buscamos mejorar la respiración y el desarrollo facial de los niños para prevenir enfermedades crónicas y demás deficiencias durante el crecimiento, sino que lo hacemos apoyándonos en la inteligencia artificial para el análisis de datos y la blockchain para garantizar la transparencia total en nuestra gestión”.
“Mi misión es llevar a cabo la visión del Dr. Jesús Rangel, otorrinolaringólogo pediatra de México, y crear la subespecialidad de Rinoestomatología, dedicado a la promoción del desarrollo infantil, también junto a la Dra. Marisa Santos, directora de la maestría de Ortodoncia en la UBA, primera maestría en el mundo con tratamiento temprano, ya que por protocolo la ortodoncia es siempre a partir de los 7 años y ella atiende pacientes desde los 2 años, incluso bebés, ella también es odontopediatra y le preocupa mucho el desarrollo facial. No es un negocio, pero puede llegar a serlo. Lo que sí es desde el momento cero: una bomba de oxitocina. La buena onda y agradecimiento que recibo de mis clientes y gente interesada en el proyecto, no lo paga ninguna moneda existente”, dice emocionado.

“Hace poco descubrí un libro que enseña algo que aprendí de tanto andar y adaptarme: Triple Focus de Daniel Goleman, donde analiza el entorno educativo, dando prioridad al triple foco: en uno, en el otro y en el entorno. Es la tesis del libro y la base de mi capacidad para adaptarme, entender el entorno y lograr que las cosas sucedan con las personas adecuadas. Sé cómo abordar y llegar a quien quiera que me proponga. Y para ello, decidí que era hora de volver a casa”, concluye.
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