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Gonzalo Garcés: “La Biblia es la gran máquina narrativa de Occidente”

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“La Biblia es ambigüedad y misterio. Uno puede estudiarla durante treinta o cuarenta años, encontrar lo que parecen sus claves, dejar que esos relatos lo cambien a uno; y después olvidar todo y volver a leerla como el niño que uno habría debido ser, y no fue, cuando la leyó la primera vez”, sostiene el escritor Gonzalo Garcés (Buenos Aires, 1974) en Los relatos bíblicos. Las historias, las ideas y los personajes que formaron a Occidente (Paidós), guía de lectura de la Biblia desde una perspectiva contemporánea, laica y apasionada. Garcés, que no tuvo formación religiosa en la infancia, indaga en los aspectos históricos, políticos, sexuales y filosóficos del libro sagrado.

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Como autor de novelas y ensayos, en su lectura no está ausente el “sesgo estético” y tiende puentes con la Ilíada, el Quijote, el Facundo, Breaking Bad, El Padrino y Thelma y Louise.

“Quería compartir un asombro: descubrir que la Biblia es la gran máquina narrativa de Occidente -dice el autor a LA NACION-. Que de ahí salieron nuestras ideas sobre la ley, el deseo, el sacrificio, el poder y el futuro. Incluso los que se sienten emancipados de toda religión piensan, aman y discuten dentro de las coordenadas que esos relatos fijaron hace más de dos mil años. La Biblia no sobrevive por imposición ni solo por la fe, sino porque describe con una precisión brutal el funcionamiento de la mente humana. Es un laboratorio de experiencias morales y psicológicas que sigue en funcionamiento“.

El escritor y periodista Jorge Fernández Díaz, a cargo del ciclo radial Pensándolo bien, en el que Garcés colabora, le dijo que sus ideas sobre “el libro de los libros” debían pasar al papel. “Lo escribí en un año, pero hacía treinta y tantos que estudiaba los relatos bíblicos y seguía los hilos que los conectan con otras disciplinas”, cuenta.

En un ida y vuelta entre relatos bíblicos y modernos, la obra se divide en cinco partes. En “Las reglas del juego”, examina relatos como el de Adán y Eva, Caín y Abel o el Diluvio. “Ahí se plantea una dicotomía fundamental de la Biblia: de un lado eso que hoy llamamos narcisismo, del otro el sacrificio a futuro. El gran tema es el futuro, o más exactamente el llamado del futuro. Una manera de definir a Dios puede ser esa: es la suma de todos los potenciales no realizados”, afirma.

La segunda parte, “Historias de familia”, muestra a personajes emblemáticos como Abraham, Sara o Jacob, que responden a ese llamado del futuro. En “El nacimiento de la política”, la búsqueda asciende al plano colectivo y, en “Sexo y poder”, se exploran relatos como el de Judit o Sansón. La quinta y última, “Esperando la salvación”, abarca la era mesiánica y la vida y prédica de Jesús. El libro incluye reproducciones de obras de arte, escenas de películas y mapas antiguos.

-¿Cuál es tu relación con la religión y cómo esperás que sea recibido el libro por las personas creyentes?

-No tuve educación religiosa, nunca practiqué religión alguna. Me acerco a los relatos bíblicos, por decirlo de algún modo, como los monos de la película 2001, Odisea del espacio se acercaban al monolito negro: con el asombro reverencial que produce el misterio. Y el misterio es que en la Edad de Bronce, cuando otras culturas producían poemas o crónicas que hoy solo valen como documentos arqueológicos, los autores de la Biblia hayan compuesto relatos que atraviesan de lado a lado la psicología humana. Que funcionan como una llave maestra para entender por qué hacemos lo que hacemos, cuáles son nuestras alternativas, qué tan bajo o tan alto puede llegar un ser humano, y por qué caminos. Las personas religiosas que leyeron este libro y me hicieron llegar sus comentarios lo recibieron muy bien. Creo que tienen razón: ¿qué más da llegar a la Biblia desde la fe o desde el asombro ante la genialidad humana que la creó? Lo importante es llegar.

Me acerco a los relatos bíblicos, por decirlo de algún modo, como los monos de la película 2001, Odisea del espacio se acercaban al monolito negro: con el asombro reverencial que produce el misterio.

-¿De qué modo que no advertimos siguen vigentes los relatos bíblicos?

-De todos los modos posibles. La historia de Adán y Eva expone, en forma de drama, cómo salimos de la infancia los seres humanos. También el pasaje del enamoramiento a la vida de pareja. Caín y Abel revelan el núcleo íntimo de la violencia social. Moisés crea el Estado de Derecho. David protagoniza el primer gran thriller político. Sansón y Judit exploran el deseo cuando se vuelve destructivo. La historia de Jesús es también la de todo joven que quiere cambiar el mundo, y paga el precio.

-¿A quiénes está destinado o en qué público pensaste al escribirlo?

-En personas como yo mismo, no afiliadas a ninguna religión organizada, más bien escépticos, más bien individualistas, pero sensibles a la belleza, el misterio y la búsqueda de sentido.

-¿En qué sentido se parecen el nazismo y el wokismo, como sostenés?

-El punto en común aparece en la historia del Diluvio. Ahí Dios ve que la humanidad tiende a la maldad y decide exterminarla, salvo a un hombre bueno y a su familia: Noé. Es el sueño de la humanidad perfecta: el mismo que se manifiesta en el sueño nazi de la raza pura, el sueño marxista del hombre nuevo o el sueño woke de una humanidad libre de los pecados originales del patriarcado, el racismo y la explotación de la naturaleza. Pero el mismo Dios se da cuenta de que extirpar la maldad es imposible, y cambia de estrategia.

-¿Algunos de los líderes bíblicos que describís no se parecen a los actuales líderes populistas? ¿La Biblia es un antecedente de Maquiavelo?

-Sí, la Biblia puede entenderse como antecedente de Maquiavelo, que no era un perverso, sino solo un realista. En cuanto a los líderes del presente, Javier Milei se mira en el espejo de Moisés: le interesa el proyecto de largo plazo, es iracundo y habla muy mal. Falta ver si puede atravesar el desierto, o si se queda ahí.

Milei se mira en el espejo de Moisés: le interesa el proyecto de largo plazo, es iracundo y habla muy mal

-¿Dirías que la Biblia es un libro que los aspirantes a líderes deben conocer mejor? ¿Cómo ves la actitud de los políticos que “usan” la religión?

-Si hablamos de políticos que andan con citas bíblicas en los labios, como Elisa Carrió, no me interesa. Pero en la Biblia aparece la política tal como es, con lucidez absoluta. Con sus conspiraciones y sus traiciones, como en la historia de David; con sus visionarios y liberadores, como Moisés; con su arte de gobernar bien, que encarna José; con sus corruptos y violentos, como Ajab y Jezebel; con sus revolucionarios como Jesús. No solo pueden aprovechar ese conocimiento los aspirantes a líderes, sino también el resto de nosotros, los gobernados.

-¿Por qué decís que la creación del reino de Israel es una utopía libertaria?

-No el reino, sino la confederación de tribus que habitó en el futuro Israel hacia el siglo XI a.C. Es una utopía libertaria porque no tenían Estado ni autoridad central. Fue un acto de fe en la capacidad de cada uno para gobernarse solo con su conciencia y con la Ley, sin ningún aparato estatal coercitivo. Fue el primer experimento de esta clase en la historia humana, que terminó porque un sistema así era demasiado vulnerable a las agresiones externas.

-¿Cómo evaluás el apoyo del gobierno argentino a Israel? ¿Y aprobás las políticas del oficialismo en lo relativo a educación y cultura?

-El apoyo a Israel me parece moralmente y estratégicamente intachable. Israel está intentando desarmar a Irán, un régimen que mató a argentinos, que cometió actos de guerra contra nuestro país. Israel es todo lo valioso de Occidente: la democracia, el Estado de Derecho, la sacralidad de la persona, la libre discusión de ideas, la ciencia, el progreso material. Israel son los Diez Mandamientos, el Waze y los tomates cherry. La diferencia es que ellos saben lo que vale todo eso, porque viven bajo el ataque de regímenes que, si pudieran, instalarían ahí una teocracia medieval. En cuanto a la educación y la cultura, creo que a este gobierno simplemente no le interesan, no saben lo que son.

-¿Cuál es el papel de las mujeres en la Biblia?

-Hablemos de individuos. Sara es una mujer curtida, pionera, irónica, que se ríe literalmente de Dios: el perfecto contrapeso para la fe a veces demasiado absoluta de Abraham. Ester es una política fina, que maneja como nadie el soft power. Rebeca es una manipuladora peligrosa, pero lúcida. Judit protagoniza la operación comando más brillante de la Antigüedad. Hay muchas otras.

-¿Qué importancia tienen los valores judeocristianos hoy, después de un tiempo de ser desacreditados por el psicoanálisis y la “izquierda nietzscheana”?

-En parte siguen bajo otros nombres: el Estado de derecho, los derechos humanos, la idea de progreso, la pasión occidental por la psicología y el universo. Lo que el psicoanálisis y cierta izquierda posmoderna contribuyeron a erosionar en gran medida es el sentido. Y en esto creo que tiene razón Viktor Frankl: los seres humanos no están hechos para la satisfacción, sino para la búsqueda de sentido. Frankl desdeñaba el afán freudiano por escarbar el pasado que supuestamente nos determina; creía que la salud mental consiste en vislumbrar un proyecto, sea cual fuere, y dedicarle tu vida.

-¿La lectura de la Biblia influyó en tu escritura y en tu modo de percibir el mundo?

-Absolutamente. Todos los relatos del mundo, modernos y antiguos; todos los dramas, todas las buenas películas y series de televisión tienden a encajar con diferentes aspectos de los relatos bíblicos porque estos son formas concentradas de conocimiento sobre la naturaleza humana.

-¿Cuál es el aporte de estos relatos a la construcción de la ética?

-Los relatos bíblicos plantean dos modos posibles de vivir. Uno es para sí mismo y para el presente: es el modo narcisista. El otro es para el futuro y para lo que trasciende los límites de la propia persona. Lo que hacen estos relatos es problematizar y mostrar todas las derivaciones de esta dicotomía. Esa es la raíz de su ética.

-¿Por qué le dedicás tan poco espacio al Nuevo Testamento?

-No es que yo le dedique poco espacio, es que el Nuevo Testamento es muchísimo más breve que la Biblia hebrea. Por otro lado, no soy de los que establecen un corte radical entre los dos. Jesús dijo: “No he venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento”. Su figura es incomprensible sin el judaísmo. Creo que hay que leerlo como un todo.

-¿Cómo avanza el Proyecto Cyrano que coordinás en la Alianza Francesa?

-Superó todas mis expectativas en cuanto a repercusión y participantes. Es un ciclo cultural que propone discutir los temas más interesantes que puedo imaginar, con la participación de artistas y pensadores relevantes de la actualidad. En marzo hablamos de occidente y las religiones; contamos con las voces de Diana Sperling, el director de la revista Charlie Hebdo, Gérard Biard; el filósofo cristiano Rémi Brague y Michel Houellebecq. En abril vamos a hablar de la psicología de las relaciones amorosas, con invitados muy importantes.

-¿Vas a presentar Los relatos bíblicos en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires?

-Será el domingo 10 de mayo, junto a Luis Novaresio. Todos invitados.

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