En medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre el mercado global de fertilizantes, las empresas del sector coinciden en que, pese a las fuertes subas de precios, en el corto plazo no se observarán problemas de abastecimiento en la Argentina. Según describieron a LA NACION fuentes de compañías multinacionales, hoy existe stock suficiente para cubrir entre 30 y 60 días y permitir el arranque de la campaña de trigo sin sobresaltos, en parte sostenido por la producción local. Sin embargo, el foco empieza a desplazarse hacia los próximos meses, cuando el mercado —que cubre solo una parte de sus necesidades con producción interna, como con la urea de Profertil que abastece el 60%— deberá apoyarse más en importaciones en un contexto internacional más incierto.
En paralelo, los precios ya registraron aumentos significativos —con subas de hasta el 50% en la urea a nivel internacional—, que se trasladan de manera gradual al mercado local, mientras la demanda se mantiene más lenta que en otros episodios de conflicto, sin un adelantamiento marcado de compras por parte de los productores.
“Para el abastecimiento, hasta el momento, no estamos viendo problemas. Hay productos en stock como para atender el corto plazo”, señalaron desde una empresa proveedora de fertilizantes. Pero en la misma línea aclararon que esa situación tiene un límite temporal: “Posteriormente vamos a necesitar ir importando para cubrir la demanda de la fina”.
Ese pasaje del corto al mediano plazo aparece como uno de los puntos centrales. El mercado local de urea —que ronda las 2.200.000 toneladas— se abastece solo en parte con producción interna, mientras que el resto depende del exterior. “De acá hasta el segundo semestre, con el carry y la producción interna, parecería que estaríamos cubiertos. La gran duda se plantea para el segundo semestre”, explicó Diego Napolitano, presidente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroquímicos, Semillas y Afines Bonaerense (Cedasaba). A la vez, señaló que, en un contexto habitual, los importadores ya estarían cerrando operaciones, pero hoy ese proceso viene más lento.

En esa misma línea, desde otra empresa del sector describieron un comportamiento distinto al de otros momentos de tensión: la demanda se mantiene más pausada y muchos productores todavía no tomaron posición. Esa dinámica, señalaron, empieza a generar inquietud en la cadena comercial, no tanto por la oferta actual sino por cómo se distribuirán las compras más adelante.
Mientras tanto, el impacto más visible ya se da en los precios. En el caso de la urea, las subas alcanzan el 50%, mientras que en los fosfatados se ubican entre el 15% y el 20%. “En urea ya estamos más o menos en ese nivel”, indicaron desde una de las compañías consultadas. En términos concretos, el fertilizante pasó de valores cercanos a US$490 por tonelada a unos US$665 a nivel internacional, mientras que en la Argentina ronda los US$850.
Parte de esa dinámica se explica por cambios en la logística y los costos globales. Armando Allinghi, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa), detalló que se registraron subas de hasta 70% en los fletes, menor disponibilidad de buques y mayores costos asociados a las rutas comerciales. Además, remarcó que la Argentina mantiene una fuerte dependencia de la región del Golfo para abastecerse de urea: cerca del 37% de las importaciones provienen de allí.
A ese cuadro se suma un factor clave en la logística global. Jeremías Battistoni, analista de granos de AZ Group, señaló que por el Estrecho de Ormuz —uno de los principales puntos de paso del comercio energético— transita el 34% de las exportaciones globales de urea y el 12% de las de fosfato monoamónico (MAP), lo que refuerza la sensibilidad del mercado ante cualquier disrupción en la región.
Según explicó, ese impacto no se limita a los fertilizantes: también alcanza el suministro energético. “El gas en Europa ha subido un 60% en el último mes, lo que se suma al encarecimiento de los fletes marítimos y termina impactando en toda la cadena”, indicó. Advirtió que, más allá de la disponibilidad actual, el principal efecto ya se observa en la ecuación económica del productor. “Hoy se puede comprar entre un 30% y un 50% menos de urea [con el grano] que en el promedio de los últimos tres años, con un impacto especialmente marcado en el trigo”, señaló.
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En ese sentido, aportó una dimensión global del mercado: la producción mundial de urea ronda las 200 millones de toneladas, de las cuales aproximadamente el 28% se comercializa internacionalmente, es decir, unas 54 millones de toneladas por año. Dentro de ese esquema, la región del Golfo Árabe concentra cerca del 50% de las exportaciones mundiales.
En el caso argentino, esa dependencia es estructural. Durante 2025 el país importó alrededor de 1,4 millones de toneladas de urea, de las cuales cerca de 500.000 toneladas provinieron del Golfo. “Históricamente ese porcentaje se mueve entre el 30% y el 40%”, explicó Allinghi.
Según describió, aunque hoy no hay faltantes, cualquier interrupción logística, suba de costos o restricción comercial impacta de manera casi inmediata en los precios internos.

Ese impacto no se limita a la urea. De acuerdo con el ejecutivo, se observó una suba generalizada de entre 20% y 30% en distintas moléculas, incluyendo fertilizantes fosfatados y también insumos como fitosanitarios, todos atravesados por el mismo factor: el costo de la energía y la logística.
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En fosfatados, el escenario también sumó complejidad. Si bien la producción está más diversificada —con China, Marruecos, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos como principales jugadores—, cerca del 20% del fósforo comercializado globalmente transita por la región afectada, lo que refuerza su importancia estratégica. A eso se agregan restricciones en la oferta: China ya venía limitando exportaciones y recientemente profundizó las trabas, mientras que el conflicto entre Rusia y Ucrania también afecta la producción en esa región.
Frente a este panorama, algunas compañías empezaron a sugerir una estrategia más anticipada. En diálogo con LA NACION manifestaron: “Estamos recomendando cubrir al menos una parte de las necesidades para la campaña”. Aconsejaron esto no solo por el nivel de precios, sino para asegurarse la disponibilidad en el momento de uso.



