“Toda mi vida quise ser actriz. Fueron años de estudio y audiciones sin conseguir trabajo. Sé lo que es eso. Y para todos aquellos que tienen dificultades y se sienten invisibilizados, quiero decirles que sigan avanzando porque solo están a un trabajo de distancia. Lo prometo”, fueron las palabras de Jessica Chastain cuando subió al atril tras ganar el premio SAG. Podría parecer un discurso ensayado —probablemente lo fue—, pero, al mismo tiempo, reflejó lo que tuvo que atravesar para convertirse en una de las actrices más consagradas de su generación, dueña del respeto de la industria, algo que vale más que cualquier premio (aunque en su caso igualmente hay un Oscar que decora algún rincón de su casa).
Para ella, llegar a Hollywood no fue fácil. Creció en una familia con problemas económicos y a los 23 años debió hacerle frente a una dura pérdida que definió para siempre su personalidad. El dolor fue su motor para seguir: aprovechó una oportunidad única que le dio una estrella del cine, alzó la voz por las mujeres tanto en la pantalla como en la vida real, usó su fama para concientizar sobre la salud mental y se inscribió en Harvard para “incomodar” a los políticos. Y todo eso con 49 años, que cumple este 24 de marzo de 2026.

La pérdida que la transformó para siempre
“Nunca hablo de este tema y no puedo creer que voy a hacerlo ahora. Sé que mi publicista me va a decir ‘¿qué estás haciendo?’, pero lo tengo que decir: mi hermana se suicidó. Eso es parte de mi historia”, expresó Chastain en 2014. “El suicidio es un tema muy importante para mí y si puedo hacer algo para ayudar a una persona a salir de la oscuridad, lo voy a hacer. Quisiera que en la escuela se hable con los chicos de lo fundamental que es expresar los sentimientos y no guardárselos”, remarcó. Y su intención no quedó solo en el relato, sino también en acciones. Además de pronunciarse ocasionalmente sobre la tragedia, asumió un activo rol en To Write Love on Her Arms, una organización sin fines de lucro que ayuda a personas que sufren depresión, adicciones, autolesiones y tendencias suicidas.

La muerte de Juliet, ocurrida en 2003, la cambió por completo como persona. Restableció sus prioridades y puso la energía en lo realmente importante, lo cual no era ni un Oscar ni un vestido y mucho menos lo que la gente pensara de ella. En 2025, cuando recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, la mencionó en su discurso y concientizó sobre la importancia de pedir y dar ayuda: “Mi hermana sufrió problemas de salud mental. Ya no está con nosotros y no comparto esto por simpatía; lo hago porque el silencio no sana, el amor y el reconocimiento sí. Si trabajo tan fervientemente para que otros sean vistos, es porque sé lo que se siente ser invisible y conozco el costo de que el dolor no sea visibilizado. Mi trabajo es una promesa para ella y para cualquier persona que necesite alguien que le diga: ‘Estoy acá y te escucho’”.
El actor de Hollywood que, sin conocerla, le cambió la vida
Cuando Jessica era niña, solía comer galletitas saladas con un vaso de agua. Ella misma dijo que era un “permitido” que les daba su madre, que tuvo su primer hijo con solo 17 años, pero en realidad, muchas veces, era lo único que tenían disponible. La situación en su casa era delicada, compleja y estresante: el dinero escaseaba, eran muchas bocas para alimentar de las que solamente su madre se hacía cargo, y toda la atención y preocupación estaban puestas en la salud de Juliet. Fue en ese contexto en el que, sin que nadie lo notara, dejó la escuela secundaria. “Cuando no me gradué, nadie se dio cuenta. Ni siquiera hablamos de si iríamos a la graduación, ni nada”, contó en una nota con The Guardian. Su refugio lo encontró en la lectura de William Shakespeare y fue así como decidió ser actriz —y de hecho interpretó más de una vez el papel protagónico en Romeo y Julieta, su texto favorito—. Aunque su familia nunca se lo impidió, reconoció que seguramente “hubieran preferido que me enamorara de la odontología”.

Se inscribió en Juilliard, una de las universidades de arte más prestigiosas del mundo con sede en Nueva York, pero su experiencia académica llegó a correr peligro por sus altos costos. Sin embargo, antes de que abandonara su sueño, llegó al rescate un exalumno de la institución: Robin Williams. Durante sus dos últimos años, fue beneficiaria de una beca financiada por el actor, que le cubrió la educación, el hospedaje, la comida y hasta el pasaje para poder pasar Navidad en casa con su familia.
Esta oportunidad le cambió la vida. Cada año le escribía una nota de agradecimiento al actor, pero nunca pudo decírselo personalmente. “Siempre pensé que de alguna manera tendría la oportunidad de devolverle el favor. Fue muy extraño no haberlo conocido nunca”, reflexionó en diálogo con InStyle. Aunque, una vez, casi lo logra. Lo encontró en un restaurante, pero era tímida y no quería molestarlo. Decidió que se acercaría cuando el actor terminara de comer, pero en un momento inesperadamente abandonó el lugar. “Me levanté y quise correr, pero paré porque no quería quedar como una acosadora. Y siempre me arrepiento porque no tuve la oportunidad de agradecerle en persona lo que hizo por mí. Por eso le digo a la gente que si me ven en público y quieren saludarme, que por favor lo hagan. Es muy importante para mí y es algo que desearía haber hecho”, admitió en The View.

El protagonista de Patch Adams falleció el 11 de agosto de 2014 a los 63 años. Lo habían diagnosticado con Parkinson, enfermedad que lo sumió en una depresión que lo llevó a quitarse la vida, pero la autopsia reveló que lo mal diagnosticaron y que en realidad sufría demencia con cuerpos de Lewy (LBD). “Lo que me resulta tan devastador es que siento que todavía existe un estigma en este mundo en torno a la depresión. Y si son realmente honestos al respecto, la mayoría de los grandes artistas tienen —o pueden tener— personalidades depresivas, y pueden experimentar momentos de gran euforia y de profunda tristeza. Sin embargo, algunos no les dan la libertad de expresarlo y hablar de eso como algo que les sucede a ellos y no a un personaje. Y espero que su muerte comience a cambiar el diálogo, porque mucha gente decía: ‘Lo estamos culpando a él, a Robin Williams, de su suicidio’. Es el lado oscuro de la cultura de la fama que refleja una actitud más generalizada. Para mí, eso demuestra que aún nos queda mucho camino por recorrer”, sostuvo Chastain tras la muerte del actor.
Un Oscar, un máster en Harvard y una estrella en el Paseo de la Fama
La californiana comenzó su carrera actoral en 2004 con participaciones especiales en las series ER Emergencias (ER) y Verónica Mars. En 2008 debutó en cine con Jolene y en 2011 tuvo un momento bisagra: coprotagonizó El árbol de la vida (The Tree of Life) con Brad Pitt y Sean Penn, y estrenó Historias cruzadas (The Help), uno de los proyectos más importantes de su vida, que le valió su primera nominación al Oscar como actriz de reparto. Al año siguiente dio una sobresaliente actuación en La noche más oscura (Zero Dark Thirty), donde interpretó a una agente de la CIA encargada de encontrar a Osama bin Laden. Ganó el Globo de Oro y consiguió su segunda nominación a los premios de la Academia.
Pero, como dice el dicho, la tercera fue la vencida. En 2021 se puso en la piel de Tammy Faye Bakker en Los ojos de Tammy Faye (The Eyes of Tammy Faye), dirigida por Michael Showalter y coprotagonizada con Andrew Garfield. La producción cuenta la historia de una excéntrica líder televangelista de la década del ochenta que se convirtió en una celebridad de los Estados Unidos, pero terminó condenada mediáticamente por las estafas y engaños que orquestó junto a su marido, el pastor James Bakker. Por esta cinta ganó su primer Oscar a actriz principal.

Tras recibir el premio de manos de Anthony Hopkins, dio un poderoso discurso: “En estos momentos difíciles, marcados por el trauma y el aislamiento, muchas personas se sienten desesperanzadas y solas. El suicidio es una de las principales causas de muerte en los Estados Unidos. Afectó a muchas familias, a la mía, y especialmente a los miembros de la comunidad LGBTQ+, quienes a menudo se sienten excluidos. Nos enfrentamos a leyes discriminatorias e intolerantes que se extienden por todo el país con el único objetivo de dividirnos aún más. (…) En momentos como este, pienso en Tammy y sus actos radicales de amor. La veo como un principio rector que nos impulsa hacia adelante y nos conecta con el deseo de ser aceptados por quienes somos y de vivir una vida sin miedo al amor ni al terror. Y para cualquiera que se sienta desesperanzado o solo, quiero que sepa que es amado incondicionalmente por la singularidad que lo hace único”.
Chastain se propuso alzar la voz tanto frente a las cámaras como detrás de ellas. Durante mucho tiempo dudó de sus capacidades y pensó que no era lo suficientemente inteligente como para ir a la universidad, pero terminó por convertirse en la primera integrante de su familia en hacerlo. Tras recibir un doctorado honorario en Juilliard, su alma máter, comenzó un máster en Administración Pública en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de Harvard. Desde el 2025, cursa con personas de todo el mundo y tiene en claro que su deseo no es trabajar dentro de la política, sino cuestionarla.

¿Cómo es ser actriz en Harvard? Además de algunas selfies, una vez una compañera de la India le preguntó si estuvo en alguna película que ella pudiera haber visto. “¿Te gusta la ciencia ficción? Estuve en una película llamada Interestelar (Interstellar). Me miró y me dijo: ‘¡Es mi película favorita!’”, contó en Late Night with Seth Meyers (NBC). Dos opciones: o no la reconoció por la buena caracterización, o nunca vio el trabajo de Christopher Nolan de principio a fin.

Aunque está extremadamente comprometida con su educación, en la balanza, la actuación pesa más. El 4 de septiembre de 2025 debió ausentarse de una clase para ser la protagonista de su propio homenaje. Recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, su último gran reconocimiento (hasta el momento). Estuvo acompañada de su esposo Gian Luca Passi de Preposulo y de sus dos hijos, Giulietta y Augustus. Allí contó con dos oradores de lujo: su mentor Al Pacino, coprotagonista y director en la película Salomé de 2013, quien admitió que solo treinta segundos de su audición le bastaron para preguntarse: “¿Estoy soñando?”, porque no podía creer lo que estaba viendo, y Viola Davis, su compañera en Historias cruzadas, quien le dijo que realmente “entendía la tarea de ser una artista”.


