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La crisis de identidad del gobierno anticasta

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Un vocero que no puede hablar es un juguete roto. Al negarse a explicar la mejora de su tren de vida desde que es funcionario, Manuel Adorni queda despojado de su razón de ser. Su meteórica carrera -de apenas un tuitero a jefe de Gabinete en dos años- se apalancó en las prestaciones que ofrecía delante de cámara. Nadie como él fue capaz de encarnar el otro yo de los hermanos Milei. Esa virtud le ofrece en su mala hora un blindaje político extraordinario, pero a su vez empuja al Gobierno a una crisis de identidad de la que le costará salir con el simple paso del tiempo.

El caso Adorni alumbra con datos simples una contradicción principal del relato libertario. Milei le propuso a la sociedad argentina un pacto tácito que tiene dos componentes entrelazados. El primero consistió en un pedido de sacrificio a cambio de estabilidad económica. El segundo, en la promesa de desplazar del poder a una “casta corrupta” que arrastró al país a la decadencia y poner en su lugar a gente de bien que no venía a servirse del Estado.

Las vacaciones all inclusive y las nuevas casas de Adorni instalan una duda tóxica. ¿Los que entraron al servicio público para terminar con los privilegiados no estarán desarrollando, en tiempo récord, su propio régimen de excepciones? La acumulación de episodios configura la apariencia de un patrón: el caso $LIBRA y los indicios de un plan para monetizar la investidura presidencial, los negocios con droguerías a costa de los fondos para el área de Discapacidad, los créditos hipotecarios en condiciones beneficiosas del Banco Nación que consiguieron funcionarios y militantes de La Libertad Avanza (LLA).

Los escándalos no se suceden en el vacío, sino en un momento bisagra del plan económico. El proceso de desinflación se ha estancado y la lentitud en la dinámica de crecimiento exaspera al ministro de Economía, Luis Caputo, que no lo disimula ni en sus presentaciones ante empresarios e inversores.

El abrazo entre Javier Milei y Manuel Adorni en el acto por los 44 años de la guerra de Malvinas

La reacción oficial ha sido no reaccionar. Karina Milei ordenó sostener a Adorni y subvirtió la lógica del fusible: es el Gobierno el que blinda al vocero y no al revés. Aquellos que suponían la necesidad de un recambio se plegaron al saludable silencio. La regla quedó clara. A ojos de los hermanos, el primero que sugiera cambiar al jefe de Gabinete es el traidor.

El conflicto se estira sin fin a la vista. Adorni prometió puertas adentro que se iban a ir derrumbando las sospechas, pero cada día aparece un dato nuevo que interpela su afirmación inicial de que todo su patrimonio lo construyó en la “vida privada” y el quejido de que no para de solventar gastos de la función pública con su dinero personal.

Lo que se supo desde el día en que la prensa descubrió que su esposa, Bettina Angeletti, subió al avión presidencial camino a Estados Unidos exhibe un proceso de enriquecimiento iniciado en el momento en que entró a formar parte del gobierno libertario. La Justicia investiga si esa mejora fue lícita o no.

Adorni se compró una camioneta Jeep Compass negra modelo 2021 en marzo de 2024, tres meses después de asumir como vocero presidencial (sin vender su auto anterior, un Renault Captur). Al poco tiempo tomó un crédito por cerca de 40.000 dólares con una comisaria retirada de la Policía Federal, que anotó en su declaración jurada. En noviembre de aquel año su esposa registró una casa en el country Indio Cua Golf Club, de Exaltación de la Cruz. A finales de 2025, cuando ya era jefe de Gabinete, compró un departamento en Caballito de 200 metros y cochera. Lo escrituró a 230.000 dólares, de los cuales 200.000 salieron de una hipoteca con las dos mujeres de 72 y 64 años que se lo vendieron.

Custodia policial frente al departamento de Adorni en CaballitoLos documentos que registran la hipoteca privada con la que Adorni compró su departamento

En febrero pasado viajó a Punta del Este por un fin de semana largo en avión privado. El vuelo lo pagó su amigo Marcelo Grandio, que tenía no uno sino tres programas en la televisión pública que administra Adorni. Ahora la Justicia pone la mira en otras vacaciones de diciembre de 2024-enero 2025, justo después de comprar la casa del country, a un all inclusive en la isla caribeña de Aruba. Adorni había informado en aquel momento que se iba al exterior, pero dijo que el Presidente había ordenado que él y los ministros eligieran “lugares razonables y austeros”.

El desafío del jefe de Gabinete consiste ahora en demostrar que costeó esos gastos e inversiones con un sueldo que sumaba unos 30.000 dólares anuales, casi sin ahorros previos (según lo que declaró ante la Oficina Anticorrupción) y con su esposa inscripta en el monotributo hasta octubre de 2025. El fiscal Gerardo Pollicita acumula documentos y testimonios antes de definir si lo cita a justificar sus bienes.

Una batalla tras otra

Frente al apoyo pétreo de los hermanos, el debate en el Gobierno pasa por la conveniencia de insistir con la decisión de no dar explicaciones públicas sobre el patrimonio. Hay quienes piensan que Adorni es ya “un costo hundido” y mientras se hable de él queda en segundo plano el reverdecer del caso $LIBRA producto del peritaje sobre el teléfono de Mauricio Novelli, el lobista amigo de Milei que ideó la criptomoneda del escándalo. Pero las encuestas de imagen muestran, sin excepciones, que el caso del jefe de Gabinete ahonda el malestar social que empezó a crecer en el verano a raíz del deterioro de la situación económica.

Al no resolver la crisis –y ni siquiera intentarlo- Milei deja un vaso lleno que puede desbordar ante la siguiente gota.

Otro frente se abrió con la publicación de los créditos hipotecarios del Banco Nación otorgados a funcionarios que militan por el achicamiento del Estado. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, le pidió el viernes la renuncia a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, que estaba en la lista de beneficiados.

La decisión pareció marcar un contraste que descolocó a sus compañeros de Gabinete. ¿Aplicó “tolerancia cero” ante la sospecha, como había hecho a principios de la gestión cuando echó a una subsecretaria por comprar una cafetera para la oficina? La medida no se extendió a los demás ministerios –en particular el de Economía- con altos cargos beneficiados por los créditos del Nación. Asomó, así, la falta de una vara ética uniforme en la administración libertaria.

Milei intervino para frenar el ruido interno. Anunció en redes que la remoción de Massaccesi no tenía nada que ver con los créditos hipotecarios y acusó al periodismo de mentir a sabiendas.

La rutina del poder contagia a los soldados mileístas de una condición repetida entre los que han ocupado posiciones similares en los últimos gobiernos argentinos. Con responsabilidades a menudo abrumadoras y sueldos bajos –como respuesta al desprestigio de la política- los funcionarios perciben que el Estado tiene una deuda con ellos. Sienten que se están “deslomando” cuando viajan a una gira internacional. O se fastidian cuando tienen que refutar argumentos que consideran inválidos, como le pasó al ministro Caputo esta semana en la Bolsa de Comercio de Rosario. Dijo que le gustaría “cagar a patadas en el culo” a los que cuestionan el nivel actual del tipo de cambio, porque él trabaja 16 horas por día y no puede perder el tiempo con explicaciones. Se cuidó, eso sí, de aclarar que Milei trabaja 18.

El ministro de Economía, Luis Caputo, en su discurso en la Bolsa de Comercio de Rosario

Esa sensación de injusticia suele conformar una burbuja en la que las exigencias de transparencia se interpretan como una agresión o directamente una conspiración enemiga. Es la trampa en la que se retuerce Adorni.

La ensalada rusa

Al Presidente lo incomoda luchar desde las cuerdas. Necesita pasar al ataque, encontrar el golpe certero que vuelva a ponerlo en el centro del ring, en dominio de la conversación pública. Lo intentó hace una semana cuando la Justicia de Estados Unidos falló en favor de la posición argentina en el juicio sobre la estatización de YPF. Duró hasta la siguiente noticia de las escrituras de Adorni.

El Jueves Santo encontró otra ocasión de intervenir cuando un consorcio internacional de periodistas reveló que agentes de la Federación Rusa pagaron a medios argentinos por publicar notas críticas a Milei con la finalidad de debilitar el apoyo de su gobierno al líder ucraniano Volodomir Zelensky.

Milei consideró que es un acto “de una gravedad institucional pocas veces vista en la historia” y desempolvó en las redes sociales el eslogan “no odiamos lo suficiente a los periodistas” (NOLSALP, en su jerga). “La gran mayoría son mentirosos, corruptos y traidores a la patria por intentar un golpe”, escribió este sábado.

Uno de los muchos tuits de Milei contra el periodismo en los últimos días, con la sigla NOLSALP (

Fiel a su método, usó los actos de un grupo minoritario y hasta marginal para acusar de conductas reprochables a toda la profesión.

El argumento se desmiente solo: el Gobierno y la opinión pública se enteraron de la maniobra de desinformación a partir de un riguroso trabajo periodístico, que en la Argentina lideró Santiago O’Donnell. Además, la noticia fue reproducida por la gran mayoría de los medios a los que Milei suele acusar de “operar” en contra de él.

Al deslegitimar al mensajero evita responder a los temas incómodos. No hay corrupción en la Casa Rosada, sino en el periodismo que investiga, parece decir en sus tuits.

Las revelaciones de la trama rusa no tienen nada que ver con $LIBRA, con Adorni, con el caso Andis o las penurias actuales de la economía, como la caída del empleo. Se trata de manipulaciones informativas vinculadas a intereses bélicos del régimen de Vladimir Putin, con el que el gobierno libertario, por cierto, mantiene intactas sus relaciones.

Milei incluso tiene un vínculo de máxima intensidad con el líder europeo que más se ha valido de las operaciones de desinformación que financia el Kremlin, el húngaro Viktor Orbán. Viene de visitarlo en Budapest y de cubrirlo de elogios.

Javier Milei y Viktor Orbán, en Budapest

El señalamiento de enemigos, reales o imaginarios, sirve para abroquelar a los propios. Da sustento a la orden estricta de proteger a Adorni.

Karina Milei envía con su apoyo un mensaje hacia dentro del oficialismo: no hay fisuras ni especulaciones cuando queda en la mira uno de los leales. Ya lo hizo con Eduardo “Lule” Menem cuando Diego Spagnuolo lo mencionó como supuesto gestor de las coimas en el área de Discapacidad en los famosos audios que se hicieron virales. Hay una diferencia con Adorni: el funcionario riojano es un desconocido para el gran público que puede pasearse por las calles de su barrio sin que un solo vecino lo mire con curiosidad. Su trabajo está en las sombras del poder, no en la vidriera de la opinión pública, como ocurre con el actual jefe de Gabinete.

La hermana del Presidente le ha hecho sentir el frío de su desconfianza a aquellos que se benefician con el mal momento de Adorni, como la senadora Patricia Bullrich, aspirante igual que él a la candidatura porteña de LLAA en 2027. No la invitó al acto de Malvinas del jueves pasado y se sacó una foto sugerente con la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, a quien el karinismo despega de la influencia de Bullrich.

Karina Milei se reunió el Jueves Santo con la ministra Alejandra Monteoliva

Ha pausado de momento la ofensiva contra Santiago Caputo, a quien en estos días encapsula en el único lugar que ella quisiera que ocupe: el de asesor de comunicación política.

El riesgo que asumen los Milei al afrontar el conflicto así, sin dar explicaciones ni ofrecer cambios, es que el impacto en las encuestas cierre la ventana de cooperación con los aliados que le han permitido sacar durante el verano la reforma laboral y otras iniciativas relevantes. Esta semana tendrán una prueba con el debate de la ley de glaciares en la Cámara de Diputados.

“No nos van a doblegar”, es el mensaje que baja desde la cúpula libertaria. Defender a Adorni se ha vuelto un dogma. Al menos hasta la próxima revelación.

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