La conversación sobre inteligencia artificial y empleo suele comenzar por una pregunta simplista (¿la IA nos dejará a todos sin trabajo?) que muchas veces intenta responderse en forma hiperbólica o tremendista: El apocalipsis del empleo y sus variantes sobre las profesiones, los trabajadores de cuello blanco, las tareas administrativas…
La inquietud es genuina aunque algo tramposa pero es cierto que el debate hoy mismo, esta semana, involucra a los CEO de las principales empresas del sector: Dario Amodei de Anthropic/Claude publicó un largo paper manifiesto con su visión, el inversor Marc Andressen le dedicó dos publicaciones de análisis y, más cerca, Marcos Galperin y Martín Migoya tomaron postura pública al respecto, y el mediático Mario Pergolini dio su visión vinculada a la formación de futuros empleados y la tarea del “programador” de software. En la incertidumbre radical que rodea al tema se confunden las posibilidades que abre la tecnología de sistematizar y procesar información a escala, las oportunidades de eficiencia que se abren a las empresas, la empleabilidad presente y futura para los ingresantes al mercado laboral y las habilidades profesionales más útiles. La conversación, más allá de gurúes, está abierta para los especialistas en el tema.
Para profundizar, vale la pena separar puesto, “empleo” (job), “trabajo” (work) y habilidades necesarias (“skills”). Trabajo, tareas y habilidades siempre hubo. Lo que no hubo siempre —y de hecho es bastante reciente— es empleo: ese empaquetado moderno que combina función, horario, salario, función, horario, jerarquía dentro de una organización, carrera, estudios previos… Tal vez lo que esta ola tecnológica rompe no sea el trabajo en sí, sino esa forma específica de organizarlo. Vale recordar: la Organización Mundial del Trabajo se creo entre empresarios, obreros y Estados, en 1919, como parte de la primera posguerra mundial.
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El especialista Rishad Tobaccowala, autor del libro Repensando el trabajo, lo postuló ante especialistas en gestión de capital humano en Las Vegas: “El trabajo y el empleo se están desvinculando”. Su análisis describe un momento en el que la productividad aumenta por las nuevas herramientas pero su impacto no es claro medido en nómina o cantidad de empleados de manera lineal. “Que haya menos puestos de trabajo a tiempo completo no significa que haya menos trabajo en general ni menos oportunidades laborales”.
“¿Cómo saber si tu empleo existirá dentro de cinco años?” preguntaba de manera provocativa un texto reciente publicado en The Atlantic. E incorporaba otro elemento histórico desde la experiencia de la Revolución Industrial: seras carbon, un insumo cuya demanda se multiplicó por las fábricas, o caballo, que cayó en desuso por la llegada del automóvil? Nuevamente, el foco está en las tareas que se realizan y las habilidades necesarias.
Los pronósticos prematuros buscan sacar conclusiones a diez años sobre qué tareas serán más demandadas y cuales se volverán obsoletas. Como si fuera un resultado deportivo, cada uno busca cómo quedó su equipo en la tabla de posiciones. El poderoso inversor Marc Andressen trata de desafiar el pesimismo agorero con su advertencia en dos textos titulados Por que la IA no causará desempleo: seguramente se destruyan empleos pero se crearán nuevas oportunidades. Amodei de la empresa propietaria de la aplicación IA del momento, Claude, es más disruptivo: “El 50% de los ingresantes a los puestos de oficina están cuestionados en los próximos uno a cinco años”.
Hagamos historia. Antes de la empresa moderna, la mayoría de las personas trabajaba, pero no necesariamente tenía un empleo en el sentido contemporáneo del término. Había oficios, encargos, tareas estacionales, trabajo familiar, talleres, changas, “economías informales”. Lo que la Revolución Industrial y luego la gran corporación del siglo XX consolidaron no fue simplemente “trabajo”, sino una manera muy particular de comprarlo y venderlo: el puesto. Una unidad estable durante más de cien años que combinaba tareas, habilidades, ingresos, horas dedicadas y muchas veces exclusividad. Una de las grandes instituciones de la era industrial, como la fábrica.

Si antes, la tecnología impactaba en las tareas físicas (mecanización, robotización) ahora se vuelve sobre tareas cognitivas o, digamos, intelectuales. Más concretamente sobre “la oficina”. Quienes observan el trabajo en aplicaciones sean de delivery o de transporte urbano, con sus empleados/prestadores autónomos/drivers ya se asoman a esa particularidad en la que una tarea reglada se vuelve flexible y porosa por la tecnología. Pero ahora se vuelve sobre un sinfín de disciplinas, sobre sobre un modo de organizar y vender o cobrar esas tareas y, sobre todo, sobre su valor. Más concretamente, eso ocurre no porque la IA “piense” como un gerente ni porque vaya a reemplazar de golpe a un director de área, sino porque toca algo más profundo: la generación, circulación y decisiones en base a información valiosa. Volvemos a Tobaccowala. “A medida que el trabajo se pueda realizar con menos empleados a tiempo completo, veremos cómo esos trabajos se ven reemplazados por una combinación de un menor número de puestos y un auge de los trabajos autónomos y fraccionados, además de los trabajadores independientes. Este modelo está muy extendido en ámbitos como el del entretenimiento, donde los talentos se reúnen en torno a un proyecto, ya sea una obra de teatro, una película o un programa de televisión”. De nuevo, tareas, empleo y trabajo, asunto separado.
“La segunda ola de la IA”: cómo y por qué los robots serán nuestros futuros compañeros de trabajo
Para agregar complejidad el pensador Nassim Taleb, creador del concepto de cisne negro, aporta una paradoja desde una entrevista de esta semana, vinculada con los premiso y castigos sociales de esta disrupción. “La IA está transformando el mundo a muchos niveles. Pero uno de los más importantes es que, en el pasado, la tecnología ha conseguido elevar a las personas desde empleos mal pagados hacia trabajos más sofisticados y mejor remunerados. Esta vez, si alguien va a la universidad a estudiar contabilidad, imagen médica o disciplinas similares, todos esos trabajos serán reemplazados por la IA. En cambio, si eres carpintero, fontanero o electricista, estás bien. Por primera vez estamos viendo que los empleos fluyen hacia abajo en lugar de hacia arriba”.


