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María Conorti. Diseñadora de zapatos top e íntima amiga de Juliana Awada, posa con Cala, su hija de 15 años

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El cielo amenaza con desplomarse en un rato y el jardín impecable de la casa de María Conorti cambia sus colores una y otra vez, de manera pintoresca. A pura sonrisa (“en casa no se admite la mala onda”, dirá en un rato), la diseñadora avanza abrazada a Cala (15), la menor de sus tres hijos (es mamá también de Santiago, de 24 y de Pablito, de 17), que es su calco y con quien posará en exclusiva para ¡HOLA!

Un momento de relax en el jardín, con Tequila y
Khalifa, dos de sus tres Jack Russell . “Mamá es muy generosa, siempre me presta ropa. Y aunque me fascina lo que hace, lo mío es el diseño gráfico, es ahí donde me imagino trabajando”, asegura Cala

Aunque por su amabilidad y predisposición pareciera tener todo el tiempo del mundo, su agenda es ajustadísima e itinerante. Hace veintisiete años creó Demaria, una marca de zapatos, accesorios y ahora también ropa de cuero y está detrás de cada detalle, pero eso no le impide ir y venir por el mundo, donde el polo de los hombres de la casa la lleve. “Ahora nos vinimos para la celebración del aniversario de mi marca, y mañana nos volvemos a Palm Beach para reencontrarnos con Santi, que quedó allá. Y a fin de abril la familia se divide otra vez porque el mayor normalmente juega en Los Hamptons y Pablo y Pablito parten a Canadá”, arranca María. Y sigue: “Es cuestión de organizarse. Yo soy muy activa, demasiado, te diría. Mi marido me dice que afloje un poco, pero es mi personalidad”.

María y Cala, como dos gotas de agua. Amantes de la cocina, este año se fueron de viaje solas a Londres, París y Madrid y hoy sueñan con abrir juntas un café de autor

–Recién decías veintisiete años. ¿Qué te pasa cuando mirás para atrás y ves tu recorrido?

–Me parece increíble. Arranqué en marzo de 1999, a mis veintipico. Dirigía el Museo Renault, pero tenía muy a flor de piel el diseño de moda, que me viene de familia (es tercera generación de zapateros y su madre era diseñadora de ropa). Calculo que tuve un poco de suerte, pero también muchísima garra y pasión. Me levanto con ganas de ir a trabajar, eso es el disfrute para mí. Y ahora, como una forma de renovarme, sumé la ropa de cuero, que completa mi marca.

–Entre tus amigas-clientas, está Juliana Awada. ¿Cómo se conocieron?

–Más allá de lo mona que es y su porte espectacular, Juliana es una mujer impresionante. Y por supuesto que me resulta un placer verla con mi ropa. Somos amigas de la vida, desde hace muchísimos años. De hecho, nuestros hijos mayores, Tini y Santi, son amigos, y Antonia y Cala son mejores amigas.

–Con Cala se te ve muy cómplice, además de muy parecidas.

–Sí. Estamos en una muy linda etapa. Y suelen destacarnos nuestro parecido. Este año hicimos un gran viaje a propósito de sus 15 años, las dos solas, y lo disfrutamos muchísimo. Cala se fue a estudiar a Cambridge y yo después la fui a buscar. Estuvimos en Londres, París y Madrid, salimos de shopping, a comer a lugares divinos, recorrimos París en bicicleta, fue espectacular. Soy mamá-amiga, compartimos mucho, somos compinches. Me encanta que así sea porque son muy buenos hijos, me cuentan sus cosas, confían, hablamos mucho.

En el living, con sus hijos menores. Pablo, con 17 años (egresa del colegio Newman este año), es quien le sigue los pasos en el mundo de la moda: tiene su propia marca, Outstar, de buzos y remeras. “Voy a sumar jeans, tengo un diseño que la va a romper”, avisa,  mientras cuenta que siempre soñó con tener su marca y ser independiente.

–¿Le gusta el diseño de moda también?

–No, en eso el que me sigue los pasos es Pablito, que tiene su marca (Outstar). El año pasado hizo su primer drop, con buzos y remeras y le fue increíble. En un mes está sacando el próximo. A Cala le gusta el diseño gráfico. Muchas veces le propuse que venga a trabajar un ratito conmigo, pero por ahora no quiso. Adora hacer cerámica, jugar al tenis y le encantaría jugar al polo, aunque nosotros no queremos. Me da terror que mis hijos jueguen al polo, incluso Santi, que lo hace profesionalmente. No voy a sus partidos, directamente. Cala en un momento hacía equitación, heredó de su papá el amor por los caballos.

“¡Cala me saca todo!”, dice entre risas María,
mientras prueban pantalones, faldas, camperas y carteras de la nueva colección de Demaria

–¿Y ya te roba la ropa?

–¡Me saca todo! [Se ríe]. Desde los zapatos hasta los suéteres de cashmere, o chalecos de cuero, sólo le pido que cuide lo que se lleva. Tenemos gustos parecidos, incluso nos encanta cocinar, así que en París estuvimos investigando porque mi gran sueño es abrir un café Demaria y le propuse que estudie tres meses en el Cordon Bleu. Yo, además de estudiar cocina tres años, estudié Hotelería y me dediqué a la parte de alimentos y bebidas por años.

–¿Eso sería cuando termine el colegio?

–Podría ser antes. Desde el año pasado estudia con un sistema que se llama BLearning, como hacen muchos deportistas y gente del polo a los que se les complica ir a clases regularmente: cursan de manera presencial y online, entonces puede estudiar donde estemos. Vamos paso a paso, pero nos ilusiona muchísimo tener un proyecto juntas.

Tapa revista Hola 802, foto getty

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