Fuera de los sets de grabación, los escenarios y sus pasos por la alfombra roja, Carolina Kopelioff (29) busca el silencio del bajo perfil. Sus redes sociales apenas dan muestras de su mundo interior y, en cambio, revelan retazos de su carrera profesional con pequeñas postales de sus interpretaciones en series como Cromañón, Cris Miró (Ella) y En el barro. Lo curioso es descubrir, sin embargo, cómo, a pesar de su meticulosidad para mantener en resguardo su vida privada, cosechó más de tres millones de seguidores en su cuenta de Instagram.


“Es el efecto Soy Luna. El alcance que generó esa serie es realmente inmenso, un verdadero fenómeno”, explica la actriz, quien en 2016 interpretó a Nina Simonetti en la famosa ficción de Karol Sevilla y Valentina Zenere. Diez años después de su primer gran éxito, la actriz encontró un nuevo desafío en su último proyecto, Máxima, la serie deHBO Max basada en la vida de la reina de los Países Bajos protagonizado por Delfina Chaves. Allí, Kopelioff se pone en la piel de Inés Zorreguieta, la hermana menor de Máxima, quien en 2018 fue hallada muerta en su departamento de Caballito.
–¿Cómo fue abordar un personaje tan complejo como el de Inés Zorreguieta?
–Fue una gran experiencia. Apenas leí los guiones me puse a investigar la vida y la historia de Máxima y de su familia. De a poco, fui como armando un rompecabezas para entender quién era Inés. Estuvimos tres meses grabando en Bélgica y los Países Bajos, algo que nunca antes me había tocado vivir, así que todo resultó muy positivo.

–También es un desafío interpretar a una persona que no está viva…
–Tal cual. Obviamente, desde un primer momento entendí que era un papel que exigía una doble responsabilidad y que todo el trabajo había que abordarlo con mucho respeto también. Más allá de todo lo que rodeó a su repentina muerte, me parecía más interesante centrarme en la luminosidad de Inés y cómo ella había traído humanidad y sensibilidad al mundo… Resaltar también el vínculo tan entrañable que tenía con su hermana Máxima y lo que significó para ella. A veces siento que el colectivo de la gente se queda con el hecho particular que pasó con ella y no trasciende más allá de eso. En el fondo, todos estamos llenos de contradicciones.
–Estás atravesando una gran etapa profesional. ¿Qué balance hacés de este camino recorrido?
–La verdad es que me siento muy afortunada. La serie de Máxima, por ejemplo, fue un quiebre de muchas cosas personales. Significó viajar, trabajar en el exterior, salir de mi zona de confort. La actuación tiene esto de la inestabilidad que nunca sabés cuándo va a llegar la próxima oportunidad. Hay proyectos que me acompañaron en momentos difíciles y sé que me salvaron un poco la cabeza. Hacer teatro también te trae mucho al presente, te lleva a focalizarte en el ahora. Entonces si estás triste, la obra te obliga a volver a tu eje, a ese momento y nada más.

–Justamente tu personaje de Nina, en la obra de teatro La gaviota, de Chéjov, aborda el desafío de ser actriz.
–Claro, es entender que la actuación, si bien es hermosa y apasionante, también tiene mucho de aprender a resistir, a soportar la incertidumbre, la frustración, estar dispuesta al sacrificio, a veces, constante. Y es muy difícil no rendirse… Yo soy superconsciente y para mí todos los trabajos son importantísimos, les pongo el cuerpo, todo, pero bueno, la vida también está llena de altibajos. Entonces trabajo mucho para que eso no me afecte tanto y poder seguir haciendo esto que tanto me gusta.

Agradecimientos: Delfina Pignatiello ( fotografía)



