En el marco del regreso de la misión Artemis II, uno de los conceptos clave es el de amerizar, el procedimiento mediante el cual la cápsula Orión finalizó su viaje.
Según la definición de la Real Academia Española (RAE), “amerizar” es “amarar”, es decir, posarse un avión u otra aeronave en el agua. También existen otras formas válidas con el mismo significado, como “acuatizar” y “amarizar”.
Este tipo de maniobra se utiliza en misiones espaciales para garantizar un descenso controlado sobre superficies acuáticas, donde las condiciones permiten una recuperación más segura de la tripulación.
Cómo fue el descenso de la cápsula Orión
En el caso de Artemis II, la nave realizó un splashdown, término en inglés que refiere justamente a este tipo de amerizaje controlado.
Durante esta etapa, la cápsula atravesó la atmósfera terrestre a gran velocidad y, en los últimos minutos, desplegó paracaídas para reducir la velocidad antes de impactar sobre el océano. El operativo fue previsto en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, en los Estados Unidos.
Además, la agencia realiza emisiones especiales con especialistas que brindan detalles técnicos sobre el descenso, el estado de la tripulación y las condiciones del reingreso. En ese marco, se difunden actualizaciones constantes sobre la trayectoria de la cápsula y el desarrollo de cada una de las maniobras previas al contacto con el agua.
Por qué se utiliza este tipo de maniobra
El amerizaje permite reducir riesgos en la fase final del vuelo, ya que el impacto sobre el agua resulta más controlable que sobre superficie terrestre.
En este tipo de procedimientos, equipos de rescate especializados esperan en la zona para asistir a la tripulación apenas finaliza el descenso. De este modo, el cierre de la misión Artemis II no solo marcó el final de un viaje de 10 días, sino también una instancia clave para validar los sistemas que se utilizarán en futuras expediciones tripuladas.


