Durante la última semana, la investigación por el robo de propofol del Hospital Italiano avanzó en paralelo a la conmoción por la muerte de un joven anestesista hallado sin vida en Palermo el 20 de febrero. Lo que empezó como un hallazgo aislado derivó en allanamientos, imputaciones y una causa judicial que intenta reconstruir cómo medicamentos de uso estrictamente hospitalario salieron del circuito legal y aparecieron en domicilios particulares de la ciudad de Buenos Aires.
A medida que la Justicia fue reuniendo pruebas y circularon por redes varios audios sobre el caso, se consolidaron algunas certezas y quedaron abiertas varias preguntas. Hoy hay una causa unificada que investiga la sustracción de los anestésicos y otra, separada, que busca esclarecer las circunstancias de la muerte de Alejandro Zalazar. Entre ambas, emergen puntos de contacto, trayectos comprobados de los fármacos y zonas grises que aún no tienen respuesta.
LA NACION pudo saber que, por estas horas, se analizan los recorridos del propofol fuera del hospital a fin de conocer la ruta completa y si, el destino final, eran las “propofest”.
La investigación judicial logró reconstruir un primer recorrido concreto de los anestésicos que salieron del Hospital Italiano de Buenos Aires y que dieron origen a una de las causas más sensibles de las últimas semanas. Según confirmaron fuentes de la Justicia a LA NACION, hoy está probado un trayecto que une al hospital con dos domicilios particulares de la ciudad de Buenos Aires donde se realizaron allanamientos y se encontraron parte de los medicamentos sustraídos.
El punto de origen identificado es el Hospital Italiano, ubicado sobre la calle Teniente General Juan Domingo Perón al 4190. Desde allí, siempre según la investigación, el propofol y otras drogas de uso intrahospitalario habrían salido del circuito médico regular para ser trasladadas a al menos dos viviendas particulares. Ambas se encuentran en la ciudad de Buenos Aires y fueron allanadas en el marco del expediente que investiga la sustracción de los fármacos.

Los domicilios allanados están ubicados en Cabrera al 4700 y en la avenida Pueyrredón al 2400. En esos procedimientos, ordenados por la Justicia, se secuestraron medicamentos anestésicos y otros insumos médicos que son clave para lograr la trazabilidad de las drogas y determinar responsabilidades. Para los investigadores, esos hallazgos confirman que los fármacos robados no quedaron dentro del ámbito hospitalario.

En este trazado también aparece un punto que la Justicia incorporó como referencia, aunque no como parte probada de la ruta de distribución: el departamento de la calle Juncal al 4622, en Palermo, donde fue hallado muerto el anestesista Alejandro Zalazar. En ese lugar se encontraron anestésicos de uso intrahospitalario cuya procedencia fue vinculada al Hospital Italiano, pero los investigadores aclaran que, por ahora, no está acreditado que ese domicilio haya sido un destino habitual del circuito de traslado.
Así, hasta el momento, la ruta del propofol confirmada judicialmente se limita a un origen institucional y a dos destinos concretos donde se recuperaron los medicamentos. El recorrido completo, la cantidad exacta de fármacos sustraídos y si existieron otros puntos intermedios o finales continúan bajo investigación y forman parte de las medidas que la Justicia todavía tiene en curso.
Los allanamientos ordenados por la Justicia comenzaron el 13 de marzo y permitieron identificar dos domicilios particulares de la ciudad de Buenos Aires donde se encontraron medicamentos anestésicos que habían salido del Hospital Italiano. Esos procedimientos fueron claves para confirmar que los fármacos no permanecieron dentro del circuito hospitalario y para empezar a reconstruir qué pasó con ellos una vez sustraídos.
Según pudo saber LA NACION, uno de los operativos se realizó en una vivienda ubicada en Cabrera al 4700. Allí, los investigadores secuestraron ampollas de anestésicos y distintos insumos médicos, elementos que resultan determinantes para establecer la trazabilidad del propofol y de otras drogas de uso intrahospitalario. El hallazgo fue incorporado al expediente como prueba material del desvío de los medicamentos.
El segundo allanamiento tuvo lugar en un domicilio situado sobre la avenida Pueyrredón al 2400. En ese lugar, según confirmaron fuentes judiciales, también se encontraron fármacos y material vinculado a su administración. Para los investigadores, la presencia de estos elementos en viviendas particulares refuerza la hipótesis de una salida irregular y organizada de los anestésicos.
En ambos casos, los procedimientos permitieron recuperar solo una parte de los medicamentos que habrían sido sustraídos. La Justicia investiga ahora si existieron otros puntos de acopio, si los fármacos fueron trasladados entre distintos domicilios y cuál fue el destino final del resto del material que no fue hallado durante los allanamientos.
Por el momento, lo que está acreditado es que los anestésicos robados del Hospital Italiano llegaron al menos a esos dos domicilios particulares. La reconstrucción completa del recorrido, la cantidad total de propofol sustraída y el uso que se les dio a los medicamentos forman parte de las líneas de investigación que continúan abiertas.

El hallazgo del cuerpo del anestesista Alejandro Zalazar en su departamento de Palermo se convirtió en un punto clave de la investigación, aunque la Justicia es cuidadosa en cómo lo incorpora dentro de la reconstrucción de la ruta del propofol. En el domicilio ubicado en la calle Juncal al 4622 se encontraron anestésicos de uso intrahospitalario cuya procedencia fue vinculada al Hospital Italiano, el mismo establecimiento desde donde salieron los medicamentos que hoy forman parte de la causa por sustracción.
Ese dato permitió a los investigadores conectar ambos expedientes, pero con una aclaración central: el departamento de Zalazar es considerado, por ahora, un lugar de hallazgo y no un destino probado dentro del circuito clandestino de traslado de los fármacos. A diferencia de los otros domicilios allanados, no hay elementos que acrediten que ese inmueble haya funcionado como punto de acopio o distribución.
La trazabilidad realizada por los peritos estableció que los medicamentos encontrados junto al cuerpo de Zalazar pertenecían al Hospital Italiano. Ese fue el nexo objetivo que dio origen a la causa por el robo de anestésicos y que motivó los primeros procedimientos judiciales. Sin embargo, la Justicia mantiene separadas las conclusiones sobre el origen de los fármacos y las circunstancias de la muerte del médico.
En términos procesales, la muerte de Zalazar sigue siendo investigada como una averiguación de muerte dudosa, con pericias médicas y toxicológicas aún en análisis. La causa por la sustracción del propofol, en cambio, se enfoca en establecer cómo los medicamentos salieron del hospital y por qué medios llegaron a domicilios particulares, sin que hasta ahora se haya acreditado que el departamento de Palermo formara parte regular de esa ruta.
Así, el punto en común entre ambos hechos no es un trayecto confirmado, sino un elemento compartido: los anestésicos provenientes del Hospital Italiano. La definición del vínculo final entre el circuito clandestino de los fármacos y la muerte del anestesista es uno de los aspectos que la Justicia todavía busca esclarecer.

Alejandro “Alito” Zalazar: Tenía 32 y se desempeñaba como anestesista. Fue hallado muerto el 20 de febrero en su departamento de la calle Juncal al 4622, en Palermo. En su vivienda se encontraron anestésicos de uso intrahospitalario cuya procedencia fue vinculada al Hospital Italiano. Su fallecimiento es investigado en una causa por averiguación de muerte dudosa, separada del expediente que indaga la sustracción de los fármacos.

Hernán Boveri: Es anestesiólogo de planta del Hospital Italiano y uno de los dos profesionales imputados en la causa por el robo de propofol y otros anestésicos. La Justicia investiga su presunta participación en la salida irregular de los medicamentos del hospital. Fue apartado de su cargo y tiene prohibido salir del país mientras avanza la investigación.

Delfina “Fini” Lanusse: Era residente de tercer año en el área de anestesiología del Hospital Italiano y también está imputada en la causa por la sustracción de los fármacos. Al igual que Boveri, fue desvinculada de la institución y quedó alcanzada por medidas restrictivas dispuestas por la Justicia, entre ellas la prohibición de contacto con el otro imputado.

Chantal “Tati” Leclercq: Es residente del tercer año de anestesiología del Hospital Bernardino Rivadavia. Su nombre aparece en el expediente a partir de una ampliación de denuncia incorporada por una asociación profesional, donde relató vínculos personales y episodios de consumo que conectan a Zalazar con Lanusse. No está imputada ni figura como acusada en ninguna de las dos causas, pero su testimonio es considerado un elemento relevante para comprender el entramado personal entre algunos de los protagonistas.
En los primeros días de la investigación, el desvío de propofol y otros anestésicos del Hospital Italiano dio lugar a dos expedientes judiciales paralelos. Uno se originó a partir de la denuncia presentada por la propia institución médica; el otro, en una presentación realizada por la Asociación de Anestesistas, que aportó información adicional sobre la salida irregular de los fármacos.
Ambas causas avanzaban sobre el mismo eje: cómo medicamentos de uso intrahospitalario habían salido del circuito legal y aparecido en domicilios particulares. Con el correr de las medidas de prueba, la Justicia advirtió que los hechos investigados, los protagonistas y la trazabilidad de los fármacos eran coincidentes, por lo que resolvió unificar los expedientes en una sola causa.
La decisión apuntó a centralizar la investigación, evitar duplicación de peritajes y permitir una reconstrucción ordenada del circuito clandestino del propofol. A partir de la unificación, la causa por el robo de anestésicos quedó en manos del juez Javier Sánchez Sarmiento, quien concentra todas las actuaciones vinculadas a la sustracción, traslado y hallazgo de los medicamentos fuera del ámbito hospitalario.
Desde el punto de vista procesal, la unificación no alteró las imputaciones ya dispuestas ni modificó el objeto central del expediente, que sigue enfocado en determinar responsabilidades penales por la salida irregular de los fármacos del Hospital Italiano. La investigación avanza sobre la trazabilidad de los anestésicos, los roles de los profesionales involucrados y el posible uso que se les dio fuera del ámbito médico autorizado.
En paralelo, la muerte del anestesista Alejandro Zalazar continúa siendo investigada en una causa aparte, bajo la figura de averiguación de muerte dudosa. Aunque ambos expedientes comparten elementos de contexto, como el origen de los medicamentos, la Justicia mantiene separadas las líneas de investigación mientras continúa produciendo prueba en cada una.

Aunque la Justicia ya logró reconstruir parte del recorrido clandestino de los anestésicos y unificó las causas vinculadas a su sustracción, el expediente todavía tiene varios puntos abiertos. Uno de los principales es determinar la cantidad exacta de propofol y otros fármacos que salieron del Hospital Italiano y durante cuánto tiempo se habría extendido esa maniobra.
Otro eje central es establecer el destino final de los medicamentos que no fueron recuperados en los allanamientos. Los investigadores buscan definir si existieron otros domicilios involucrados, si los fármacos fueron trasladados entre distintos puntos o si parte del material fue consumido sin dejar rastros físicos que puedan ser peritados.
La investigación también apunta a precisar los roles individuales dentro del circuito del robo. Si bien hay dos profesionales imputados, la Justicia intenta determinar cómo era el acceso a los anestésicos, qué controles internos fallaron y si existieron más personas que, sin estar imputadas, facilitaron o conocieron la salida irregular de los medicamentos del hospital.
En paralelo, continúan las pericias técnicas y documentales. Se analizan registros de stock, movimientos de insumos hospitalarios, comunicaciones entre los involucrados y distintos elementos secuestrados durante los procedimientos judiciales. Ese cruce de información es clave para sostener o descartar nuevas medidas procesales.
Por último, aunque la causa por la muerte de Alejandro Zalazar se tramita en un expediente separado, los investigadores siguen atentos a eventuales puntos de contacto que puedan surgir a medida que avance la prueba. La definición de si existió o no un vínculo más profundo entre la ruta clandestina del propofol y ese fallecimiento es uno de los interrogantes que, por ahora, permanece abierto.

La investigación por la sustracción de propofol y otros anestésicos del Hospital Italiano quedó concentrada en una única causa judicial luego de que la Justicia resolviera unificar dos expedientes que avanzaban en paralelo. Uno había sido iniciado a partir de la denuncia presentada por la propia institución médica; el otro surgió de una presentación realizada por la Asociación de Anestesistas, que aportó información adicional sobre la salida irregular de los fármacos.
Ambas causas tenían el mismo objeto: determinar cómo medicamentos de uso estrictamente intrahospitalario salieron del circuito legal y aparecieron en domicilios particulares. Compartían además protagonistas, pruebas documentales y líneas de investigación similares. Frente a ese escenario, los investigadores consideraron que mantenerlas separadas implicaba duplicar peritajes y correr el riesgo de decisiones procesales contradictorias.
Con la unificación, la causa por el robo de propofol quedó enfocada exclusivamente en la sustracción, el traslado y el hallazgo de los anestésicos, así como en las responsabilidades penales derivadas de esos hechos. En ese expediente están imputados los profesionales señalados por la salida irregular de los medicamentos, quienes quedaron alcanzados por medidas restrictivas mientras avanza la investigación.
Desde el punto de vista judicial, la decisión de unificar busca ordenar la prueba y darle coherencia al expediente. La concentración de toda la investigación sobre el robo en una sola causa permite analizar de manera integral la trazabilidad del propofol, los controles internos del hospital y los roles de cada imputado, sin mezclar ese análisis con otros hechos que tienen un objeto procesal distinto.

La muerte de Alejandro Zalazar es investigada en un expediente judicial distinto al que analiza el robo de propofol del Hospital Italiano porque el objeto de esa causa es determinar las circunstancias del fallecimiento de una persona, un tipo de investigación que requiere criterios y pruebas diferentes a las de un delito patrimonial o administrativo.
En ese expediente, la Justicia busca establecer cómo murió el anestesista, qué ocurrió en las horas previas al hallazgo del cuerpo y si existió una causa natural, un consumo indebido de sustancias o la intervención de terceros. Para ello, el eje de la investigación está puesto en las pericias médicas y toxicológicas, la reconstrucción del contexto personal y los elementos encontrados en el departamento donde fue hallado sin vida. “Estamos trabajando, tratando de armar el rompecabezas”, dijo ayer a LA NACION un investigador que detalló que aún esperan el resultado de las pruebas toxicológicas.
Si bien en la vivienda de Zalazar se encontraron anestésicos de uso intrahospitalario cuya procedencia fue asociada [no confirmada] al Hospital Italiano, ese dato por sí solo no alcanza para unificar la investigación con la causa por el robo de propofol. Desde el punto de vista judicial, compartir un elemento de contexto no implica necesariamente que ambos hechos conformen un mismo delito o una misma maniobra criminal.
La Justicia no descarta que, si surgen pruebas nuevas, ambas investigaciones puedan converger en algún punto. Para que eso ocurra, deberá acreditarse de manera objetiva una relación directa entre los fármacos sustraídos y el fallecimiento del anestesista. Hasta que esa conexión no esté probada, la estrategia judicial es avanzar con dos causas separadas, cada una con su propio objeto probatorio y sus propios tiempos procesales.



