Una presunta falta de registro del patentamiento de equipos de origen asiático en el mercado de tractores generó tensión en la industria en un contexto de mayor ingreso de equipos importados. Mientras fabricantes locales advirtieron por un escenario de informalidad y falta de transparencia, en el segmento importador relativizaron el fenómeno y lo atribuyeron a prácticas históricas del sector y a demoras administrativas.
En la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT), su director ejecutivo, Leandro Brito Peret, encendió una señal de alerta. “Seguimos preocupados por la informalidad de la comercialización de maquinaria procedente de China. Realmente los números son importantes en la actividad productiva y trabajar en un mercado poco transparente dificulta mucho el trabajo nuestro”, afirmó a LA NACION.
El eje del planteo gira en torno a la brecha entre el ingreso de equipos y los registros oficiales. Según datos de 2025 de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara), existe un porcentaje significativo de informalidad a la hora de registrar maquinaria autopropulsada, principalmente tractores de baja potencia que, por cuestiones de menor valor, no necesitan un crédito bancario para adquirirse; en mayores valores, el financiamiento bancario obliga a registrar para inscribir la prenda.
“Esto no es nuevo, pero el ingreso de mayor cantidad de maquinaria importada, sin antecedentes en el país y sin redes establecidas, de baja potencia y menor valor, incrementó esta cuestión, lo cual afecta a los datos estadísticos y a la realidad de la industria”, dijeron.
Acara estimó, sin datos precisos, que en 2025 han ingresado unos 4900 tractores importados, de los cuales cerca de 3600 fueron de procedencia asiática (China, Corea, Japón e India), pero que “en los patentamientos solamente se han registrado poco más de 400 unidades”.
Si bien no se sabe cuánto hay vendido y entregado y cuánto en stock de concesionarios/importadores, “se estima que el 75% de esos ingresados se han entregado a clientes, con lo cual, una industria de tractores patentados de 5300 unidades, se transforma en una industria total de 8000 unidades”. En cuanto a la segmentación, “la mayoría se concentran en el segmento de tractores utilitarios, por debajo de los 100 HP y principalmente en los menores de 50 HP”.
En detalle, en tanto, Brito Peret sostuvo que, de esos tractores de origen asiático que han ingresado al país solamente se han patentado 476, “lo cual habla a las luces de la informalidad en que se está manejando en el comercio de tractores de esa procedencia”.

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Para la entidad, esta falta de información confiable impacta directamente en la planificación industrial. “La planificación productiva de las plantas y la gestión de la capacidad depende de las proyecciones que se hace de mercado. Y, si no hay información estadística fiable, es muy difícil hacer esta planificación”, explicó.
En ese sentido, remarcó que contar con datos certeros es clave para toda la cadena. “Con datos confiables sobre ventas, las fábricas pueden proyectar volumen de producción, planificar la contratación de personal, la compra de insumos y componentes y administrar inventarios, pero con información parcial es muy difícil proyectar”, insistió.
El problema también se traslada al plano de las inversiones. “Cuando uno toma decisiones de inversión, también necesita dimensionarlo al mercado en el que se está. Con información parcial o poco clara del mercado hace que esas decisiones a veces sean mal tomadas o que directamente no se tomen”, advirtió.

Además, en AFAT alertaron sobre consecuencias más amplias para el desarrollo tecnológico. Señalaron que la problemática ya fue planteada ante autoridades. “Hemos llevado el tema a las autoridades para trasladarle nuestra preocupación y ver si se puede tomar algún tipo de acción y permitirnos manejarnos y tomar decisiones en un mercado transparente, con información estadística fiable y genuina”, indicó.
En esa línea, en la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma) coincidieron con el diagnóstico y ampliaron el foco. “La informalidad es un peligro, pero no solo hay una falta de transparencia, hay que sumar una ausencia de normas de calidad, de reglamentos técnicos, de chequeo de estándares de seguridad y eficiencia”, señalaron. Advirtieron sobre la falta de marcos regulatorios comparables con otros mercados. “No tenemos esos estándares que, por ejemplo, tiene la Unión Europea para vender autopropulsados”, remarcaron.

Y sumaron un factor internacional al análisis. “No estamos hablando de una competencia entre mercados que tienen sistemas productivos capitalistas, sino que estamos hablando de la depredación de mercado por parte de un gigante de planificación centralizada”, indicaron, al referirse al peso de China en el comercio global.
Sin embargo, del lado de los importadores, la lectura es diferente y busca poner en contexto el fenómeno. Leandro Castellani, CEO de la fábrica nacional Ombú y que importa de China tractores Traxor, sostuvo que la situación responde en parte a cuestiones administrativas. “Los trámites burocráticos demoran. Nosotros estamos inscriptos para patentar, terminando los papeles”, explicó. Además, aclaró que no todos los equipos requieren patentamiento. “El patentamiento de la maquinaria agrícola es opcional si está dentro de una propiedad agropecuaria”, afirmó.
En esa línea, describió una práctica habitual del mercado. “Históricamente, quienes patentan lo hacen con maquinarias grandes; los tractores chicos en general no se patentan”, detalló. Incluso precisó el segmento más afectado por esta dinámica: “El tractor de baja potencia de 90 caballos para abajo no se patenta”.
Para el empresario, esto explica en gran medida la falta de registros. “No hay una estadística precisa de la venta de tractores de 25 caballos de fuerza hasta los 90 caballos. El dato de cuántos se vendieron no va a surgir de ahí sino de la importación misma”, señaló. Y vinculó el patentamiento con el financiamiento. “Cuando uno va al Banco Nación u otra entidad bancaria a pedir una prenda, ahí sí se pide que se patente el bien”, explicó.
En ese contexto, consideró que el proceso tenderá a ordenarse. “La bancarización de la compra va a cambiar esa dinámica porque para otorgarse un crédito tiene que ser prendario y para prendarlo hay que patentarlo”, afirmó.
También relativizó el impacto sobre el empleo local. “No estamos poniendo ningún puesto de trabajo en riesgo con las importaciones de tractores. Por el contrario, hay efectos positivos en nuestro caso particular. Por la importación, sumamos 20 personas a las 550 que había en la fábrica y no despedimos a nadie”, indicó.
Además planteó que existe una oportunidad de mercado no cubierta. “Hay un mercado que no estaba atendido, que es el de que un pequeño productor tenga una máquina nueva”, señaló. Según explicó, esta oferta permite acceder a tecnología a menor costo, donde en lugar de comprar un equipo usado pueda tener por el mismo precio uno nuevo. De cara al futuro, el empresario consideró que el escenario tenderá a una mayor competencia. “Va a haber una sana competencia en el rubro tractores”, aseguró.

En ese escenario, Castellani dijo que el sector deberá adaptarse. “Tiene que haber un camino de reconversión en toda su cadena de valor para tener competitividad”, destacó.
Así, mientras la industria nacional reclama reglas claras y mayor transparencia en los registros, el avance de nuevos jugadores y la apertura comercial plantean un nuevo escenario. Con visiones contrapuestas, el mercado de tractores comienza a reconfigurarse, en un proceso donde la competencia internacional y la adaptación local serán determinantes. “La industria metalmecánica va hacia un camino de apertura. Por eso hay que adaptar la empresa en ese sentido en la cual podamos sostener, capacitar y profundizar nuestro ADN industrial, pero obviamente con cambios importantes”, cerró.


