Buenos Aires, 18 julio (NA) — Los partidos decisivos del Mundial se viven con ansiedad, alegría y una fuerte carga emocional y en personas con enfermedad cardiovascular o factores de riesgo, ese estrés puede actuar como desencadenante de un evento cardíaco.
Sin embargo, el mayor peligro no es la emoción en sí misma, sino minimizar los síntomas y perder minutos decisivos esperando que termine el partido o que los síntomas se resuelvan espontáneamente.
Durante el torneo se conocieron datos que pusieron el tema en alerta y sirven de ejemplo para reflejar esta problemática. La Red de Emergencias Cardiovasculares de Tucumán informó que atendió a 33 personas con infarto desde el comienzo del Mundial, ocho de ellas en coincidencia temporal con jornadas en las que jugó Argentina.
En Córdoba, seis pacientes ingresaron con infarto al Hospital Córdoba dentro de las seis horas posteriores al último encuentro de la Selección.
Estos registros no permiten afirmar que el fútbol haya causado directamente los episodios, pero coinciden con investigaciones internacionales que señalan que los encuentros de alta tensión pueden actuar como disparadores en personas predispuestas. No se busca llevar alarma, pero sí reconocer las señales y actuar rápidamente en caso de experimentar síntomas compatibles con infarto.
Durante un partido, una persona puede atribuir una opresión en el pecho, la falta de aire o una transpiración inusual a los nervios. El problema es esperar para ver si se pasa. Ante síntomas compatibles con un infarto, no hay que aguardar al entretiempo, ni al final: hay que llamar inmediatamente al sistema de emergencias.
El síntoma más frecuente es una presión o dolor persistente en el centro del pecho, que puede extenderse hacia los brazos, los hombros, la espalda, el cuello o la mandíbula. También pueden presentarse falta de aire, sudor frío, náuseas, mareos, debilidad intensa o desvanecimiento.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, se recomienda suspender la actividad, sentarse o recostarse y solicitar asistencia médica. No es aconsejable trasladarse en un vehículo particular.
UNA RED QUE EMPIEZA ANTES DEL HOSPITAL
La atención del infarto no comienza cuando el paciente ingresa a una unidad coronaria sino que empieza cuando alguien de su entorno reconoce los síntomas y llama a emergencias.
A partir de ese momento se activa una cadena que debe funcionar sin demoras: llegada de la ambulancia, evaluación clínica, realización de un electrocardiograma, comunicación con el equipo cardiológico y derivación al establecimiento preparado para brindar el tratamiento indicado.
La ambulancia cumple un papel central: es más que un medio de traslado. Puede realizar el diagnóstico inicial, activar al centro receptor y definir, según las distancias y los tiempos, cuál es la mejor estrategia. En algunos casos, la opción será trasladar directamente al paciente a una institución con capacidad de efectuar una angioplastia.
En otros, especialmente en localidades alejadas, puede ser necesario iniciar un tratamiento fibrinolítico en el hospital más cercano y organizar luego la derivación a un centro de mayor complejidad.
Los fibrinolíticos son medicamentos que se administran por vía intravenosa para disolver el coágulo que está obstruyendo una arteria coronaria durante un infarto para restablecer el flujo sanguíneo y evitar daños irreversibles o la muerte del paciente.
Este modelo resulta especialmente relevante en Argentina, donde las grandes distancias y la distribución desigual de los centros con hemodinamia pueden prolongar los tiempos de atención.
Sólo alrededor del 30% de los pacientes accede a una angioplastia dentro de los plazos recomendados, mientras que muchos deben esperar más de tres horas para recibir atención especializada.
Cada minuto sin tratamiento implica una mayor pérdida de músculo cardíaco y aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca, arritmias graves, shock y muerte. En hasta el 40% de los casos, el paciente puede fallecer antes de llegar al hospital.
De allí surge el concepto “el tiempo es músculo”: cuanto antes se restablezca el flujo de sangre al corazón, mayores serán las posibilidades de sobrevivir y reducir las secuelas.
Cuando una angioplastia no puede realizarse dentro de los 90 a 120 minutos posteriores al primer contacto médico, las guías nacionales e internacionales recomiendan utilizar fibrinolíticos en pacientes seleccionados.
Argentina cuenta actualmente con tenecteplasa, un fibrinolítico de tercera generación que se administra por vía intravenosa en una única dosis, en menos de diez segundos. Esta característica facilita su uso en ambulancias, guardias y centros de baja o mediana complejidad.
Luego, el paciente puede ser trasladado a una institución con capacidad de realizar una angioplastia, dentro de lo que se conoce como estrategia farmacoinvasiva.
La disponibilidad de tratamientos eficaces es fundamental, pero ninguna medicación puede recuperar los minutos perdidos antes de pedir ayuda. La sobrevida muchas veces depende de que todos los eslabones funcionen: reconocer los síntomas, llamar a emergencias, arribar con una ambulancia preparada, derivar al lugar correcto y comenzar el tratamiento lo antes posible.
Agencia NA


