Con el cierre de las urnas en Brasil, la elección entra ahora en la etapa de definición de resultados y de una eventual segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre si ninguno de los candidatos supera el 50%. En ese escenario, también quedan bajo la lupa las mujeres que acompañan a los dos principales contendientes: Fernanda Antunes Figueira, esposa de Flavio Bolsonaro, y Janja da Silva, esposa de Luiz Inácio Lula da Silva.
Fernanda, odontóloga especializada en ortopedia facial y ortodoncia -como precisa en Instagram-, mantuvo durante años un perfil alejado de la política. Está casada con Flavio desde 2010 y tienen dos hijas juntos.
Durante esta campaña comenzó a ganar mayor visibilidad, participó en actos y utilizó sus redes sociales para difundir propuestas de su marido vinculadas con salud, maternidad, adultos mayores y derechos de las mujeres.

El pasado marzo, fue una de las elegidas para formar parte de la delegación que viajó a Chile para asistir a la ceremonia de investidura del nuevo presidente del país, José Antonio Kast.
Aquel mes, ofreció una entrevista a Portal Leodias, donde habló tanto sobre un eventual triunfo de Flavio en la contienda electoral como de su posible rol como primera dama: “Nadie nace preparado para una responsabilidad de esta magnitud, pero quienes acompañan a alguien en la vida pública terminan aprendiendo mucho en el camino. Si el pueblo brasileño depositara su confianza en mi esposo, asumiría esta misión con gran seriedad”.
“Entiendo que ser primera dama no se trata solo de participar en ceremonias, sino de tener la sensibilidad para escuchar a la gente, comprender las dificultades del país y apoyar proyectos que realmente marquen la diferencia. Buscaría desempeñar este papel con humildad, recordando siempre que la prioridad es Brasil”, dijo.
Respecto de cuáles serían sus prioridades para ejercer el rol, ahondó: “Cada primera dama termina encontrando su propia manera de contribuir. Creo firmemente en las causas relacionadas con la familia, la protección de la infancia y el apoyo a las mujeres, especialmente a aquellas que son víctimas de violencia doméstica perpetrada por cobardes, que no pueden ni podrán quedar impunes por más tiempo”.
Y completó: “Como dentista, creo en las acciones que promueven la salud, especialmente la salud bucal, como una forma eficaz de prevenir enfermedades. También considero importante impulsar proyectos sociales que valoren la educación, la solidaridad y las oportunidades para quienes más las necesitan”.
Janja —cuyo verdadero nombre es Rosângela—, en cambio, ya ocupó el lugar de primera dama y tiene una participación política consolidada junto a Lula. Socióloga de formación, nacida en el estado de Paraná y militante del Partido de los Trabajadores (PT) desde su juventud, desarrolló gran parte de su carrera profesional en Itaipú Binacional, gran central hidroeléctrica situada en el río Paraná, sobre la frontera entre Brasil y Paraguay. Allí trabajó durante casi dos décadas en áreas vinculadas al desarrollo sostenible y las relaciones institucionales.

También se desempeñó en Eletrobras —la mayor empresa de generación y transmisión de energía eléctrica de América Latina— y como docente universitaria. Está casada con el jefe de Estado desde mayo de 2022 y ejerce como primera dama desde enero de 2023. Su figura ganó relevancia durante la campaña que llevó a Lula de regreso al poder, cuando comenzó a participar activamente en actos, discursos y acciones de comunicación.
Entre otras cuestiones, la socióloga intentó influir en su marido para que incluyera temas feministas en sus discursos, consignó O Globo. Desde entonces, Janja se consolidó como una de las personas de mayor influencia en el entorno político del mandatario y como una voz propia dentro del oficialismo, algo que generó malestar en el PT.


