El envejecimiento suele estar asociado, por tradición cultural, a una disminución involuntaria de la actividad física. Esta tendencia, que prioriza el sedentarismo y las tareas domésticas, representa según el entrenador español Rafael Hidalgo un error fundamental en la búsqueda de bienestar. Lejos de las exigencias deportivas extremas, el profesional propone un enfoque centrado en la sostenibilidad del movimiento para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores.
Durante décadas, el objetivo de completar 10.000 pasos diarios fue señalado como un estándar ineludible para mantener la salud, prevenir la obesidad y combatir enfermedades como la diabetes. Sin embargo, esta métrica, popularizada en la década del 60, generó niveles altos de frustración y abandono en personas que no logran alcanzarla. La ciencia actual contradice esta visión rígida, sugiriendo que la salud no depende de una cifra cerrada, sino del hábito de mantenerse activo.

En diálogo con la revista Semana, Hidalgo cuestionó estas presiones externas y ofreció una mirada más amable con la realidad fisiológica de la tercera edad. “La constancia vence a la exigencia extrema porque el cuerpo necesita movimiento fluido y no esfuerzos aislados que agotan al individuo”, afirmó el entrenador. Su propuesta principal consiste en caminar entre 20 y 30 minutos diarios, una ventana de tiempo suficiente para activar el sistema cardiovascular, mejorar la movilidad articular y fortalecer el bienestar general. El especialista también subrayó que este hábito puede progresar gradualmente hacia los 40 o 60 minutos, siempre bajo un esquema de intensidad adaptada a cada usuario.
La estrategia de Hidalgo pone el acento en la técnica y el control de la fatiga. El especialista aconseja implementar pequeñas pausas durante las caminatas, lo que permite corregir la postura y evitar lesiones derivadas del agotamiento. Esta metodología transforma la actividad física en una práctica disfrutable que se integra naturalmente a la rutina diaria, minimizando la ansiedad por el rendimiento físico y maximizando los resultados a mediano plazo. Antes de iniciar este camino, el entrenador impone dos condiciones indispensables: una hidratación constante durante el ejercicio y la previa consulta médica para evaluar posibles patologías preexistentes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) avala este paradigma moderado. El organismo recomienda que las personas mayores de 65 años complementen la actividad aeróbica con ejercicios de fuerza y equilibrio, alcanzando unos 150 minutos semanales. Los beneficios son múltiples: reduce un 23% el riesgo de caídas, mejora el estado anímico, optimiza la calidad del sueño y disminuye la incidencia de hipertensión y enfermedades metabólicas. Asimismo, la actividad física constante favorece la salud cognitiva y reduce los síntomas de depresión. El enfoque, en definitiva, es claro: no se trata de competir contra el reloj, sino de adaptar el movimiento a las posibilidades reales para transitar esta etapa vital con plena autonomía y seguridad física.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA


