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Diego “Peque” Schwartzman cuenta cómo es la vida después del retiro

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Un día está en Río de Janeiro, entregándole el trofeo de campeón a Tomás Etcheverry. A las pocas semanas se lo ve en Indian Wells, en un peloteo informal con David Nalbandian que genera nostalgia. Pasan pocos días para que se lo vea en faceta influencer en San Pablo, haciendo videos con Juan Martín del Potro y Andy Roddick. Pero también dos veces por semana se pone los auriculares en la mesa de Andy Kusnetzoff en Perros de la Calle. Y no pasarán tres meses para que los hinchas argentinos se lo crucen en Estados Unidos durante el Mundial, como uno más. Diego “Peque” Schwartzman se retiró hace poco más de un año del tenis profesional, después de una carrera tan meritoria como asombrosa. Con solo 1,70m llegó a ser el 8º del mundo en 2020, y se mantuvo más de cuatro años entre los primeros 20 como contemporáneo de la era dominada por el mejor Big Three de la historia: Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. A los 32 años, podría decirse que su agilidad mental y su velocidad de piernas siguen intactas, ahora para disfrutar su segunda vida y tomarse el tiempo para trazar su futuro personal, familiar y profesional.

-El tenis profesional implica tener una vida muy estructurada. Ahora seguís de acá para allá, vinculado al deporte, ¿en qué formato?

-Principalmente tengo contrato por dos años con Tennis Australia, para desarrollar la relación con los jugadores en seis o siete momentos puntuales del circuito, sobre todo en los torneos de Grand Slam. Reporto al CEO, Craig Tiley, que supo llevar al Australian Open a ser el torneo grande preferido por los jugadores, lo viví en carne propia. En poco tiempo, él se va a trabajar para la USTA [la asociación de Estados Unidos] y veremos qué depara el futuro. Pero hoy estoy muy entusiasmado con el desafío. En paralelo, surgen exhibiciones, clínicas, acciones con marcas, porque soy embajador de Fila y Heineken, y así es que sigo viajando y viviendo el tenis desde otro lugar. No son precisamente ocho horas diarias de oficina, pero es mucho contenido. Sigo también muy conectado con Agustín Calleri y Mariano Zabaleta, que están haciendo un trabajo enorme en la Asociación Argentina de Tenis, y con Pico Mónaco, un hermano, en su evolución como empresario. Siento que me formo y abro puertas para lo que viene, estoy convencido de que van a surgir muchas oportunidades. Hoy sé mucho más del tenis que cuando era jugador: el negocio, el calendario, el prize money, las decisiones que se toman detrás de escena.

Diego Schwartzman en el Argentina Open de 2025

-Hablando de contenido, más allá de tu faceta más formal en la radio, llama la atención tu naturalidad para generar conversación en tus redes. ¿Cómo surgió ese camino?

-La verdad que surgió sola, un poco de aburrido, en las horas libres que tenía después de jugar o entrenarme. Siempre me divirtió mostrar el costado humano que tenemos los deportistas, es algo que [el ex Puma] Agustín Creevy hace de manera espectacular, porque se nota que es fanático de todos los deportes. En San Pablo compartí tiempo con Roddick, que generó un espacio buenísimo en YouTube, desde la sinceridad y un tono que también enseña, y estamos hablando de un tipo que fue número 1 del mundo. Con otro estilo, acá Fede Coria también genera algo muy personal, con vlogs y reacciones a videos. En ese sentido, me gustaría crear un formato informal, que no tenga protocolo, que quede colgado en una plataforma y lo puedas ver en vivo o al día siguiente.

-Hasta ahora sos el último en tu especie, metido tanto tiempo entre los mejores del mundo incluso con tantos centímetros de ventaja. ¿Cómo ves tu carrera hoy en perspectiva?

-Yo arranqué en el tenis profesional sin grandes expectativas, ni en términos deportivos ni económicos: era un jugador más. Después me fue mejor de lo que creía y ese momento se me dio durante la mitad de la carrera, entre los 22-23 años y hasta los 28-29. No es que gané 500 partidos ni muchos títulos (4), pero los años que logré sostenerme arriba lo hice increíblemente bien, sobre todo en los torneos grandes. Son cosas que hoy no dejan de sorprenderme, como haber formado parte desde adentro de la famosa despedida de Federer en la Laver Cup. Como debe pasar en cualquier trabajo, lo que más aprecié fue cómo mis rivales y la gente valoraban mi espíritu competitivo. Viví también el cambio de época, porque también vi surgir y crecer a [Carlos] Alcaraz y a [Jannik] Sinner, que hoy dominan el tenis mundial. Me tocó bajar en el momento que todo deportista empieza a rendir menos, empecé a dejar de disfrutar todo lo bien que hacía adentro y afuera de la cancha. Así fue que al hacer las cosas más tranquilo, empecé a recorrer una pirámide para abajo que no me gustaba. Mientras me autoexigía, también surgían los replanteos internos y las ganas de empezar a disfrutar otra cosa.

El Peque en su faceta radial

-La salud mental es un aspecto cada vez más abordado en el tenis y en el deporte en general. ¿Sentís que ese trabajo cobra mayor sentido en este momento de tu vida?

-La verdad, todo eso siempre tuvo mucho más sentido para la vida que para el deporte. Se entrena para saber controlar las emociones en los distintos momentos de la competencia, pero no tardé en darme cuenta de que era algo que me gustaba y quería sostener en el tiempo, porque me hace bien. Soy una persona que sabe frenar y bajar a tierra, fui aprendiendo a conocer cómo reacciona mi cuerpo. Más allá del trabajo puntual con psicólogos, siempre tuve una especie de consultoría abierta con Estanislao Bachrach. En un momento intentaba leer sus libros y se me hacían demasiado técnicos, entonces desde la pandemia nos mensajeamos por Whatsapp, porque me encanta lo que hace y, sobre todo, cómo lo explica. En este momento la salud mental es claramente un tema muy relevante a todo nivel, en gran medida por el efecto de las redes sociales.

-Con todo ese bagaje acumulado, ¿qué sensaciones y experiencias nuevas fuiste conociendo después de tu retiro?

-Me sigo entrenando y cuidando, porque ahora compito en fútbol amateur con mis amigos, para Bar Kojba. Conocí la nieve y aprendí a esquiar. Los primeros dos días fueron un desastre, parecía que nunca había hecho deporte en mi vida. Pero me encantó. Y lo mejor fue saber que si caía mal con la muñeca no tenía que bajarme de ningún torneo la semana siguiente. Eso fue algo nuevo para mí. También empecé a leer de vuelta, me encantan los thrillers psicológicos. Euge [De Martino, su esposa desde octubre de 2025] es una gran lectora y me estimula. El último que terminé fue La asistenta, de Freida McFadden, que me la devoré en dos o tres semanas, y ahora voy por el siguiente de la misma autora.

-Tenés además una puerta abierta para hablar de cine y series con Ben Stiller. ¿Cómo sigue esa relación?

-Quedó una buena sintonía, nos mensajeamos cada tanto, él es muy fanático del tenis. Nos conocimos en un US Open, después de un partido que perdí con Rafa Nadal en cuartos de final, y a partir de ahí cada vez que yo iba a Nueva York lo invitaba a verme y fuimos formando una relación. Tiene también casa en Indian Wells, nos cruzamos en distintos lugares, siempre alrededor del tenis. Una vez nos juntamos a comer los tres en un restaurante en Nueva York, y me contó que estaba dirigiendo una serie para Apple TV. No me supo explicar de qué iba, me describió algo de un ascensor, algo de ciencia ficción, y yo no le entendí absolutamente nada. Resulta que era Severance y que tuvo muy buenas críticas, y a mí también me encantó.

En su casamiento con Eugenia De Martino

-Siempre que tuviste oportunidad, hablaste maravillas de Buenos Aires y del país. ¿Cómo viene ese redescubrimiento?

-Amo a la Argentina, la cantidad de lugares que tiene, el culto a la vida social, la buena energía que tenemos a pesar de las cosas que nos pasan. La Patagonia me vuelve loco, podría ir con cualquier temperatura, el tiempo pasa en cámara lenta y soy feliz. Mi próxima meta es conocer el Norte, en algún momento programaremos una escapada con Euge. Durante mi carrera tuve oportunidades para hacer base en otros lados, pero siempre elegí quedarme. Eso ayudó a procesar mejor mi decisión del retiro, que me llevó más de un año, y así el traspaso a este momento de mi vida terminó siendo muy natural. Ahora, por supuesto, los dos estamos con ganas de formar familia. Pero todo a su tiempo y atentos a lo que diga la naturaleza.

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