WASHINGTON.– El argumento de Estados Unidos e Israel para lanzar su campaña bélica contra Irán era que si en algún momento la república islámica accedía a un arma nuclear, tendría en sus manos el arma de disuasión definitiva contra futuros ataques. Pero resultó ser que Irán ya tenía su arma de disuasión definitiva: su propia geografía.
La decisión de Irán de empezar a ejercer su control sobre la vía marítima que atraviesa el estrecho de Ormuz –cuello de botella por el que pasa el 20% del suministro de petróleo mundial–, no solo hizo subir el precio de los combustibles, los fertilizantes y otros insumos básicos, sino que trastocó todos los planes de guerra de Estados Unidos e Israel, cuyos funcionarios ahora tienen que desarrollar alternativas militares que les permitan disputarle a los iraníes el control del estrecho.

La guerra ha causado graves daños en la estructura del gobierno de Irán, de su Armada y de sus instalaciones de misiles, pero ha logrado poco y nada para debilitar la capacidad de Irán para controlar el estrecho.
Así que el gobierno teocrático fundamentalista de Irán podría emerger de esta guerra con una idea clara de cómo mantener a sus enemigos a raya de ahora en más, sin importar las restricciones que le impongan a su programa nuclear.
“Ahora todos saben que si en el futuro surge un conflicto, lo primero que hará Irán será cerrar el estrecho”, dice Danny Citrinowicz, exjefe de la rama iraní de la agencia de inteligencia militar de Israel y miembro del Atlantic Council. “Contra la geografía no hay quién pueda”.
En varias de publicaciones en redes sociales del viernes, el presidente Trump dijo que el estrecho –al que en uno de esos posteos se refirió como “estrecho de Irán”–, estaba “completamente abierto” a la navegación, y el ministro de Relaciones Exteriores iraní hizo una declaración similar. El sábado, sin embargo, la Guardia Revolucionaria de Irán sostuvo que la vía marítima permanecía cerrada, lo que sugiere que durante las conversaciones para poner fin al conflicto surgió una división entre los militares y los civiles iraníes sobre ese tema.

La sola perspectiva de que haya minas marinas basta para ahuyentar a la navegación comercial, pero además, Irán tiene medios de control mucho más precisos en el estrecho: drones de ataque y misiles de corto alcance. Los militares y la inteligencia norteamericanas estiman que a pesar de estar en guerra desde hace un mes y medio, Irán aún conserva cerca del 40% de su arsenal de drones de ataque y más del 60% de sus lanzamisiles, más que suficiente para mantener como rehén el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz en el futuro.
Así que reabrir el estrecho, que antes de la guerra estaba abierto, ahora se ha convertido para Estados Unidos en un objetivo central de su campaña militar. Estados Unidos está en situación de debilidad y sus enemigos lo han notado.
“No queda claro cómo será esta tregua entre Washington y Teherán, pero una cosa es segura: Irán tuvo oportunidad de probar su nueva arma nuclear: se llama estrecho de Ormuz y su potencial es inagotable”, escribió la semana pasada en redes sociales Dimitri Medvedev, expresidente de Rusia y vicepresidente del Consejo de Seguridad de ese país.
Ante el control efectivo del estrecho por parte de Irán, el presidente Trump se vio obligado a anunciar su propio bloqueo naval, y días atrás la Armada estadounidense empezó a forzar a los buques de carga a entrar en puertos iraníes tras atravesar la vía marítima.

Irán respondió con indignación, pero también con provocaciones. “El estrecho de Ormuz no es una red social: si alguien te bloquea, no puedes responderle bloqueándolo”, publicó en X una delegación diplomática iraní que viene posteando mensajes sarcásticos desde que empezó la guerra. La disputa por el estrecho ha sido el foco de numerosos vídeos generados por IA que representan a funcionarios norteamericanos e israelíes como personajes de Lego.
De todos modos, el bloqueo impuesto por estados Unidos ha tenido un impacto real. El comercio marítimo representa aproximadamente el 90% de la producción económica de Irán –unos 340 millones de dólares diarios– y en los últimos días ese flujo se ha paralizado casi por completo.
El bloqueo, acto de guerra
Irán considera el bloqueo como un acto de guerra y ha amenazado con atacarlo. Sin embargo, hasta el momento no lo ha hecho, y durante el actual alto el fuego Estados Unidos tampoco ha intentado debilitar el control iraní sobre el estrecho una vez que el conflicto termine.
“Es posible que ambos países vean que existe una oportunidad real para negociar” y no deseen escalar el conflicto en este momento, dijo el almirante Kevin Donegan, excomandante retirado de la flota de la Armada norteamericana en Medio Oriente durante un seminario organizado esta semana por el Instituto de Medio Oriente.

No es la primera vez que Irán intenta bloquear con minas el estrecho de Ormuz, como lo hizo también en el golfo Pérsico durante el conflicto con Irak en la década de 1980. Pero la guerra de minas es peligrosa, y décadas después, Irán ha sabido aprovechar eficazmente la tecnología de misiles y drones para poder amenazar tanto el tráfico marítimo comercial como el militar.
Si bien la guerra entre Estados Unidos e Israel dañó significativamente su capacidad de fabricación de armas, Irán conserva suficientes misiles, lanzadores y drones de ataque unidireccional como para poner en riesgo el transporte marítimo en el estrecho.
Las estimaciones de los militares y espías norteamericanos varían, pero varios funcionarios afirman que Irán posee alrededor del 40% del arsenal de drones que tenía al inicio de la guerra. Esos drones han demostrado ser un poderoso elemento disuasorio, y si bien los buques de guerra norteamericanos pueden derribarlos fácilmente, las defensas de los buques cisterna comerciales son escasas.
Irán también dispone de amplias reservas de misiles y lanzamisiles. Al momento del alto el fuego, Irán todavía contaba con aproximadamente la mitad de sus lanzadores. En los días inmediatamente posteriores, desenterró cerca de 100 sistemas que tenía en cuevas y búnkeres subterráneos, lo que elevó su reserva al 60% de su nivel previo a la guerra.
Irán también está recuperando sus reservas de misiles, igualmente sepultadas bajo los escombros de los bombardeos norteamericanos sobre sus búnkeres y depósitos. Cuando finalice las tareas de remoción, podría recuperar hasta el 70% de su arsenal previo a la guerra.
Las autoridades de Estados Unidos señalan que el recuento de las reservas de armas de Irán no es preciso, y que las evaluaciones de inteligencia solo ofrecen una visión general del poderío que Irán aún retiene. Si bien las estimaciones sobre sus reservas de misiles difieren, los funcionarios norteamericanos coinciden en que Irán posee suficiente armamento como para detener futuros envíos a través del estrecho.
En junio pasado, cuando Israel y Estados Unidos lanzaron una campaña militar para las instalaciones nucleares subterráneas iraníes, el gobierno de Irán optó por no bloquear Ormuz.
Citrinowicz, el exfuncionario de la inteligencia israelí, dice que aquella decisión probablemente fue reflejo de la cautela del entonces líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, quien tal vez temía que el bloqueo del estrecho empujara a otros países a sumarse a la campaña militar contra Irán.
Cuando Khamenei fue asesinado el primer día de la guerra, el régimen iraní entendió que esta vez Estados Unidos e Israel tenían objetivos mucho más ambiciosos. “Irán vio la guerra del año pasado como una guerra de Israel por sus propios objetivos estratégicos”, señala Citrinowicz. “Esta es una guerra de cambio de régimen.”
Traducción de Jaime Arrambide


