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A los 86 años, murió el arquitecto e investigador Ramón Gutiérrez

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Este jueves, a los 86 años, murió el arquitecto, académico e investigador Ramón Gutiérrez, informó su familia. Había nacido el 9 de noviembre de 1939 en la ciudad de Buenos Aires. Egresado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, se destacó como docente e historiador de la arquitectura argentina y latinoamericana. Estaba casado con la arquitecta Graciela María Viñuales y era padre de tres hijos.

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Era miembro de número de la Academia Nacional de la Historia, correspondiente de las Academias de Historia de España, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Brasil, Puerto Rico, Guatemala y Colombia, y académico emérito de la Academia Nacional de Bellas Artes. Por su trayectoria docente, fue distinguido como doctor honoris causa en universidades nacionales y extranjeras; recibió el Premio Nacional a la Trayectoria en Arquitectura del Fondo Nacional de las Artes y el Premio Nacional de Arquitectura. En 2011, se lo reconoció como Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires.

“Es una pérdida muy grande, porque era un referente permanente para nosotros -dice el historiador Sergio Baur, presidente de la ANBA, a este diario-. El miércoles participó en el plenario y prácticamente es el autor de la declaración que difundiremos próximamente sobre la conservación del monasterio e iglesia de Santa Catalina”.

Fue consultor de la Unesco en restauración de monumentos arquitectónicos, director de programas de investigación y restauración patrimonial oficiales en el país y en el exterior, profesor en universidades nacionales y extranjeras, y director de la revista Documentos de Arquitectura Nacional y Americana. En 1995, con Viñuales fundó el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (Cedodal), desde donde promovió la investigación, la conservación documental y la difusión de la arquitectura iberoamericana.

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“Los temas de patrimonio hoy son parte importante en los reciclajes y las refuncionalizaciones. Muchas veces, con un doble discurso: por un lado, se habla de patrimonio y, por el otro, se lo destruye. Hoy es difícil que alguien se oponga a la preservación, pero en la práctica existe no solo la destrucción de edificios, sino también la afectación de áreas urbanas para destinos inapropiados”, dijo en diálogo con LA NACION. Criticó las atribuciones que se habían tomado con piezas del patrimonio cultural argentino presidentes como Carlos Menem y Fernando de la Rúa.

Ramón Gutiérrez con un ejemplar de uno de sus libros,

Alentó la construcción y preservación de archivos de arquitectura desde una perspectiva latinoamericana. “Nuestra idea fue siempre preservar archivos que permitieran, de alguna manera, hacer el recorrido creativo que tuvo el arquitecto, las transformaciones que su propia obra pudo tener y los resultados plasmados en la misma. Entendíamos que el archivo debía ser el elemento básico, pero que al mismo tiempo corríamos un riesgo importante de convertirlo en un simple depósito si no éramos capaces de generar investigación y difusión. Por lo cual, nuestra línea del trabajo con los archivos fue desde un comienzo organizar exposiciones y editar libros”, dijo en una entrevista con la arquitecta Adriana María Collado.

La obra entera de Ramón Gutiérrez, inconmensurable por su alcance, rigor académico y poder de influencia, puede resumirse en una obsesiva indagación sobre la identidad cultural, urbanística, arquitectónica y artística de nuestro continente, desde México a la Patagonia -dice a LA NACION el arquitecto y profesor Alberto Petrina-. Americanista erudito y practicante, sus indagaciones sobre el Barroco mestizo pueden calificarse como definitivas respecto de la matriz europea. Otro de sus aportes fundacionales fue la magistral organización de los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana, que a lo largo de cincuenta años permitieron generar un espacio de reflexión teórico y práctico que establecería una costura de experiencias entre quienes habíamos hecho del patrimonio una elección de vida. Es por ello que el nombre de Ramón significa hoy lo mismo en Buenos Aires que en Ciudad de México, Lima, Quito, La Paz, Santiago de Chile, Bogotá, Caracas, San Pablo o Sevilla: un compromiso permanente e indeclinable con la memoria histórica de nuestros pueblos”.

Su contribución a la construcción de un esfuerzo conjunto entre los países del Mercosur en torno a la preservación del patrimonio construido de las Misiones Jesuíticas-Guaraní, así como sus reflexiones teóricas, es ahora básica para entender esta experiencia patrimonio latinoamericano, que incluye varios bienes inscritos en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO”, publicó en su cuenta de Instagram Icomos Brasil.

Publicó decenas de ensayos sobre arquitectura, urbanismo y evolución histórica de distintas ciudades latinoamericanas, y coordinó y colaboró en tomos históricos de arquitectura y patrimonio cultural.

“El fallecimiento de Ramón deja un hueco difícil de llenar en la historia del patrimonio cultural argentino y latinoamericano -dice a LA NACION el arquitecto e investigador Daniel Schávelzon-. Hombre de una generación en que los compromisos con la cultura significaban una lucha frontal, fue quien generó con un pequeño grupo de colegas una nueva mirada sobre el patrimonio. Dejando de lado la tradición conservadora de estatuas y militares se comprometió en formar grupos de gente joven en las provincias con una mirada diferente: no solo conservar la gran arquitectura sino también la modesta, la popular, los poblados rurales, en una mirada amplia y federal”.

“Sus ideas desde la década de 1960 eran una revolución a la que muchos se opusieron desde la Capital y los organismos oficiales -señala Schávelzon-. Eso le significó años de un exilio que lo llevó a vivir en Resistencia, volcado hacia el continente y viajando país por país en forma sistemática. Sus cursos para la Organización de Estados Americanos en Cuzco fueron fundantes en esta concepción del patrimonio como forma de sostener la identidad, idea también nueva y profunda. Con él, nos formamos una generación entera, tanto en el país como los que estábamos en el exilio, que se expresó con la nueva Comisión Nacional de Monumentos creada por el presidente Alfonsín, dirigida por Jorge Hardoy y encabezada por Ramón y José María Peña. Como fundador del Cedodal, un archivo de escala poco imaginable de planos, fotografías y documentos de arquitectura del continente, puso a la Argentina en el centro de referencia continental en la materia. Hoy, cuando todo eso está en la Biblioteca del Congreso, se ha hecho público una vida de esfuerzo. Su revista Documentos de Arquitectura Nacional y Americana fue señera en esa nueva manera de ver y entender el legado cultural de los americanos de la que hoy descienden docenas de publicaciones”.

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