Dramaturgia textual y sonora: Marcelo Katz, Verónica Grande y Ciro Zorzoli. Dirección: Ciro Zorzoli. Intérpretes: Marcela Guerty, Cecilia Ursi, Emilia Ladogana, Eugenia López, Fernando Morales, Fiamma Carranza Macchi, Gaston Guanziroli, Guadalupe Otheguy, Ignacio Torres y otros. Escenografía: Cecilia Zuvialde. Luces: Eli Sirlin. Sonido: Ernesto Fara y Aníbal Tonianez. Sala: Centro de Experimentación del Teatro Colón (Viamonte 1168). Funciones: el 14 y 15 a las 20.30, el 18 y 19 a las 17, el 21 y 22 a las 20.30, el 25 y 26 a las 17, y el 28 y 29 a las 20.30. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
Hay experiencias artísticas inclasificables. La de A orillas de sí misma es una de esas. Coproducida por Paraíso Club y el Centro de Experimentación del Teatro Colón, el espectáculo explora las posibilidades del teatro sonoro. Y lo hace investigando las formas en que el sonido produce imágenes, sentidos, vínculos, cuerpos y espacios. Es la contrapartida del teatro de la imagen, de gran difusión en estos tiempos de reinado audiovisual. Y es, además, una grata sorpresa.
Se trata de un trabajo de laboratorio, concebido por el reconocido director Ciro Zorzoli (con créditos diversos como las puestas de Estado de ira, El método Grönholm, Las criadas, Tarascones y Esperando la carroza); en base a la novela Arroyo, publicada por la editorial independiente Marciana en 2021, de la prestigiosa actriz Susana Pampín (que ganó popularidad tras interpretar el rol de la madre en la serie Envidiosa). Aquí la voz narradora de la autora aparece reflejada en un ensamble de voces, como si se tratara de una colectiva, tan diversa como cierta. Dieciocho actores y actrices, de distintas edades y procedencias (que a su vez cantan y muy bien), llevan adelante el relato (aunque con Marcela Guerty a la cabeza, como la cronista principal).

La ¿obra? está dividida en diez escenas, una por cada capítulo del libro base. Y abarcan los distintos períodos de vacaciones de la protagonista en el Delta del Tigre, desde enero de 2003 a diciembre de 2018. Durante el transcurso de las distintas estancias (que no se reducen al verano), casi siempre en casas distintas de diferentes arroyos (el Espera, el Caraguatá, el Paraná, el Antequera, el Banco, el Carapachay), se podrá conocer bien a Gaby, una mujer que ama a otra mujer, que mantiene un vínculo fluctuante con su madre y sus hermanas y que, fundamentalmente, siente fascinación por ese paisaje tan natural como impredecible. La atrae tanto la espesura del agua como las distintas aves, plantas y frutos; también los lugareños y sus animales. Todo, absolutamente todo en ese entorno, la seduce y la embriaga.
Lo que a Gaby la conmueve son los pequeños hechos cotidianos de la vida en el Delta: el chapuzón a cualquier hora, la siesta, el ritual del mate, los tramos en kayak, las tormentas eléctricas. Con todo eso, una o dos veces al año, es feliz. Y se olvida de los contratiempos en la Capital.
Durante una hora y media el público aprenderá a entenderla, a aceptarla y hasta vivenciar cada uno de sus estadios. Eso se deberá, entre otros factores, al aspecto inmersivo de la propuesta. Es que los actores/cantantes deambulan por todo el espacio escénico, que incluye los laterales de la platea. Y sus voces retumban por todos lados, como si se tratara de voces internas del personaje que se hacen carne en los espectadores. Por momentos los oídos no alcanzan a incorporar semejante batería de sonidos, semejante riqueza de armonías, consonancias y disonancias vocales. Al igual que la protagonista, uno también termina embriagado (pero no por el paisaje, sino por la enorme variedad sonora). No obstante, el espectáculo también incluye momentos de sosiego y de silencios expectantes, que en general acompañan las instancias nocturnas de la trama.
A orillas de sí misma transforma la voz hablada en materia musical para construir una experiencia de escucha, contemplación e inmersión en un marco donde naturaleza, memoria y tiempo se entrelazan. Invita a suspender la hegemonía de la vista y experimentar la percepción auditiva como un hecho colectivo, como un sonar con otros.
4 stars


