Con cientos de fieles reunidos que se acercaron a rendir homenaje a Francisco a un año de su muerte, hace instantes comenzó en la Basílica de San José de Flores la misa organizada por el Arzobispado de Buenos Aires con motivo del primer aniversario del fallecimiento del papa argentino.
Desde temprano, en la avenida Rivadavia 6950, ya empezaron a congregarse personas para recordar al Pontífice, fallecido el 21 de abril de 2025. Entre los asistentes estuvo Rogersy Zambrano, de la asociación civil Legado de Francisco. “Creemos que Francisco nos dejó un legado para transmitir y vivir. Como escuché hace unos días, jugó un primer tiempo de lujo en esta vida y nos dejó un segundo tiempo para seguir dando batalla”, expresó.

Y añadió: “Nos dejó palabras muy concretas sobre la guerra, el cuidado de la tierra y de los más frágiles. Son mensajes sencillos, pero que nos hacen reflexionar sobre cómo vivimos y cómo pensamos el futuro de nuestro país y del mundo. Siento orgullo. Orgullo de ver tanta gente reunida y, como parte de la Iglesia, de ver que él abrió las puertas a mucha gente que antes estaba alejada. Nos dejó una Iglesia más cercana”.
Desde el Arzobispado explicaron que estimaban una concurrencia a la basílica cercana a las 2000 personas. Debido a la gran convocatoria prevista, se instalaron pantallas en el exterior para quienes no pudieran ingresar. Entre quienes permanecían allí estaba Hugo Edgardo Romo, de 86 años, vecino del barrio. “Yo nací en Flores hace 86 años. Cuando era joven veníamos todos los domingos a la iglesia. Era todo distinto: nos juntábamos con gente mayor y menor, hacíamos sociales y la pasábamos muy bien. Siempre tengo esos recuerdos”, contó.

Y agregó: “Salgo a caminar todos los días, paso por la iglesia. Hoy salí como siempre y me encontré con esta grata sorpresa. Ya sabía que se cumplía un año de la muerte del Papa. Es un acto muy emocionante, porque me trae muchos recuerdos. Y la gente que está acá es gente de buena fe, que viene a agradecer, a pedir. Con la fe podemos tener buenas ideas, ser buenas personas, cuidar a los enfermos, preocuparnos por los más débiles y por quienes no tienen trabajo. En un momento difícil para el país, esto consuela a los que más lo necesitan”.
Sentada en el lado derecho del interior del templo, Maricel Schmit, de 54 años, dijo: “Me alegra ver tanta juventud, porque eso es lo que buscaba Francisco, movilizar a los jóvenes. Y lo ha logrado. Tengo dos hijas adolescentes que lo siguen y lo quieren”.

La misa convocada para las 20 es celebrada por monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires.
El templo fue elegido por su vínculo con el papa Francisco. “Allí descubrió su vocación sacerdotal cuando era joven: en un confesionario sintió el llamado al sacerdocio”, declararon desde el Arzobispado a LA NACION. Y agregaron: “Siempre le tuvo un cariño especial porque se crió en ese barrio y, ya como Sumo Pontífice, envió obsequios para la basílica. Por ejemplo, hay un cuadro que ofreció el Papa Francisco que está expuesto acá”.

“Concédele la claridad de la luz”
El arzobispo de Buenos Aires dijo al comenzar la celebración: “Nosotros creemos en el Dios de la vida, resucitado, el de hoy y siempre con cada uno de ustedes. Confiamos en la vida, en la misericordia de Dios, con la certeza de que Dios nos ama y nos perdona siempre. Nuestro querido papa Francisco siempre decía que Dios no se cansa de perdonarnos, que somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón”.
García Cuerva añadió luego: “Por eso, además, le presentamos el corazón arrepentido. Porque a veces nos cuesta vivir la cultura del encuentro, descubrir que somos hermanos más allá de nuestras diferencias. Porque a veces nos gana la tristeza y no transmitimos un mensaje de esperanza frente a las diferencias. Porque a veces nos gana la cultura de la indiferencia. Dios no se cansa de perdonarnos, Dios no se cansa de perdonarnos. Dios, que es bendito en amor y en misericordia, perdónanos por nuestros pecados”.

También pidió a Dios, en el aniversario de la muerte del papa Francisco: “Concédele a su alma el don de la paz, el gozo del descanso y la claridad de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”.
Entre otras figuras públicas, asisten a la misa el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, y el legislador Leandro Santoro. También, el ex jefe de gabinete nacional, Guillermo Francos.

Más allá de su imponencia habitual, hoy la iglesia se veía un poco distinta. Al ingresar al templo, se podían ver distintos cuadros que tienen a Francisco como protagonista. Al lado del confesionario hay un retrato de Jorge Bergoglio rezando, con la basílica de fondo. En el confesionario, debajo, tanto la silla como el suelo están cubiertos de mensajes dedicados al papa argentino.
Además, se exhibió un solideo de Francisco. “En la basílica hay un solideo blanco suyo. El único que usa solideo blanco es el Papa; los cardenales lo utilizan rojo y los obispos, violeta. El solideo es una pequeña prenda que colocan las autoridades religiosas sobre la cabeza”, indicaron desde el Arzobispado.

Otros homenajes
La misa no es el único homenaje del día. A las 11 se plantó el “olivo de la paz” y se descubrió una placa en memoria de Jorge Bergoglio en la plaza de Flores. Estuvieron presentes el Padre Martín Bourdieu de la Basílica de San José de Flores, junto a Omar Abboud del Centro Islámico Argentina, el rabino Daniel Goldman y Guillermo Marco, que entre los tres forman el Instituto de Diálogo Interreligioso.
El papa Francisco utilizó el olivo como un símbolo de paz, unión y diálogo interreligioso. Desde su etapa como cardenal en Buenos Aires, donde plantó uno en 2000, promovió este gesto, que luego replicó en el Vaticano.
A las 17 se inauguró un mural en su honor en la estación San José de Flores de la línea A, que utilizaba en su juventud. La obra fue realizada por la artista Nora Iniesta y la presentación contó con la presencia del presidente de Subterráneos de Buenos Aires, Javier Ibáñez, y Bourdieu, quien bendijo la obra.
Más tarde, a las 18, se realizó una función especial del espectáculo musical “Francisco, el papa del fin del mundo” en la misma basílica. La puesta incluyó orquesta en vivo y actores, y recorrió la vida de Bergoglio desde su infancia en Flores hasta su llegada al Vaticano. La entrada fue libre y gratuita.


