“Ella transformó la música. Él transformó el cine. Juntos van a reinventar la experiencia de vivir un concierto”. Con esas palabras, acompañadas de imágenes de alto impacto, se presenta el trailer del documental Billie Eilish-Hit Me Hard and Soft: The Tour.
Este jueves 7 llega a los cines en 3D. La película, filmada con cámaras ultra 4k, es el resultado de la unión entre la compositora de canciones como “Bad Guy” y el director James Cameron, reconocido por Terminator (1984), Titanic (1997) o la más reciente trilogía de Avatar. La propuesta promete ser una experiencia cinematográfica sin precedentes en lo que al registro de música en vivo respecta.
Se trata de la tercera película de concierto de Eilish -una por cada gira de los discos que lanzó hasta el momento-, pero es la primera en ser estrenada en la gran pantalla. En julio del año pasado, durante uno de los conciertos que brindó en la ciudad inglesa de Manchester, la californiana de tan solo 24 años anunció que el show estaba siendo filmado “para un proyecto secreto” junto al cineasta canadiense, quien mencionó que la idea de llevarlo a cabo junto a ella “surgió de la noche a la mañana, como un hongo que brota en el patio trasero”.
Cameron, de 71 años, comparte una amistad basada en las prácticas veganas con Maggie Baird, la madre de Billie, la cual funcionó como nexo entre las mentes detrás del ambicioso documental. “Le ofrecí codirigir conmigo porque ella es la artífice de este espectáculo. Si lo ven, les aseguro que es asombroso”, había desarrollado James sobre la protagonista y su gesta. Una yunta que, sorprendentemente, acumula cinco premios Oscar: los tres que tiene el mencionado realizador por Titanic (Película, Director y Edición Cinematográfica) y los dos que ostentan Billie y su hermano Finneas por Canción original, gracias a sus aportes para Sin tiempo para morir (2021, parte de la saga de James Bond) y Barbie (2023).
Distribuida por Paramount Pictures, lo que Billie Eilish-Hit Me Hard and Soft: The Tour ofrece es, principalmente, un registro multicámara de aquellos shows en el Co-op Live Arena de Manchester, los cuales fueron parte de la gira mundial que la cantante llevó a cabo durante más de un año presentando su álbum más reciente, Hit me Hard…, lanzado hace dos abriles.

Un minucioso montaje alterna tomas desde distintos ángulos enfocando a Eilish, su banda y a su joven y fervoroso público a la vez que suenan, casi siempre completas, las canciones que integraron el setlist de la gira, mayoritariamente compuesto por aquellos temas que forman parte de su tercer disco. Entre ellos se destacan “Wildflower” -galardonada en la última edición de los Grammy con el premio a Canción del año- y “Birds of a Feather”, que lideró la lista de canciones más escuchadas en Spotify durante 2024. Dos hermosas piezas que son parte de un LP bastante sólido, emocionante y creativo.
Además de los planos que ponen al espectador en la piel de quien asistió al concierto, el despliegue dispuesto por Cameron es tal que, por ejemplo, nos es posible ocupar momentáneamente el punto de vista de Billie gracias a la cámara integrada a su holgado vestuario o a la que ella sujeta por momentos para filmarse a sí misma y al público, mientras recorre el extenso escenario ubicado en el centro del recinto.
Es con su monumental armado que inicia el documental, mostrando en un breve lapso la cantidad de personas, pantallas y conexiones que se requieren para llevar a cabo un espectáculo de semejante magnitud. Un espectáculo que, dicho sea de paso, está ideado principalmente por su protagonista. Basta con un breve plano de las notas del teléfono de Eilish para darse cuenta de que está en todo, y la sucesión de tomas posteriores con la autora de “Ocean Eyes” en modo productora de cada aspecto de su show se ocupan de confirmarlo.
Ser una popstar puede requerir bastante más que carisma y una linda voz, en especial si hay una visión artística detrás de las canciones. Existir en el mundo como una de las solistas más interesantes del mainstream es un trabajo a tiempo completo. Y vaya si la película quiere que lo notemos, mostrándonos a la estadounidense vendándose un casi perpetuo esguince mientras realiza ejercicios por Facetime con su coach vocal.

Durante más de un momento la cobertura del concierto da lugar a pequeñas escenas más íntimas, donde la Billie artista puede tomarse un respiro y mostrar a la veinteañera sensible y reflexiva que responde con mucha elocuencia a las preguntas que le hace, cámara en mano, el propio Cameron. O bien pasajes con algo más de fervor, en donde la vemos atravesando algún que otro momento algo estereotípico de la estrella amada por sus fans. Los merece.
Son esos mismos fans quienes también tienen su porción del film para remarcar el efecto positivo que generó la irrupción de Eilish en la escena y en sus vidas desde hace casi una década. Ella valora esos gestos y sabe ponerse en el lugar del otro: “Quiero ser una artista de la que me gustaría ser fanática” dice, cerrando una extensa respuesta.
Quizás esta película sea sobre todo para ellos, para aquellos en los que las -no tan livianas- canciones de la artista resuenan con más fuerza. Pero tal vez no, y se trate de una película que todo amante de la música -y de la impronta de Cameron a la hora de filmar- puede disfrutar, ya que la síntesis máxima que alcanza la experiencia es encapsular por qué vale la pena ir a escuchar música, qué hay en esa vivencia que al irnos nos deja en un lugar mejor del que estábamos al llegar. Los dos artífices del proyecto consiguen generar eso: ganas de ir a un recital inolvidable.


