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Cartas de lectores: ¿Estamos enseñando a pensar?; adversarios, no enemigos; Adorni

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Carta de la semana

¿Estamos enseñando a pensar?

Como ingeniero y profesor, veo en tutorías de secundaria y universidad que muchos alumnos estudian, pero no aprenden a enfrentarse a lo desconocido. Si aparece un ejercicio diferente, se bloquean. El sistema los acostumbró a que memorizar una receta es más seguro que razonar. Comprender es distinto a memorizar. Necesitamos jóvenes que pregunten “¿por qué?” o “¿hay otra manera?”, y docentes que respondan “mostrame cómo lo pensaste”. Enseñar no es lograr que el alumno llegue hasta donde llegó el docente, sino desarrollar un “músculo mental” para ir más lejos. Si encuentra un camino inesperado, eso no disminuye al profesor, lo enaltece. Hoy los datos obligan a mirar el problema: según Argentinos por la Educación, de cada 100 alumnos que iniciaron la primaria en 2013, solo 10 terminaron la secundaria a tiempo y con saberes satisfactorios. Contener es vital, pero no reemplaza el enseñar.

Frente a la inteligencia artificial, la paradoja es absoluta. El operativo PISA sumó el dominio “Aprendiendo en el Mundo Digital” porque el desafío no es si usarán tecnología, sino qué harán con ella. Cuanto más fácil es obtener una respuesta automática, más crucial es la capacidad humana de verificar si es correcta. El verdadero reto es que vuelvan a querer comprender. La educación no debe formar personas acostumbradas a obedecer respuestas, sino capaces de construirlas.

Ricardo H. Caroprese

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Adversarios, no enemigos

Saber distinguir entre adversario y enemigo es esencial para la convivencia. El adversario se opone, compite y defiende intereses diferentes, pero reconoce la legitimidad del otro. El enemigo va más allá: necesita su daño o su fracaso. La democracia necesita adversarios. Sin ellos no hay debate, alternancia ni control del poder. Pero, ¿qué ocurre cuando una fuerza política desea que fracase un gobierno, aun cuando ese fracaso perjudique al país? Más que preguntarnos si el peronismo es enemigo o adversario, deberíamos juzgar conductas concretas de dirigentes como Kicillof, Kreplak y tantos otros. Criticar, controlar y oponerse es legítimo y necesario. Otra cosa es procurar el fracaso del adversario cuando sus consecuencias las paga toda la sociedad. La diferencia importa: el adversario quiere derrotarnos en las urnas; el enemigo busca nuestra derrota aun a costa del bien común.

En democracia, al adversario se lo enfrenta con ideas, votos y leyes. Cuando convertimos al que piensa distinto en enemigo, dejamos de discutir quién tiene razón y empezamos a discutir quién tiene derecho a pertenecer.

La democracia necesita adversarios. Cuando necesita enemigos, deja de tener sentido.

Fernando J. Bustillo

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Adorni

Nos han repetido en diversas oportunidades que los jueces se pronuncian a través de sus sentencias . El silencio en el caso Adorni es vergonzoso. Tanto los jueces como el Presidente, “su” vicepresidente Karina Milei y el ministro de Justicia, guardan prudente silencio. El tiempo pasa. El olvido y el devenir de nuevos acontecimientos son sus aliados. El entretejido en el que se encuentra trabajando Adorni, parece que le va a dar resultado. Y nada cambia. Se repite , lamentablemente, la historia de la falta de una sanción ejemplarizadora.

José María Ugarte

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Justicia laboral y empleo

Nadie discute que el trabajador debe estar protegido. Pero protegerlo no debería significar presumir que siempre tiene razón. Una demanda con hechos discutibles o falsos puede transformarse, después de años de litigio, en una condena millonaria. Y si además se embargan las cuentas de una pyme, el daño puede alcanzar a trabajadores que nada tienen que ver con el juicio: salarios que no pueden pagarse, proveedores que quedan sin cobrar y una empresa que puede terminar paralizada. Entonces, ¿quién protege al que genera empleo? Hay otra pregunta incómoda: ¿cuántos jueces de quienes toman estas decisiones judiciales alguna vez tuvieron que arriesgar su patrimonio para generar un puesto de trabajo? Es muy fácil disponer sobre recursos ajenos. Mucho más difícil es crear esos recursos. La Justicia laboral debe proteger al trabajador, pero también debe valorar rigurosamente la prueba, sancionar el fraude y medir las consecuencias económicas de sus decisiones. Porque destruir una empresa no es hacer justicia social: es destruir una fuente de trabajo. Cuando la Justicia deja de buscar equilibrio y se convierte en un factor que desalienta la creación de empleo, termina contribuyendo al fracaso económico que pretendemos evitar.

Jorge Carbi Haubold

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Maniobra

La patética conferencia de los abogados de la condenada Cristina Kirchner fue simplemente para darle un poco de centralidad en el ámbito interno frente a las próximas elecciones, la ridiculez “Cristina candidata “ es para condicionar obviamente a su adversario Kicillof y darle algo más de aliento a sus fanáticos militantes. Apelar su condena ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es un inútil “operativo clamor”. Los juristas más prestigiosos dan por hecho que es un disparate, “no se puede dar marcha atrás lo actuado por la justicia argentina“. La expresidenta lo sabe e insiste con su maniobra especulativa, lo que sigue siendo una evidencia del desprecio y desinterés que tiene por las instituciones, la justicia y los argentinos.

Alberto Díaz

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Valor simbólico

La medida tomada por el gobierno nacional respecto de Malvinas en cuanto a hacer efectivas las sanciones a empresas que operen ilegalmente en las islas es menos importante que el valor simbólico que tiene la medida desde el punto de vista de reivindicación de nuestra soberanía.

Juan Peña

penapirovano5@gmail,com

La paradoja de la IA

“Si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo”. La sentencia pronunciada por la criatura ideada por Mary Shelley, en su libro Frankenstein, podría ser el título perfecto para una crónica contemporánea sobre la Inteligencia Artificial. Estos Prometeos del siglo XXI han comenzado a formular en público sus advertencias más sombrías: aquellas que prevén la pérdida del control humano sobre su propia obra. Sam Altman, de OpenAI, ha llegado a admitir que «el mundo hace bien en tener miedo», mientras Dario Amodei, de Anthropic, aboga tardíamente por desacelerar el avance de los modelos de frontera ante el riesgo de una automejora recursiva descontrolada. Elon Musk suele advertir que la IA tiene el potencial de actuar como un “dictador inmortal” o provocar un escenario de superinteligencia incontrolable. La paradoja es tremenda: ¿quién se atreverá a frenar primero en frenesí competitivo entre demiurgos corporativos occidentales y orientales? Mientras el mercado y, por qué no, la geopolítica empuja hacia adelante, la criatura cobra una autonomía imprevista. Frente a la envergadura de estos artefactos fascinantes y aterradores, el viejo monstruo de Frankenstein nos parece hoy una criatura entrañable, casi ingenua.

Humberto Solá

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¿Y la injusticia?

Como dijo Max Aguirre en su tira cómico-filosófica del jueves pasado, en el futuro se habrá acabado la injusticia, porque los argentinos ya se habrán ocupado de acabar con la Justicia. Para muestra bastan cuatro botones: Sergio Schoklender, quien con Bonafini robaron muchos millones de dólares, fue condenado a dos años y ocho meses de prisión en suspenso (¡Sí, el mismo que mató a sus padres!). Cristina Fwrnández de Kirchner cumple su condena firme por corrupción, en un departamento super lujoso mientras espera más condenas. Luis Juan Donocik, oficial de la Policía Federal, continúa detenido pese a haber cumplido su condena por supuestos delitos de lesa humanidad (¿o inhumanidad?) porque los jueces Hornos, Borinsky y Carbajo consideran que no se arrepintió, como si esto fuera una condición sine qua non. ¡Cómo puede pretenderse su arrepentimiento por haber cumplido con su deber de combatir a la subversión para salvar a su patria de ese flagelo! Jaime L. Smart está por cumplir 91 años y sigue en detención, acumulando y esperando más condenas , también de lesa inhumanidad, pese a ser inocente, siendo su “pecado” haber juzgado en derecho a los terroristas durante los 70’, cumpliendo con la ley.

Enrique Munilla

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Av. Juan B. Justo

En diciembre pasado se iniciaron obras en la Avda. Juan B. Justo y no solo aún no están terminadas sino que se producen cada día más taponamientos, por los trabajos no concluidos y por nuevos emprendimientos. Los colectivos deben salir de su carril central y circular (en algunos tramos) por los destinados a autos y camiones, lo cual, sumado al mal estacionamiento, hace de la avenida una verdadera pista de obstáculos.

Miguel A.Di Pietro

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