Buenos Aires, 29 septiembre (NA) — Svetlana Komkova, una de las mujeres imputadas por presunta trata de personas en la investigación judicial que involucra a Konstantin Rudnev, aseguró que, después de casi dos años, sigue sin comprender por qué debe permanecer en la Argentina.
“Yo soy turista, nunca cometí ningún crimen”, afirmó en una entrevista con el programa “Tiempo de Policiales”, emitido por ATP Stream y según supo la Agencia Noticias Argentinas.
La imputada sostuvo que el paso del tiempo no hizo más que reforzar sus críticas a la investigación: “Ya va a ser un año y medio, ya va a ser casi dos años y nada cambia. Me parece que si hubiera algo realmente tan grave como trata de personas seguramente ya hubieran descubierto algo, al menos una víctima”.
Komkova remarcó que el expediente está “armado” y aseguró que sus consecuencias personales le impiden tomarlo con liviandad.
“Podría hasta reírme de esto si esto no implicara tanto en mi vida”, señaló, al describir el impacto que la causa tuvo sobre su situación económica, laboral y familiar.
La mujer afirmó que perdió la posibilidad de regresar al país donde residía y que quedó separada de sus familiares y afectos.
“No entiendo cómo algunas autoridades sienten que tienen derecho de simplemente robar la vida de alguien”, sostuvo.
Asimismo, agregó: “Me quitaron del país donde yo vivía, de mi familia, de mis parientes, de mi trabajo, quitaron todo mi dinero, quitaron todo de mí”.
“Estoy forzada a vivir en Argentina. Quiero volver a vivir con mi familia, quiero regresar a mi vida. ¿Por qué sienten que tienen derecho de hacer esto con mi vida?”, reclamó.
Su testimonio se produce mientras continúa sometida al proceso judicial iniciado en Bariloche, en el que sostiene su inocencia frente a la acusación.
Komkova tuvo además un rol particular en los hechos que dieron origen a la investigación, ya que acompañó a Elena Makarova, la mujer a quien la acusación del Ministerio Público Fiscal considera presunta víctima.
Durante la entrevista recordó lo ocurrido en torno al nacimiento del hijo de Makarova y las dificultades que, según aseguró, enfrentaron para abandonar el establecimiento sanitario.
Svetlana Komkova aseguró que en el hospital Ramón Carrillo de Bariloche la enfermera Jessie Cortez Alvarado les dijo que el bebé no sería entregado a su madre mientras no se presentara el padre.
“Siempre lo decía: que si no iba el padre, no le entregarían el bebé”, y explicó que esa advertencia “sonaba como una amenaza que asustó mucho a Elena Makarova”.
Según su relato, aquel episodio resultó determinante porque las mujeres, extranjeras y sin pleno dominio del castellano, interpretaron que existía un riesgo concreto de que Makarova no pudiera retirarse con su hijo.
Komkova cuestionó además que la fiscalía de Bariloche haya ignorado el episodio de la enfermera Cortez Alvarado a pesar de que ella misma en una audiencia reconoció el episodio y dijo “´he faltado a la verdad´”.
Asimismo, la imputada describió una dinámica que, a su entender, buscaba marcar la superioridad de los funcionarios sobre las detenidas.
“La manera con la cual la Policía Federal me trató parecía un trato para exponer su autoridad dominante sobre alguien”, afirmó.
Entre los episodios que relató, recordó que antes de una extensa audiencia preguntó si podía comer algo y que una integrante de la fuerza le respondió, según su testimonio, que “en Argentina se come dos veces por día”.
Contó además que en otra ocasión una audiencia se prolongó durante alrededor de 13 horas y terminó cerca de las dos de la madrugada.
Además, aseguró que a las detenidas les ordenaron realizar tareas de limpieza en dependencias policiales.
Explicó que ella limpió un pequeño sector utilizado como oficina, mientras otras mujeres debieron ocuparse de distintos espacios, y apuntó especialmente contra una integrante de la fuerza que, según dijo, ejercía una fuerte presión psicológica sobre ellas.
“Era una joven muy grosera. Nos demostraba mucho su superioridad de todas las formas”, recordó.
Para Komkova, esa actitud no se limitaba a las órdenes impartidas, sino que formaba parte de un clima general de presión durante todo el tiempo que permanecieron privadas de su libertad.
La mujer remarcó asimismo las dificultades derivadas del idioma, ya que varias de las ciudadanas rusas investigadas no hablaban español, lo que complicó en un primer momento la comprensión de los procedimientos, las órdenes y las acusaciones.
A su juicio, la combinación de detención, desconocimiento del idioma y distancia de sus familias agravó la situación de vulnerabilidad que atravesaron.
La causa, que se encuentra bajo la investigación del fiscal federal Fernando Arrigo, reúne a más de 20 imputados, todos acusados por el delito de trata de personas.
El expediente avanza, sin embargo, en un contexto que alimenta los cuestionamientos de las defensas: Elena Makarova, a quien la acusación señala como presunta víctima, declaró en Cámara Gesell que no es víctima de nada ni de nadie, y hasta el momento para los abogados de los acusados, después de un año y medio de investigación, no se dieron a conocer pruebas que acrediten la existencia del delito investigado.
Agencia NA


