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Cómo disfrazar la realidad: Canadá y Bosnia mostraron la otra cara del Mundial multitudinario

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La hipertrofia de un torneo tiene necesariamente dos caras. Por un lado, amplía la cantidad de gente feliz. Son los hinchas de equipos -o selecciones- que pueden hacerse un hueco en competencias que, si se midieran por términos de calidad, les serían inaccesibles. En definitiva, aumentar las ilusiones en un mundo cada vez más complejo no deja de ser un bonito gesto de bondad y empatía (y al mismo tiempo un mecanismo para generar cada vez más negocio, pero ese es otro tema). Pero por lado puramente futbolístico el resultado, en cambio, es un descenso del nivel futbolístico medio, como bien sabemos en Argentina.

El Mundial creció en tamaño, pero da la sensación de que se achicó en el juego. Canadá y Bosnia Herzegovina presentaron sus credenciales en Toronto con la voluntad, el entusiasmo y el fervor que se les suponía, pero también con el poco vuelo y la profusión de errores de todo tipo que cabía imaginar.

La segunda ceremonia de inauguración, casi tan poco estimulante como la que organizaron los mexicanos, marcó la línea de lo que iba a ser la tarde a orillas del lago Ontario. Le pusieron ganas los danzantes que pretendieron rescatar por unos minutos las culturas ancestrales del país; fueron correctas las sucesivas presentaciones de cantantes y bailarines, pero para generar emoción a la fiesta le faltó el mismo aire que al inflable que representaba la copa del mundo (no hubo modo de levantar los brazos de las figuras que rodean el globo terráqueo). Más o menos como al partido que siguió a continuación.

Facundo Tello, de muy buena tarea

Canadienses y balcánicos sumaron un puntito que posiblemente no les venga mal para atravesar la primera etapa. Además, para los locales significó el primero en un Mundial después de dos participaciones coleccionando derrotas; y para los bosnios, estirar a seis la racha de empates consecutivos. Fuera de estos detalles, ninguno de los dos fue merecedor de una nota que superase el aprobado por los pelos.

El equipo que dirige Sergej Barbarez no le escapa al prototipo del Este europeo. Futbolistas físicamente potentes, altos, difíciles de superar en el cuerpo a cuerpo, y disciplinados para mantener el orden sin la pelota. Sus problemas suelen surgir cuando el instrumento en cuestión les cae en los pies. El planteo es muy simple: agruparse en su campo, robar el balón -o esperar que el rival se lo regale- y correr hacia adelante lo más rápido que se pueda.

Facundo Tello le muestra amarilla a Luc de Fougerolles

El objetivo buscado, más que marcar un gol con esa fórmula (Ermedin Demirovic desperdició la única ocasión creada a partir de un pase largo), es conseguir un córner o un lateral en ataque que permita a los más fornidos sacar ventajas en las alturas. Barbarez se guardó en el banco al legendario Edin Dzeko para ubicar en su lugar a Jovo Lukic, máximo artillero de la liga rumana esta temporada. Antes del cuarto de hora, el jugador del Universitatea Cluj -198 centrímetros de talla- ya les había ganado dos veces a los defensores locales. La tercera fue la vencida: a los 20, Sead Kolasinac peinó un córner en el primer palo, y a dos pasos de la línea, Lukic metió el frentazo para el 1 a 0.

El más norteño de los organizadores de este singular Mundial tiene otras características. La principal es la velocidad. Alguien habrá pensado que alcanzar las líneas contrarias en el menor tiempo posible sería un buen método para disimular la escasez de talento, y los jugadores responden al toque del tambor para lanzarse hacia el arco contrario sin caer en la cuenta de que, sin la capacidad técnica suficiente, el exceso de rapidez lleva indefectiblemente al error en la precisión, y tampoco soluciona nada.

Jovo Lukic, el grito de gol de Bosnia

Sí es verdad que no se le puede discutir a la selección canadiense ni el empeño ni la persistencia. Insistió sin desmayo en alcanzar el empate; lo merodeó en un par de ocasiones -un rechazo apurado de Kolasinac se estrelló en el travesaño y Nikola Katic salvó en la línea un cabezazo picado de Tani Oluwaseyi-, y lo logró cuando el técnico Jesse Marsch puso sobre el césped a Cyle Larin. En la primera pelota que tocó, el hombre del Southampton inglés recibió en la puerta del área, se acomodó la pelota, giró, remató de derecha y con la ayuda de un desvío hizo gritar a su gente en las tribunas. Incluso pudo llevarse un premio mayor cuando en el minuto 95 Tarik Muharemovic le bloqueó al propio Larin un disparo con aroma a gol.

Canadá debutó por partida doble, en ambos casos con idéntica calificación. Como sede de una Copa del Mundo con una ceremonia que no quedará en la memoria; y en el juego con una actuación que, si bien no augura grandes proezas, al menos no terminó en derrota. Bosnia cumplió paso a paso con el plan previsto: no se achicó de entrada, hizo un tanto de cabeza, y corrió y se defendió hasta donde pudo. Tampoco perdió, y eso ya es bastante.

Canadá y Bosnia igualaron 1-1 en Toronto con un gran arbitraje de Facundo Tello- RESUMEN DEL PARTIDO

Facundo Tello fue el participante argentino en el estreno canadiense y la suerte jugó a su favor. La correcta tarea que completó el árbitro bahiense estuvo a punto de emborronarse en una sola jugada. A los 3 minutos del segundo tiempo, el arquero bosnio Nikola Vasilj salió con excesivo ímpetu al vértice izquierdo del área, rechazó con los puños y con el impulso le pegó en la cara al canadiense Tani Oluwaseyi en una acción que recordó a la célebre de Manuel Neuer con Gonzalo Higuaín en la final de Brasil 2014. Tello no cobró nada pese a las protestas locales, pero lo salvó la campana. El delantero local había arrancado en offside, lo que anuló todo lo que sucedió después y permitió al árbitro argentino firmar su debut en el Mundial sin verse envuelto en polémicas.

En los torneos hipertrofiados hay equipos que conocen de antemano un futuro tan limitado como su fútbol. Si estar en un Mundial es el premio en sí mismo, un 1 a 1 en el estreno es el bonus track que permite prolongar unos días más la ilusión de su gente. Más que suficiente para sentirse satisfecho.

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