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Cómo invertir después de los 50 para construir un fondo de jubilación

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Cruzar el umbral de los 50 o 55 años sin un plan pensado estratégicamente para el momento del retiro es un motivo frecuente de estrés financiero. Es ese punto de inflexión donde el fin de la carrera laboral ya se percibe más cerca e inevitablemente los cálculos copan escena. ¿Cuánto gano hoy?, ¿cuánto cuesta mi estándar de vida actual?, ¿cuánto recibiría de la seguridad social si me jubilara hoy?.

Muchas preguntas. Casi una sola respuesta. La jubilación no será suficiente. Y ahí quien no tenga “plan B” -entendido como capital suficiente para complementar con renta pasiva- se topa con el problema del tiempo: hacer un fondo de retiro con solo 10 o 15 años de plazo (hasta los 65) es mucho más costoso que si la estrategia se hubiera arrancado a los 40.

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Toca buscar salida de emergencia. “A los 50 o 55 años, el factor tiempo ya no es el aliado ‘infinito’; que tiene alguien de 20, pero definitivamente todavía se está a tiempo armar distintas estrategias. Muchos están en la etapa de ‘más capacidad para generar ingresos’, y eso es una ventaja competitiva”, dice Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL y subraya de inmediato que ese ahorro no puede ser ni azaroso ni debajo del colchón. “La clave acá es acelerar la eficiencia de cada dólar invertido”, asegura.

“A esta edad, el ahorro debe ser ‘agresivo’”, postula Vlassich. “Si antes se ahorraba el 10% del ingreso, a los 50 el objetivo debería ser acercarse al 20% o 30%, aprovechando que usualmente los gastos familiares (hijos, por ejemplo) empiezan a disminuir”, define.

El sistema previsional argentino aparece en el puesto 51° sobre 52 países evaluados por Mercer en el Índice Global de Pensiones 2025. El problema principal es que el sistema cuenta con solo un aportante cada 1,7 jubilados cuando a escala global -quiénes están mejor rankeados- la relación aceptable es de 3 a 1.

“Llegar a los 50 sin un plan de retiro consolidado no es una rareza: es la realidad para millones de argentinos. Y también es el momento en que la pregunta que se postergaba durante años ya no puede esperar más. La buena noticia es que siempre estamos a tiempo para empezar, aunque el margen para improvisar se achicó bastante”, reflexiona Paula Spitaleri, directora de Balanz Academy.

En la misma línea, Flavio Castro, Asset Management de Criteria, destaca la importancia de no quedarse de brazos cruzados. “Desde ya que no está todo perdido para alguien de entre 50 y 55 años. Si bien planificar el retiro puede resultar abrumador por la presencia de factores que escapan a nuestro control. La clave está en enfocar nuestros esfuerzos en aquellos aspectos que sí podemos manejar. El verdadero punto de partida está en tomar control de lo que sí depende de nosotros: maximizar el ahorro, gestionar los gastos y diseñar una estrategia de inversión diversificada”, asegura el analista.

Factores de riesgo

Entre otros factores que afectan al haber jubilatorio vale destacar que en el rango de empleados con mayores sueldos, autónomos y monotributistas el aporte mensual es muy inferior al que correspondería por el ingreso real. Esto obliga a ser doblemente previsores a este segmento para poder cubrir el gap.

Cómo calcular cuánto dinero necesitamos, lo explica con una fórmula fácil de aplicar Paula Spitaleri. “Existe una referencia internacional ampliamente usada para estimar cuánto capital se necesita acumular: llegar a la edad de jubilación con 25 veces tus gastos anuales”.

¿Por qué 25? Porque esa cifra permite hacer retiros del 4% anual sin descapitalizar la cartera. Descapitalizar significa consumir el capital en sí —no solo los rendimientos—, hasta que eventualmente se agota. “Evitarlo es el objetivo central: que el dinero no solo dure, sino que siga creciendo mientras se lo usa”, apunta.

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Un ejercicio hipotético es si estima que se necesitá el equivalente a US$1400 mensuales para vivir o suplementar la jubilación del estado -lo que suma US$16.800 anuales-, el objetivo de capital sería US$420.000. Puede parecer un monto demasiado grande o demasiado lejano, pero conocerlo es el primer paso para construir el camino. Cualquier cifra intermedia también va a ayudar a mejorar la situación, con lo cual hay que evitar el “si no llego a eso no hago nada”.

“Lo fundamental es seleccionar instrumentos acordes al contexto de mercado y al nivel de riesgo que cada inversor está dispuesto a asumir. En líneas generales, las personas mayores de 50 años suelen presentar un perfil de inversión entre conservador y moderado”, define Milo Farro, research en Rava, pero advierte rápidamente: “la definición del perfil de riesgo no depende únicamente de la edad, sino también de variables como los objetivos financieros, el patrimonio acumulado y el nivel de ingresos disponibles”. Dicho de otro modo si un individuo de 50 años quiere llegar a un fondo determinado (objetivo) en 10 o 15 años probablemente debería asumir más riesgo. “A la hora de construir una estrategia de inversión, es posible combinar instrumentos de renta fija y renta variable (acciones o cedears), e incluso incorporar estrategias de DCA (dollar cost averaging)”.

Para la renta variable, es decir las acciones, Farro propone “para perfiles conservadores o moderados con horizonte de largo plazo, compañías defensivas como Microsoft y Visa representan alternativas por la solidez de sus negocios y generación de caja. Para inversores con mayor tolerancia al riesgo, las empresas vinculadas al desarrollo de Vaca Muerta continúan mostrando potencial de crecimiento, destacándose Vista Energy, YPF y Pampa Energía”.

Cuestión de plazos

En estos perfiles más 50, “el objetivo es construir una cartera que rinda entre un 6,5% y un 7% anual en dólares en términos reales —es decir, descontada la inflación en dólares”, dice la ejecutiva de Balanz “La referencia histórica más usada es el S&P 500, el índice que agrupa las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. Su rendimiento promedio histórico ronda el 10% anual en dólares nominales, o aproximadamente el 7% en términos reales”. Tener en cuenta que esos rendimientos son históricos y los mercados tienen años de ganancias mayores pero también años en rojo. Cuando el plazo es menor, ese es un desafío (y un riesgo) importante a poner en la mesa de análisis y decisiones.

Balanz propone una cartera equilibrada para este perfil combina, la renta variable S&PP 500 vía cederas en la Argentina que aporta el motor de crecimiento de largo plazo, con renta fija en dólares (bonos del Tesoro, ON corporativas), que funciona como el ancla de la cartera y reduce la volatilidad. La distribución de referencia suele rondar entre 60/40 o 65/35, donde entre el 60% y el 65% de la cartera se destina a renta variable y el 35% o 40% restante a renta fija, ajustándola según la tolerancia al riesgo de cada persona y los años que falten para el retiro.

“Si la persona se jubila a los 65 y vive hasta los 90 o más —lo que estadísticamente es cada vez más probable—, el dinero tiene que durar 25 o 30 años. Con una cartera que rinda por encima del 4% anual, los retiros se financian con los rendimientos y el capital se mantiene o crece”, remarca Spitaleri

Damián Vlassich, estratega de IOL, es muy claro respecto a qué privilegiar según el “momento” de cada individuo +50. Si ya hay un fondo armado “la cartera entra en una etapa de crecimiento moderado con foco en preservación del capital ya que a esa edad no podemos permitirnos una caída del 50% del capital sin tiempo para recuperarnos”

“Mi recomendación es privilegiar la generación de flujo (renta) y la diversificación global”, define. Sugiere Obligaciones Negociables de empresas líderes que pagan cupones en dólares y dan previsibilidad, y bopreales o bonos soberanos (según perfil) para capturar rendimientos que ofrece hoy la curva argentina en dólares, siempre ajustando el porcentaje según la tolerancia al riesgo local.

Para el porcentaje de renta variable los clásicos índices de Estados Unidos: SPY o QQQ y un plus de crecimiento con acciones de Brasil. “A los 50 años, todavía necesitamos que una parte de nuestra cartera ‘corra’ a la velocidad de la innovación global para asegurar que el capital no se estanque. Ahí incluir el EWZ (Brasil) permite capturar el ciclo alcista de las materias primas (petróleo con Petrobras y minería con Vale) y diversificar el riesgo respecto a las empresas tecnológicas de Estados Unidos”, propone. “Es una forma de tener exposición a activos reales y tangibles que suelen actuar como cobertura ante escenarios de inflación global”.

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