La noche del 7 de abril de 1989 encalló el submarino nuclear K-128 Komsomolets en un archipiélago noruego. Se trataba de un transporte soviético que tenía como fin supervisar y vigilar las aguas dentro de su órbita y las del otro lado del Telón de Acero. De acuerdo a un reciente informe de las autoridades del país escandinavo, el casco todavía sigue liberando radiación.
El submarino está a casi dos kilómetros de la superficie y, de acuerdo a la investigación que llevó a cabo un grupo de científicos de la Universidad de Berkeley, en California, detectaron que su reactor emite radionucleidos. Aunque aseguraron que no afectaría al ambiente marino, la comunidad teme que no sea así.
La historia del submarino K-128 Komsomolets
El sumergible nuclear es un vestigio de la Guerra Fría. Este modelo fue el único que se fabricó durante ese período y tenía características particulares, como un casco interior y exterior de aleación de titanio, que le permitía alcanzar profundidades inaccesibles para cualquier otra embarcación de su época.
Desde el medio estatal alemán DW indicaron que su historia terminó el 7 de abril de 1989. Un incendio en el compartimento trasero se transformó en un soplete alimentado por el aire comprimido de una tubería rota. De los 69 tripulantes, solo 27 sobrevivieron. Y lo que quedó en el fondo del mar no fue solo un naufragio, sino el inicio de un riesgo radiactivo a largo plazo.
Luego de la localización del submarino, diferentes buques analizaron desde la superficie su estado, hasta que en 2019 el ROV Ægir 6000 descendió los casi dos kilómetros y recogió agua, sedimentos y organismos marinos, y documentó el estado del submarino con sonar y video.

Las cámaras permitieron registrar el escape de radiación a través de una ventilación del reactor y una estructura metálica adyacente. El estudio arrojó que no eran continuas estas fugas, sino intermitentes.
La Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega y el Instituto de Investigación Marina son los encargados de vigilar al submarino y analizar si el porcentaje de radionucleidos liberados aumenta.
Los investigadores del estudio concluyeron: “Las emisiones del reactor se produjeron durante más de 30 años, pero hay pocos indicios de acumulación de radionucleidos en el entorno cercano al submarino, ya que los radionucleidos liberados parecen diluirse rápidamente en el agua de mar circundante”.
Otro peligro inminente son las dos ojivas nucleares que quedaron atrapadas en sus torpedos. En 1994, Rusia llevó a cabo un trabajo exhaustivo para cubrir las zonas sensibles del sumergible, con el propósito de evitar una fuga y rápida erosión del armamento. Aunque confirmaron que no existen mayores riesgos, el temor de que pueda empeorar mantiene en vilo a las autoridades escandinavas y a su población.
Debido a la complejidad y los gastos para desmantelar el sumergible y la amenaza que representa, se decidió dejarlo en reposo en el lecho marino.


