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Conrado Estol, neurólogo: “El ACV no es un accidente: es el tiempo biológico haciéndose visible”

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Conrado Estol no necesita presentación formal: tiene más de 1,8 millones de seguidores en instagram y es un referente indiscutido en salud, bienestar y longevidad.

En una charla con LA NACION el médico, pionero en el desarrollo del primer tratamiento de accidentes cerebrovasculares y fundador de la primera Unidad de ACV en la Argentina, anticipó algunas de las claves que compartirá en el Bienestar Fest. Se trata del festival de bienestar más importante de bienestar en la Argentina, organizado por LA NACION y OSDE, que tendrá lugar el 24 y 25 de octubre en el Hipódromo Palermo.

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Conrado Estol:

-¿Por qué hoy se dice que el ACV no es un accidente sino la expresión de un proceso que lleva años desarrollándose?

–El ACV no aparece de un día para otro. Es el resultado visible de procesos biológicos que se acumulan durante décadas. Dos personas pueden tener la misma edad cronológica y, sin embargo, una presentar arterias, niveles de inflamación y modificaciones químicas en el ADN propias de alguien mucho mayor. Es decir, el cuerpo puede estar envejeciendo a ritmos diferentes.

-¿Cómo se mide esa diferencia entre personas de la misma edad?

-La ciencia ya puede hacerlo a través de lo que se conoce como edad biológica. Se calcula mediante relojes epigenéticos, que analizan cambios en el ADN asociados al envejecimiento, y también con estudios directos de las arterias. Esto permite estimar qué tan rápido envejece el organismo más allá de la edad indicada en el documento.

-¿Qué relevancia tiene esto para el riesgo de ACV?

-Es fundamental. Dos personas de la misma edad pueden tener probabilidades completamente distintas de sufrir un ACV. Lo que determina el riesgo no es cuántos años pasaron, sino cuánto envejeció el cuerpo por dentro. Lo mismo ocurre con las enfermedades cardiovasculares, la demencia e incluso algunos tipos de cáncer.

Los hábitos de vida y el acceso oportuno a tratamientos tienen un peso mucho mayor en el cuidado de la salud cardíaca

-¿Ese proceso de envejecimiento biológico puede modificarse?

-Sí. Y esa es una de las noticias más importantes. Un gran estudio internacional, Interstroke, que analizó a casi 27.000 personas en 32 países, mostró que alrededor del 90% de los ACV se explican por apenas diez factores de riesgo modificables. Esto demuestra que la genética influye, pero no es el principal determinante. Los hábitos de vida y el acceso oportuno a tratamientos tienen un peso mucho mayor.

-¿Cuáles son los principales hallazgos que deberían cambiar nuestra forma de cuidar la salud?

-Hay al menos cuatro datos muy contundentes que deberían cambiar la forma en que cuidamos nuestra salud:

1. La enfermedad empieza décadas antes de dar síntomas. Estudios de imágenes en adultos de entre 40 y 54 años, totalmente sanos, encontraron placas en las arterias en más del 60% de los casos.

2. La hipertensión es el enemigo silencioso más barato de detectar: afecta a más de mil millones de personas en el mundo, casi la mitad no sabe que la tiene, y todas las personas pueden comprar un tensiómetro.

3. El estado físico (la capacidad cardiorrespiratoria) es el predictor individual más fuerte de mortalidad que existe hoy, por encima del cigarrillo, la hipertensión o la diabetes. Y el mayor beneficio se obtiene en el salto de “no hacer nada” a “hacer algo”, no en entrenar como atleta.

4. La soledad no deseada ya se considera un factor de riesgo cardiovascular: se asocia a un aumento de alrededor del 30% en el riesgo de ACV, comparable al de un hábito de fumar significativo.

La soledad se considera un factor de riesgo cardiovascular

-Si la evidencia es tan clara, ¿por qué tantas personas no actúan a tiempo?

Porque la medicina tradicional suele ser reactiva. En muchos casos se espera a que aparezca una enfermedad o una alteración en los estudios para intervenir. Es poco frecuente indicar tratamientos o estrategias intensivas de prevención a personas que todavía se consideran sanas. Así se instala un modelo en el que médico y paciente se limitan a controles periódicos mientras el daño progresa silenciosamente.

-¿Qué propone entonces la medicina de longevidad aplicada a la prevención cardiovascular?

Propone cambiar el foco. En lugar de esperar al síntoma, busca medir hoy qué tan rápido está envejeciendo una persona a través de estudios de arterias, biomarcadores y herramientas como los relojes de edad biológica. A partir de esa información se puede actuar antes de que la enfermedad se manifieste.

-¿Por qué el concepto de edad biológica puede ser una herramienta tan poderosa?

Porque traduce el riesgo en algo concreto y personal. Decirle a alguien de 65 años que su organismo funciona como el de una persona de 75 suele generar mucho más impacto que hablar de un “riesgo elevado” de manera abstracta. Esa información puede convertirse en un fuerte estímulo para adoptar cambios de hábitos o iniciar tratamientos preventivos.

-¿Cuál debería ser el objetivo final?

La meta no es simplemente vivir más años, sino vivirlos mejor. Se trata de retrasar el envejecimiento biológico, mantener la salud durante la mayor cantidad de tiempo posible y reducir el período de enfermedad al final de la vida. El reloj cronológico no puede detenerse. El biológico, al menos en parte, sí puede modificarse.

En lugar de esperar al síntoma, la medicina de la longevidad busca medir hoy qué tan rápido está envejeciendo una persona a través de estudios de arterias, biomarcadores y herramientas tecnológicas

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