Inicio Actualidad Cuando invertir mejor no alcanza: ocho consejos para hacer crecer tu dinero

Cuando invertir mejor no alcanza: ocho consejos para hacer crecer tu dinero

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La mayoría de las consultas que recibo cada semana giran alrededor de la misma pregunta: en que invertir. Lamentablemente, son muy pocos los que se ocupan de las otras tres cuartas partes del tablero, que son igual de importante que las inversiones.

Tus finanzas personales se apoyan en cuatro pilares que pesan parejo: lo que ganás, lo que lográs separar antes de gastar, lo que hacés con eso que separaste y lo que efectivamente se te va todos los meses. Los cuatro están encadenados, de modo que una mejora en cualquiera de ellos se filtra hacia los demás y, en sentido inverso, una falla sostenida en uno solo alcanza para neutralizar el esfuerzo que estés haciendo en los otros tres. Conseguir un ingreso adicional rinde poco cuando el consumo se expande a la misma velocidad, y elegir un instrumento razonable para invertir rinde poco cuando el monto que le destinás resulta marginal frente a tu presupuesto. En la Argentina esa interdependencia se nota más rápido que en otras economías, porque la inflación y los saltos del tipo de cambio castigan la improvisación en cuestión de meses y no de años. A continuación analizaremos juntos ocho consejos concretos, dos por cada uno de esos cuatro pilares, cuya aplicación conjunta mejora de manera notable tu relación con el dinero. ¡Manos a la obra!

1) Ingresos: multiplicar las fuentes antes que la riqueza

Conviene empezar invirtiendo el orden habitual del razonamiento. La mayoría de las personas apuestan a acumular dinero desde una sola fuente (la carrera profesional, la empresa propia, algún activo altamente especulativo) para recién después diversificar lo acumulado, cuando el camino más transitable pasa por diversificar las fuentes desde el comienzo, aunque cada una arranque siendo modesta. Thomas Corley, en su libro “Rich Habits Poor Habits: Learn the Daily Habits That Separate the Rich from the Poor” señala que el 65% de los millonarios que estudió construyó su fortuna sin herencias significativas y contando en su enorme mayoría con tres o más fuentes de ingresos. El beneficio operativo salta a la vista, porque cuando una fuente sufre un percance las otras compensan, y si ninguna se ve perjudicada el objetivo llega antes de lo planificado. Una aclaración imprescindible: acá no estamos hablando de cambiar un trabajo full time por varios trabajos part time, sino de desarrollar dos ejes distintos, el de los ingresos pasivos financieros (rentas de inversiones) y el de los ingresos pasivos monitoreados (emprendimientos que funcionan con supervisión y no con presencia permanente).

El segundo movimiento de este pilar apunta a quienes ya trabajan por su cuenta y se equivocan queriendo abrir un negocio nuevo cuando todavía les sobra margen en el que ya tienen. Antes de diversificar hacia una actividad distinta, escalá la actual incorporando mecanismos que te hagan cobrar más de una vez por el mismo trabajo. Las características a buscar son concretas: que un cliente genere ingresos recurrentes (membresía o suscripción), o que el costo marginal de sumar un cliente adicional sea bajo, o que existan varios productos con sinergia entre sí y que parte del servicio esté empaquetado como producto. Sumar horas extras de trabajo personal a cambio de honorarios va en sentido contrario a lo planteado.

2) Ahorro: la tasa que sí depende de vos

Pagarte a vos mismo primero es la regla que más rápido cambia el resultado de fin de mes, y consiste en separar al menos el 10% de tus ingresos apenas los recibís, destinándolo directamente al ahorro antes de tocar el resto. El orden importa más de lo que parece, porque cuando el ahorro queda como residuo el dinero se evapora en gastos que nadie planificó. Ese ahorro necesita además un destino escalonado, y el primer escalón es un fondo de emergencia equivalente a seis meses de tus ingresos mensuales, líquido y de acceso inmediato, reservado exclusivamente para imprevistos. Recién cuando ese colchón está completo tiene sentido pasar al segundo escalón, que es ahorrar con el propósito de invertir.

Cuánto ahorrás importa más que cuánto rinde lo ahorrado, y hay una cuenta que lo muestra con claridad. Tomemos dos ahorristas a treinta años de plazo: el primero separa el 5,5% de su ingreso mensual y lo coloca a apenas 1% anual, mientras que el segundo separa solo el 1% pero consigue un 10% anual, diez veces más de rendimiento. Al cabo de las tres décadas, con aportes y capitalización mensuales, el primero termina con un capital levemente mayor. La diferencia entre ambos es estrecha, cercana al 2%, y ahí está justamente lo interesante: nueve puntos anuales de ventaja en el rendimiento, una brecha descomunal que casi nadie sostiene durante treinta años seguidos, apenas alcanzan para empatar con alguien que simplemente ahorró cinco veces más todos los meses. Ese margen extra de ahorro depende de una decisión tuya que podés tomar mañana, mientras que el 10% anual sostenido depende de un mercado que no tiene ninguna obligación de dártelo.

3) Inversión: replicar el índice y vigilar los costos

Para el ahorrista no profesional, la estrategia por defecto debería ser la inversión pasiva, es decir comprar instrumentos que repliquen la composición de un índice para obtener su mismo rendimiento, ni más ni menos. La razón es estructural: superar al índice de referencia de manera sostenida obliga a acertar dos veces, en la selección del papel y en el momento de entrada y salida, y la evidencia acumulada durante décadas muestra que la proporción de gestores profesionales que lo consigue se achica a medida que se estira el horizonte, hasta volverse claramente minoritaria en plazos de diez o quince años. Todavía más revelador resulta lo que ocurre con la persistencia, ya que quienes quedan en la mitad superior del ranking un año determinado rara vez repiten en los siguientes, un patrón que se explica mejor por el azar que por la habilidad. A eso se agrega otra ventaja de la estrategia pasiva, que es la desaparición del riesgo propio (la posibilidad de que la empresa elegida se desplome o quiebre), reemplazado por el riesgo de mercado, que implicaría que le vaya mal a las quinientas compañías del índice al mismo tiempo. En Estados Unidos los vehículos habituales son los ETF (fondos operables en bolsa), entre ellos SPY para el S&P 500, DIA para el Dow Jones Industrial, QQQ para el Nasdaq 100 y SOXX para la industria de semiconductores, y desde acá se puede acceder a varios de esos índices en pesos y en el mercado local mediante CEDEARs de ETF, chequeando al momento de operar cuáles están listados y con qué liquidez.

El segundo cuidado de este pilar son los costos, que además tienen la particularidad de ser lo único que se conoce de antemano con certeza. El inversor activo opera mucho más y paga comisiones en cada movimiento, lo que lo convierte en el cliente preferido de brokers y sociedades de bolsa, con el conflicto de intereses que eso implica cuando los informes de recomendación estimulan el overtrading (operar de más). Del lado pasivo la réplica tampoco es automática, y hay que revisar el tracking error o error de réplica, que aparece cuando el fondo elegido no logra seguir fielmente al índice, algo poco frecuente en los ETF de larga trayectoria sobre acciones y bastante más común en los que replican materias primas.

4) Gasto: la semana que separa la intención de la compra

En este pilar la herramienta más efectiva es un período de gracia de al menos una semana entre la intención de comprar y la compra efectiva. Esos días sirven para pasar el desembolso por tres filtros: definir si estamos ante un gasto (se consume en el momento) o ante una inversión (se desembolsa hoy para beneficiarse después, como un curso, un seguro o un electrodoméstico eficiente), medir el impacto agregado en el presupuesto prestando atención al origen de los fondos y a las cuotas ya comprometidas, dado que la cuota nueva suele evaluarse de manera aislada, y averiguar si existe premio por esperar, porque los descuentos con tarjeta o las bajas de precio para el comprador que duda pueden representar diferencias considerables por exactamente el mismo producto.

Queda por auditar la emoción desde la cual estás decidiendo, que condiciona el resultado bastante más que el precio. Los desembolsos hechos con seguridad y entusiasmo suelen confirmar su valor con el paso del tiempo, los que nacen de una vaga sensación de oportunidad se vuelven una moneda al aire y los que aparecen bajo presión social terminan casi siempre mal.

Conclusión

Los ocho consejos parecen cuatro listas independientes pero en verdad funcionan como un circuito, porque la inversión solamente multiplica lo que le entrega la diferencia entre lo que entra y lo que sale. El trabajo sobre las fuentes de ingreso y sobre el consumo define el tamaño del capital a ser invertido, y por eso el esfuerzo puesto en elegir el instrumento perfecto rinde menos de lo prometido cuando el circuito ya viene con “fallas de fábrica”.

Hay además una mejora menos visible que aparece cuando los cuatro pilares empiezan a funcionar juntos, y es la reducción de la cantidad de decisiones que hay que tomar bajo presión. Quien tiene un fondo de emergencia no negocia contra reloj cuando se rompe el auto, y quien aplica el período de gracia no decide con el vendedor enfrente. Para el ahorrista argentino, acostumbrado a que el contexto le imponga la agenda cada dos o tres años, esa recuperación del margen de maniobra suele percibirse mucho antes que cualquier rendimiento, y es la que sostiene el hábito el tiempo suficiente como para que los números también acompañen. La seguimos la semana que viene con más material de finanzas personales e inversiones.

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