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Dejó una carrera de 16 años, invirtió más de US$100.000 y creó una startup que busca mejorar los rindes con nanotecnología

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Durante 16 años, Rodrigo Pontiggia estuvo al frente del área de Desarrollo e Innovación de Benito Roggio Ambiental, la dueña de Cliba, donde trabajó, entre otros temas, en el reciclado de nutrientes y materia orgánica para los suelos. Doctor en Química Biológica y con una trayectoria vinculada con la investigación, decidió dejar aquella carrera corporativa para meterse de lleno en un desafío diferente: crear una startup que utilizara nanotecnología para buscar respuestas a algunos de los problemas que enfrenta la producción agropecuaria.

Junto con Melisa Altina y Joaquín Guillot, Pontiggia fundó CycleF con una inversión inicial de más de US$100.000 y ya proyectan facturar más de US$900.000 en 2026. Al equipo luego se sumaron Alejandro Vollert y los ingenieros agrónomos Paula Fontana y Agustín Deffelipo. Además, cuentan con el asesoramiento de Romina Giacometti, investigadora del Conicet, entre otros especialistas.

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“Renunciamos a nuestro trabajo y montamos CycleF: una empresa basada en ciencia”, resumió Pontiggia, cofundador y director general de la startup a LA NACION. El punto de partida, explicó, fue detectar oportunidades para trabajar sobre la adaptación de los cultivos frente a situaciones de estrés y una utilización más eficiente de los recursos.

Pontiggia y Altina ya tenían experiencia en nanotecnología y biotecnología ambiental antes de volcar esos conocimientos específicamente al agro. El primer producto de la línea nanotecnológica que la empresa llevó al mercado es un bioestimulante pensado para mejorar la respuesta de los cultivos frente a situaciones de estrés. Pontiggia utiliza una comparación sencilla para explicarlo: “Es parecido a una vacuna: prepara al cultivo para poder recibir los vaivenes del clima y el estrés. Ya sea la sequía, la helada, la planta está mejor parada y preparada”.

La nanotecnología permite desarrollar insumos que actúan a dosis muy bajas sobre los cultivos

El desarrollo no saltó directamente del laboratorio a los campos comerciales. Según Pontiggia, primero realizaron pruebas en condiciones controladas y, posteriormente, avanzaron hacia microparcelas y lotes.

“Hicimos toda la parte de ensayos en cámara, teníamos convenio con la UBA, con FAUBA, y ahí hicimos los ensayos. Después los pasamos a microparcelas, a campo y a campos muy controlados estadísticamente, que los hacen terceros”, describió.

Los primeros ensayos comenzaron en 2024. De acuerdo con el empresario, se realizaron evaluaciones en el sur bonaerense, la zona núcleo, Chaco, Córdoba, Entre Ríos y otros puntos productivos. También hicieron pruebas a lote completo, donde el desafío, explicó, es poder determinar con precisión la diferencia entre el sector tratado y el utilizado como comparación. La startup recurrió a terceros para realizar parte de las evaluaciones.

Las pruebas alcanzaron cultivos de invierno, como trigo y cebada, y de verano, entre ellos soja, maíz y girasol. También hubo experiencias en naranjas en Entre Ríos. Según los datos suministrados, los resultados acumulados muestran aumentos promedio de rendimiento del 10,3% en los cultivos de cosecha fina, del 8% en maíz y del 5,3% en soja.

Agustín Deffelipo, Rodrigo Pontiggia, Romina Giacometti y Melisa Altina

Parte de las evaluaciones se hizo, además, sobre campañas particularmente complejas para la producción. La startup incluyó datos de la campaña 2022/23, cuando la producción nacional utilizada como referencia había caído en 20 millones de toneladas de soja, 11,5 millones de trigo y 36 millones de maíz, con caídas del 54,3%, 48% y 39%, respectivamente. También se analizaron soja y maíz de la campaña 2024/25, con producciones de 47,5 millones y 46 millones de toneladas y recortes de 5 millones y 6 millones de toneladas frente a las proyecciones iniciales, según la información utilizada por la compañía.

Pontiggia aseguró que “la respuesta puede ser mayor” cuando las condiciones ambientales son más adversas. “Incrementamos el rinde por más del 10%; en casos de clima extremo llegamos a tener hasta un 30%, 32% de aumento”, afirmó. Se trata, en este caso, de resultados informados por la propia startup y que pueden variar según el cultivo, el ambiente y las condiciones de cada ensayo.

Las nanopartículas utilizadas en agricultura tienen una escala de entre 1 y 100 nanómetros

Investigaciones

La utilización de nanotecnología para mejorar la respuesta productiva de los cultivos no se limita a los desarrollos de empresas privadas. Investigaciones del INTA, el Conicet y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) obtuvieron resultados a campo que muestran el potencial de trabajar a escala nanométrica en la agricultura.

En diciembre de 2025, el INTA difundió los resultados preliminares de tres ensayos realizados en Entre Ríos, en parcelas experimentales de media hectárea por sitio, con nanofertilizantes nitrogenados. En esas evaluaciones, los investigadores consiguieron reducir hasta un 35% la dosis de nitrógeno sin perder rendimiento. Además, al comparar a igual dosis los nanofertilizantes con fuentes convencionales de nitrógeno, registraron incrementos promedio del 10% en la productividad de trigo y maíz.

La nanotecnología permite desarrollar insumos que actúan a dosis muy bajas sobre los cultivos

“En ensayos preliminares realizados en Entre Ríos hemos podido reducir un 35% la dosis de nitrógeno y mantener los rendimientos”, explicó Gonzalo Berhongaray, investigador de la UNL-Conicet e integrante del equipo que desarrolló el nanofertilizante. Los investigadores trabajan con partículas de escala nanométrica que permiten una liberación más gradual del nitrógeno, con el objetivo de aumentar el aprovechamiento del nutriente y disminuir las pérdidas.

Pontiggia señaló que otro de los atributos buscados es reducir fuertemente el volumen necesario para realizar los tratamientos. Según explicó, un litro alcanza para unas 40 hectáreas, mientras que otros productos pueden requerir, de acuerdo con su comparación, entre dos y tres litros por hectárea.

La startup ya tiene unas 10.000 hectáreas aplicadas y el objetivo para el primer año es alcanzar 52.000 dosis. En paralelo, la tecnología pasó de producirse a escala de laboratorio a un proceso con el que, según explicó, pueden elaborar en una semana producto suficiente para cubrir entre 5000 y 6000 hectáreas.

La startup ya tiene unas 10.000 hectáreas aplicadas

“Somos una empresa chiquita que arrancó de cero. Poder cubrir otros cultivos es un tema de recursos y de tiempo. Toma años generar las pruebas”, dijo. Por esto, comenzaron concentrándose en cultivos extensivos y ahora buscan ampliar tanto las zonas como las especies sobre las que prueba su tecnología.

“No existen soluciones mágicas. En general, en el agro, todos los productos hay que probarlos a campo y se pasa por distintas instancias”, insistió. En el caso de los productos nanotecnológicos, señaló que el proceso incluye exigencias regulatorias ante el Senasa: deben presentar una carpeta técnica, acreditar que las partículas se encuentran efectivamente en escala nanométrica —entre 1 y 100 nanómetros—, declarar su composición química y aportar ensayos que demuestren el efecto informado para cada forma de uso, ya sea mediante aplicación foliar o tratamiento de semillas. “Tenés que presentar, para cada uso, evidencia y ensayos de que está el efecto que vos declarás”, cerró.

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