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InicioActualidadDespiden al “caballero de la pediatría”, Guillermo “Mito” Fernández Mc Loughlin

Despiden al “caballero de la pediatría”, Guillermo “Mito” Fernández Mc Loughlin

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“Si lo tuviera que definir como médico, diría que era un buen médico y un médico bueno, una buena persona, que reunía todas las condiciones de la antigua Grecia. Creo que fuimos de los últimos médicos de una época en la que nos tomábamos todo el tiempo para cada paciente”. Así define el doctor Juan Luis Lanoël al pediatra Guillermo Fernández Mc Loughlin, a quien todos cariñosamente llamaban “Mito”, que falleció el domingo último a los 86 años.

Sus hijos Guillermo y Mercedes y sus seis nietos, Tomás, Catalina, Francisco, Santino, Vicente y Emir, lo despidieron con enorme tristeza esta tarde en el cementerio Jardín de Paz, en Pilar. También estuvieron presentes otros familiares, amigos y decenas de pacientes a los que atendió a lo largo de sus años.

Hace apenas un mes, el 3 de abril, Guillermo Fernández Mc Loughlin había despedido a su eterna compañera, Isabel Nora Forti de Fernández Mc Loughlin, conocida por todos como Bety, quien falleció a los 83 años en la localidad de Martínez, luego de luchar con una larga enfermedad. Mito, en cambio, sufrió un accidente doméstico cuando se encontraba de visita en casa de unos amigos. Pocas horas antes, había conversado por teléfono con el doctor Lanoël. Estaban organizando para el próximo sábado un encuentro con un grupo de pediatras eméritos y actuales del Cemic, donde ambos empezaron su carrera profesional, en los comienzos de esa institución.

“Éramos apenas seis pediatras. Mito venía del Clínicas y yo había regresado de hacer la residencia en Jujuy. También compartimos esos años con los doctores Daniel Stamboulian [el reconocido infectólogo] y Luis Prudent [miembro del Consejo Superior y profesor Honorario del Cemic]. Durante el día, atendíamos en Cemic y por la tarde, hacíamos atención domiciliaria. Después nosotros dos abrimos un consultorio juntos. Era otra época, a nuestros hijos los despedíamos en el desayuno y los volvíamos a ver en la cena. Pasábamos más tiempo en el consultorio que con nuestras esposas”, recuerda Lanoël. Por aquellos años, a Fernández Mc Loughlin se lo empezó a denominar “caballero en pediatría”, en referencia a su trato con los pacientes y su conducta ética.

En 1986, él y Lanoël abrieron una clínica ambulatoria de pediatría, el Centro Médico Paideia, que funcionó hasta la pandemia. La primera locación fue sobre la calle Cabello y después funcionó sobre la calle Jerónimo Salguero. A diferencia de otras clínicas, Paideia no se dedicaba a la internación pediátrica sino al tratamiento ambulatorio de cuadros médicos que en otras instituciones implicaban una internación. Según observaban Lanoël y Fernández Mc Loughlin, su abordaje mejoraba la recuperación de los chicos. También impulsaban allí la investigación y la docencia. “Muchos pediatras pasaron por nuestro centro”, recuerda Lanoël.

Después de la pandemia, ya no pudieron seguir con el centro. Un tiempo después, la esposa de Fernández Mc Loughlin comenzó con problemas de salud y, después de ser operada, debió permanecer internada. Mito iba a visitarla todos los días a las 18. Desde entonces no volvió a trabajar como pediatra.

Para el sábado próximo, había organizado una reunión que se hacía una vez por año con pediatras de Cemic. Muchos ya retirados; otros todavía en funciones. Se iban a reunir en la casa de Lanoël. En las últimas horas, los médicos estaban evaluando la posibilidad de reunirse a manera de homenaje.

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