En la séptima episodio del podcast ¨Los Stamateas¨, el psicólogo Bernardo Stamateas abordó, junto a su hija Damaris, la relevancia de los límites en la vida cotidiana. Según el especialista, establecer fronteras claras no constituye una cuestión de protocolo, sino un pilar esencial para la salud mental y la calidad de los vínculos. Stamateas define el límite como una herramienta de cuidado que debe instalarse desde la infancia para que los niños puedan interiorizar conceptos básicos de convivencia. “El límite es una frontera que tiene que ver con el propio deseo”, explicó el profesional, subrayando que su ausencia deriva en una estructura personal rígida o disfuncional, donde el equilibrio se pierde.
Al analizar la dinámica en las relaciones adultas, Stamateas advirtió sobre la importancia de la reciprocidad. Ante la pregunta sobre cómo funciona este concepto fuera del entorno familiar, el psicólogo señaló: “Una pareja sana es la que escucha y respeta el no del otro”. En este sentido, enfatizó que permitir que las negativas propias sean ignoradas equivale a entregarle al otro un poder que, eventualmente, puede utilizarse en nuestra contra. Por ello, el autor sostiene que es vital diferenciar entre límites saludables y el maltrato, el cual no debe tolerarse bajo ninguna circunstancia.
Respecto a la dificultad que conlleva sostener un límite una vez establecido, Stamateas planteó una premisa fundamental: el ejercicio comienza por uno mismo. “Si vos no te podés decir que no a vos mismo, no lo vas a poder decir afuera”, aseguró, argumentando que la coherencia interna es el primer paso para proyectar firmeza ante terceros. En cuanto a la forma de comunicar estas decisiones, el especialista desaconsejó el uso de gritos o la necesidad de brindar explicaciones excesivas. “Lo voy a pensar, déjamelo pensar, después te respondo, es una muy buena manera de poner un límite suave”, recomendó, sugiriendo que la brevedad es un aliado estratégico.
Asimismo, el psicólogo cuestionó la tendencia a repetir estrategias fallidas para marcar una postura. “El error es que a la segunda tenés que cambiar de técnica; no podés seguir prendiendo la luz con la lamparita rota”, sentenció, instando a adaptar la comunicación según el interlocutor. Stamateas también aclaró que existen conductas que distan mucho de ser límites, como el uso del silencio punitivo o la agresión física. “La pared no es límite, el grito no es límite, pegar no es límite, no hablar no es límite; eso es pasivo-agresivo”, concluyó, invitando a buscar el diálogo desde un lugar de calma y equilibrio, evitando siempre que la emocionalidad desbordada impida el entendimiento.


