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El avance de los casinos virtuales en los barrios populares y el rol de las cajeras

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Se sabe que el fácil acceso a los sitios de apuestas y casinos virtuales ilegales es un problema creciente entre adolescentes y jóvenes. Se sabe que en los casos extremos, las familias necesitan hacer terapias grupales para tratar la ludopatía de sus hijos mientras afrontan deudas difíciles de pagar.

Se sabe, por un informe de Unicef del año pasado, que 8 de cada 10 adolescentes y jóvenes de 13 y 24 años hicieron apuestas online durante el último año. Y que el 12% de quienes hacen apuestas se endeuda, según un reporte del Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina hecho a partir de encuestas en 231 escuelas de 16 provincias del país.

Lo que se desconoce es cómo opera el juego entre chicos y jóvenes con mayor vulnerabilidad socioeconómica.

En una charla con LA NACION, María Claudia Albornoz, referente social santafesina, explica que en las villas, asentamientos y barrios populares la problemática es mucho más compleja porque las personas “se ilusionan con salir de la pobreza apostando”.

Albornoz vive en un barrio popular de Santa Fe, Chalet, donde es promotora de salud. Como una de las principales dirigentes de La Poderosa, una organización social que desarrolla trabajo comunitario en 75 barrios de las 24 provincias del país, conoce el territorio. Puede describir el funcionamiento de las redes de las llamadas cajeras en el mundo de las apuestas, qué papel juega la informalidad laboral y por qué considera que se trata de una trampa de la que es muy difícil salir.

—¿Cómo llega un joven a apostar o a involucrarse en los casinos virtuales en los barrios populares?

—Desde siempre, la manera que tienen de sobrevivir los vecinos de los barrios populares es trabajar en el mercado informal, que es donde los emplean. Pero en el último tiempo notamos que una nueva forma de generar ingresos, más que nada entre jóvenes, tiene que ver con el fenómeno de las “cajeras”, que venden fichas para los casinos online ilegales. No les piden documentos, nada. Solo tienen que tener una cuenta de Mercado Pago.

—¿Qué hace una cajera?

—Es la persona que vende crédito para apostar en casinos virtuales. Cobra a través de billeteras virtuales y carga ese crédito en una cuenta que le crea al jugador. Es decir, son intermediarios. Empiezan a hacerlo porque vieron algún mensaje de WhatsApp o publicación en redes sociales donde piden cajeras. Les ofrecen una comisión. Son contactadas por alguien a quien llaman administrador, que es el que les da el link al juego. Ellas envían ese link a quienes le compraron crédito. Si alguien gana, el administrador le transfiere el dinero a su cuenta de Mercado Pago para que pague el premio.

–¿Por qué los vecinos juegan a través de cajeras?

–Estos casinos ilegales no tienen restricciones de edad para el juego, no piden datos personales ni de las cuentas de quienes juegan. Es decir, todo ocurre en el anonimato. Al no verificar la identidad de quien juega, por ejemplo, les permiten jugar a menores. Además, quienes manejan estos casinos, a quienes llaman banqueros o administradores, también operan de manera anónima.

Albornoz advierte que el negocio de los casinos virtuales ilegales son manejados por personas que se aprovechan de la necesidad de los vecinos

—En los barrios, ¿esto funciona con el boca a boca?

—Sí. Por ejemplo, cuando van al comedor de mi barrio se toman unos mates, hablan con otras chicas y les enseñan a jugar. Pero también por redes sociales o WhatsApp. Por ejemplo, cada vez que empiezan a levantar apuestas, es decir, a vender fichas o cargar crédito, mandan mensajes o ponen en su estado una frase muy característica: “Estoy cargando”.

—¿Quiénes se enganchan más como cajeras?

—En general, las mujeres de entre 18 y 26 años. Algunas son jefas de familia, trabajan como empleadas domésticas, cuidan niños, niñas o adultos mayores o son vendedoras ambulantes. Todas están dentro del mercado informal.

—¿Cuánto pueden llegar a ganar?

—No son montos grandes. Una ficha puede costar 2000 pesos. Ellas se quedan con un porcentaje, que puede ser del 10% al 50%. Sus clientes son los vecinos del barrio. Si tienen muchos, pueden generar 15.000 o 20.000 pesos en un día. Con eso afrontan el día a día. Nadie sale de la pobreza siendo cajera. Y algunas de ellas también empiezan a jugar.

—Más cuando ven que alguien gana

—Sí. Hay vecinas que la pegan. Pueden llegar a tener un premio de más de 100 mil pesos, pero después de haber apostado mucho. En el barrio te enterás cuando ganan, que son muy pocas veces. No te enterás cuando pierden. La pobreza es muy agobiante. Las chicas y las vecinas tienen la ilusión de poder salir adelante con el juego. Esto genera una ludopatía creciente en los barrios. Todos juegan con esa ilusión.

—¿Esa ludopatía también prolifera porque el juego es inmediato?

—Sí. Las cajeras tienen que estar disponibles 24/7 para hacer una diferencia. La gente carga y juega a cualquier hora.

—Los ingresos que obtienen, ¿les permiten vivir mejor?

—Sobreviven. Compran comida para su familia, alzado y útiles para el colegio para sus hijos; si hacen una diferencia, ropa o zapatillas para ellas. Con lo que ganan pueden hacer esos gastos que en la economía informal son importantísimos porque casi no tienen ingresos.

Teniendo en cuenta que el desempleo creció, sobre todo entre los jóvenes, ¿ellas consideran esto como un “emprendimiento”?

—Sí, y si tienen otros ingresos, es un complemento. Si no estás asalariada, necesitás generar otro ingreso para poder sobrevivir. Otras dejan de trabajar en el mercado informal y se dedican todo el día a ser cajeras.

—¿Por qué? ¿Les conviene?

—Imaginate, por ejemplo, una chica que es empleada doméstica, que trabaja en negro, que se tiene que tomar uno o dos colectivos para ir a trabajar. El pasaje le cuesta cerca de 2000 pesos y trabaja casi tres horas, con suerte a 3000 pesos la hora. Lo que cobra lo va a usar para volver a la casa y comprar un litro de leche. Lo que le queda le va a alcanzar para poco. Si es madre, complementa con la Asignación Universal por Hijo [en junio era de 144.931 por hijo]. Entonces el camino que va a elegir es ser cajera porque lo que gana no lo va a gastar en viajar. Ni tienen que salir de su casa.

¿No hay otras oportunidades laborales en los barrios?

—Argentina tiene un nivel de informalidad muy grande. Nosotros trabajamos con personas que viven por debajo de la línea de la pobreza. Una persona que hoy es cajera no puede presentarse en un comercio para ser vendedora porque su nivel educativo es bajo. En los barrios populares del AMBA casi la mitad de los jóvenes deja la escuela. Y esto se da en muchas villas del país porque empiezan a trabajar desde los 14 años, quizás cartoneando o cuidando a sus hermanos. Entonces se quedan en su círculo de informalidad y de economía ilegal. Es desesperante.

Adolescentes y apuestas: una guía para encontrar ayuda

—¿Las cajeras llegan a conocer al administrador de los casinos virtuales?

—Ese es el problema. Trabajan para alguien que no conocen. Se comunican por chat, pero nunca se ven personalmente. El administrador se lleva la parte más grande de las apuestas. Primero les exige que consigan 10 clientes el primer mes, después muchos más. Las explotan.

—¿Saben que están trabajando para sitios de casinos ilegales?

—Si vos les preguntás, no todas lo saben. Cuando charlás un poquito más, se dan cuenta de que son ilegales. Pero antes ni se lo preguntaron.

—En el ámbito escolar, entre los adolescentes, ¿se da esto de ser cajeros o directamente son quienes hacen apuestas?

—El tema de las apuestas online no se da tanto porque tienen que tener plata para apostar. Pero lo que sí se está viendo es que muchos pibes levantan apuestas en los campeonatos de fútbol barriales y en los de truco que se juegan al costado de las canchitas. Las apuestas van de los 3000 a los 5000 pesos. Se apuesta quién gana, quién hace el primer gol en tal partido.

—¿Creés que con el Mundial el fenómeno de las cajeras y las apuestas va a aumentar?

—Seguro.

—¿A qué peligros se exponen?

—Las cajeras no se exponen a peligros físicos. Tampoco se da que alguien las denuncie. Ellas pagan lo que hay que pagar y todo queda entre vecinos. Otro peligro es que caigan en la ludopatía. Y ese riesgo también lo corren las clientas. Lo triste es que caen sin darse cuenta.

—¿Qué recursos hay en los barrios para poder tratar este tipo de problemática o adicción?

—Los centros de salud barriales están colapsados porque no tienen la cantidad de profesionales suficientes. Podés llegar a tener un psicólogo para 50 mil personas. En un hospital te dan turnos a un mes o más. Es imposible. Por eso tampoco pueden ayudar a los chicos con problemas de consumo.

—¿Qué sentís cuando una chica te dice que se metió como cajera?

—Es preocupante. Charlo con ella para entender cuál es su mundo. Pero no puedo decirle “che, no trabajes de eso porque le generás mucha guita a uno que ni conocés y te explota”. Su realidad es desesperante. Desde las organizaciones barriales tratamos de que se acerquen a los emprendimientos que hacemos, como las cooperativas de panaderías, las huertas familiares, las escuelas de oficios, al apoyo escolar que damos si van a la escuela. Pero hay cosas urgentes en su vida y la falta de trabajo no ayuda.

¿Cómo explicarías esa urgencia?

—Una mujer que vive en un barrio popular, lo primero que hace cuando se levanta es pensar qué tiene en la heladera, si tiene heladera, para que coma su familia. Ahí empieza la primera desesperación. Después, piensa en cómo puede salir a trabajar para comprar harina, aceite, azúcar, la garrafa de gas. Las cosas se complican si no tiene luz o agua potable. Los jóvenes quieren sus zapatillas, sus cosas, como cualquier joven. Y también necesitan comer. En general los ingresos que tienen, si los tienen, no alcanzan para cubrir la canasta básica. A veces pasa que piden préstamos para jugar, lo que se suma a deudas que ya tienen porque le pidieron fiado al almacén. La ludopatía complica todo aún más.

—¿Cómo se sienten cuando empiezan a generar deudas?

—Viven sus deudas con mucho pesar psicológico, con angustia. Cuando se animan te lo dicen, porque les da vergüenza. Hacen lo imposible para pagar. Es muy triste y desesperante.

Quien más gana con los casinos virtuales es el administrador o el banquero que recluta a las cajeras

—¿Qué pasa si no pueden pagar las deudas de juego?

—Primero se endeudan con tarjetas. Empiezan, por ejemplo, con la de la billetera de Mercado Pago. Cuando ya no les dan más préstamo, rompen la tarjeta y van a Tarjeta Naranja. Y cuando no encuentran cómo pagar, le piden al prestamista barrial, que suele ser el transa que vende droga. Piden 100 mil pesos y tienen que devolver el doble. Si no pueden devolver ese dinero, el prestamista los obliga a darles la tarjeta de AUH de garantía. Les empieza a manejar su economía. Y si no pueden pagar, los amenazan. Entonces, muchos terminan vendiendo droga para el transa. Y así crece el narcomenudeo en los barrios populares.

—¿Cómo se puede revertir este circuito?

—Hasta que no baje la gran informalidad laboral, va a ser difícil. Si no se refuerza el sistema educativo, menos. Es el mercado informal el que te permite llegar a la economía ilegal, como las apuestas, el narcomenudeo o los casinos virtuales, porque es lo que te salva el día. Es una trampa de la que es difícil salir.

—¿Cuál debería ser el rol del Estado en esta problemática?

—Debería ser de acompañamiento. Pero si el Estado se sigue retirando de los barrios, es complicado.

—La semana pasada varias organizaciones acompañaron un proyecto de ley de desendeudamiento popular en la Legislatura porteña. ¿De qué se trata?

—Está pensado para la ciudad de Buenos Aires, pero se puede replicar en todo el país. El proyecto surge de la encuesta del uso del tiempo que hicimos con La Poderosa en octubre de 2025 en diferentes barrios populares del país. Allí vimos que muchos hogares estaban endeudados. En el proyecto se propone que las deudas las tome el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, para empezar a pagarla, con 6 meses de gracia.

—¿Por qué seis meses?

—En esos seis meses vos te podrías acomodar para empezar a pagar con cuotas fijas, que no excedan en un 20% los ingresos que vos tenés en la diaria y en el mes. También proponemos que se dé educación financiera en los barrios, para todas las edades. Eso es primordial.

—¿Esto desplazaría al prestamista transa y ayudaría a que los jóvenes se replanteen el tema de las apuestas?

—Exacto. Ayudaría en parte. Este proyecto busca atacar un problema que está creciendo enormemente, que muchos no ven y del que nadie se hace cargo.

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables

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