En el cruce exacto entre la investigación historiográfica y la exigencia deportiva, las artes marciales históricas europeas (HEMA, por sus siglas en inglés) ganan terreno en la Argentina como una alternativa para quienes buscan indagar en los deportes no convencionales; no se trata de una representación teatral ni de una recreación de época: es la recuperación de sistemas de combate reales que fueron documentados por maestros de armas entre los siglos XII y XX, y que hoy se practican con equipamiento de protección moderno y simuladores de alta fidelidad.
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A diferencia de otras disciplinas marciales que mantienen una tradición oral ininterrumpida, las HEMA son un sistema reconstruido. “Es una actividad contemporánea que combina investigación, práctica física y combate controlado”, define Valeria Ibañez, instructora y referente de la disciplina en el país. Para los practicantes, el desafío radica en interpretar tratados técnicos que sobrevivieron al paso del tiempo para transformar la teoría en movimiento.
La base de las HEMA se encuentra en los manuales escritos por maestros históricos como el italiano Fiore dei Liberi o el alemán Johannes Liechtenauer. Este último, figura central de la tradición germánica del siglo XIV, condensó su sistema de esgrima en un poema críptico conocido como Zettel, diseñado para que sus discípulos pudieran memorizar las técnicas sin que estas cayeran en manos de no iniciados.

Marcos Rodríguez Peluso, instructor y fundador de la academia de esgrima Vincere, explica que la esgrima en Europa estaba profundamente integrada al entramado social y cultural: “Muchos de estos maestros escribieron tratados donde plasmaron sus conocimientos. Son esas fuentes las que nuestra disciplina estudia, traduce y recrea en un entorno moderno y seguro”.
El renacimiento actual de la actividad se dio a nivel global en la década de 2000, gracias a la masificación de internet. La aparición de plataformas como Wiktenauer –una enciclopedia colaborativa que clasifica y comparte manuales digitalizados– permitió que grupos de entusiastas en todo el mundo comenzaran a transcribir y aplicar estas técnicas de forma profesional.
Dentro de las HEMA se estudian diversos sistemas, desde la lucha cuerpo a cuerpo hasta el uso de armas de asta como la alabarda o la lanza. Sin embargo, hay una protagonista indiscutida: la espada larga (longsword). Es el arma caballeresca por excelencia de los siglos XIV al XVI, diseñada para ser utilizada con ambas manos.
Pese a los mitos populares, estas espadas no son pesadas ni toscas. Una espada de práctica típica tiene una hoja de unos 100 cm y un peso que oscila entre los 1300 y 1800 gramos. En los entrenamientos se utilizan versiones sin filo y con puntas flexibles para garantizar la seguridad en las estocadas.
Pero el repertorio es amplio. Rodríguez Peluso detalla que también se especializan en sables (armas de una sola mano, protagonistas en las guerras napoleónicas y el período colonial); espadas roperas (asociadas a los mosqueteros (siglos XVI y XVII), diseñadas principalmente para la estocada y la espada y broquel, una combinación de espada de una mano con un pequeño escudo metálico.

El desembarco local
En nuestro país, el desarrollo comenzó a consolidarse hacia fines de la década de 2010. Si bien hubo intentos aislados previos, el grupo Cruz del Sur en La Plata fue uno de los pioneros en alcanzar continuidad. Tras el impacto de la pandemia, la actividad experimentó un rebrote con la aparición de nuevos clubes en Mendoza (Freifechter), Córdoba (Scolari), Bariloche (Arte delle Armi) y diversos puntos de Buenos Aires.
Hoy se estima que hay más de 500 practicantes activos. La creación de la Comunidad Argentina de HEMA ha permitido centralizar el intercambio entre instructores, herreros y alumnos a través de plataformas digitales y eventos como el Campamento CADH.
“HEMA en Argentina es una comunidad en crecimiento, con una gran diversidad de enfoques. Trabajamos como una suerte de ‘arqueólogos del movimiento’, reconstruyendo técnicas a partir de fuentes históricas”, amplía Ibañez.
El entrenamiento comienza con un calentamiento físico exigente, seguido de la interpretación de las fuentes. Se lee el texto original, se analiza el contexto y se proponen ejercicios (drills) para validar la técnica.
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La prueba de fuego es el sparring o combate controlado. Aquí rige un principio de honestidad técnica: la maniobra debe funcionar sin la cooperación del oponente. “Si para que una técnica funcione el adversario tiene que ‘ayudar’, la interpretación es incorrecta y debe revisarse”, sostiene Rodríguez Peluso. El uso de caretas de esgrima reforzadas, chaquetas acolchadas y guanteletes de alto impacto permite que el contacto sea pleno y seguro.
Más allá del combate, los beneficios de esta práctica son integrales. En el plano físico, mejora la coordinación, los reflejos y la explosividad. En el mental, desarrolla el pensamiento estratégico y la capacidad de análisis bajo presión. No obstante, ambos testimonios coinciden en que el mayor valor reside en el sentido de pertenencia. No se requiere experiencia previa. El equipamiento se puede adquirir de forma progresiva, comenzando con simuladores acolchados (buffers) antes de pasar al acero.
“El mayor beneficio está en lo humano”, reflexiona el instructor de Vincere, destacando que la camaradería suele trasladarse fuera de la pista de entrenamiento.



