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El diablo viste a la moda 2: Meryl Streep y Anne Hathaway brillan en un film que tiene glamour, humor y una sorprendente reflexión

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El diablo viste a la moda 2 (The Devil Wears Prada 2, EE.UU. / 2026). Dirección: David Frankel. Guion: Aline Brosh McKenna, basada en los personajes creados por Lauren Weisberger. Fotografía: Florian Ballhaus. Edición: Andrew Marcus. Elenco: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Justin Theroux, Simone Ashley, Kenneth Branagh. Calificación: Restringida para menores de 13 años. Distribuidora: Disney. Duración: 119 minutos. Nuestra opinión: muy buena.

La idea de una secuela de la exitosísima El diablo viste a la moda puede evocar una sensación de liviandad, glamour, referencias al mundo de la moda, excelentes actuaciones.

No hay nada que temer, porque todo eso está en El diablo viste a la moda 2. Pero entre los looks de diseñadores top y las líneas de diálogo punzantes, hay algo sorprendente: una lúcida reflexión sobre la crisis del periodismo.

El ecosistema actual de las revistas y los diarios es muy distinto del que retrató la película original. La comedia, estrenada en 2006, estaba basada en el libro homónimo de Lauren Weisberger, quien lo escribió inspirándose, con poco disimulo, en sus experiencias como asistente de Anna Wintour, súperpoderosa jefa editorial de la revista Vogue y patrón sobre el que está cortado el personaje de Miranda Priestley.

4 stars

En las últimas dos décadas, el panorama mediático cambió de forma radical, incluso para Vogue y para Wintour. Es lógico que un regreso al universo de Runway, la revista ficticia que lidera Miranda, se haga cargo de estas transformaciones.

Nigel Kipling (Stanley Tucci) y Andy  Sachs (Anne Hathaway), en una escena de una secuela que no defrauda

Lo sorprendente, en el mejor de los sentidos, es que lo haga con tanta agudeza. La guionista Aline Brosch-Mackenna, quien también escribió la película original, encontró una forma de darle un sentido a este regreso, sin dejar de entregarle al público lo que quiere. Miranda, Andy, Nigel y Emily cambiaron, el ámbito en el que trabajan también y reencontrarlos es una oportunidad para ver los desafíos de esta nueva realidad.

Cuando comienza El diablo viste a la moda 2, Andy (Anne Hathaway) es una condecorada periodista, que se encuentra sin trabajo, tras un brutal recorte en su diario. Mientras que Miranda (Meryl Streep) y Nigel (Stanley Tucci) enfrentan una polémica por un mal trabajo periodístico, que les puede costar la pérdida de los sponsors que sostienen a la revista.

La primera mitad de la película los reúne con un objetivo en común. Pero el estado de la industria editorial, el desinterés de los lectores y la necesidad de que los números cierren, conspiran contra ellos. No hay una receta mágica, sino un reconocimiento de una realidad de la que no se puede escapar. Todo es divertido y glamoroso, pero con un sabor agridulce, que resulta perfecto.

Emily Charlton (Emily Blunt) se reencuentra con sus excompañeros de Runway por un objetivo común

La fantasía queda para la segunda parte de la película, en la que se presta más atención a resolver una trama, que pone en peligro a Runway, cuya solución se ve a mil kilómetros de distancia. Y está bien que sea así, porque esta porción del film es la que más tiempo le dedica a la moda y a las locaciones glamorosas, tan esperadas. Va de una realidad más cruda, vista con humor, a un cuento de hadas mediático.

Como sucedía en la primera película, el director David Frankel hace un trabajo prolijo, basado en darle espacio a las magníficas actuaciones de su elenco y en capturar el valor artístico de la ropa y los escenarios, que tuvieron una merecida mejora presupuestaria.

No se puede decir nada original sobre Meryl Streep, quien vuelve a encarnar a Miranda con el tono de voz bajo pero decidido, que tomó prestado de Clint Eastwood, y esa mirada que contiene todo lo que le pasa a una mujer inteligente, acostumbrada a aventajar a todos para sobrevivir. Anne Hathaway funciona perfecto como contrapunto, manteniendo el entusiasmo de la joven Andy, pero restringido por la experiencia y madurez de una mujer que pasó los últimos 20 años observando el mundo y contándolo en sus notas.

El diablo viste a la moda 2 va de una realidad más cruda, vista con humor, a un cuento de hadas mediático

Hay un trabajo muy preciso, desde la escritura y las actuaciones, en la madurez de los personajes y en observar cómo estas dos décadas los han afectado. Sucede también con Nigel, interpretado por Tucci con un carisma que desarma, humor y el encanto de los gestos sutiles. El personaje de Emily se acerca más a la caricatura, pero Emily Blunt lo entiende y sabe llevarlo con mucha gracia. Entre las nuevas adiciones al elenco, se destacan Kenneth Branagh, despojado de histrionismo; B.J. Novak, en un papel a su medida; y Patrick Brammall, como un interés romántico que sí tiene sentido.

Tal vez el mayor logro de El diablo viste a la moda 2 sea cómo navega las necesidades de una secuela, sin dejarse llevar por la simplificación y la sobreestimación del fan service. Con mucha astucia, contiene referencias a la película original, escenas que funcionan como espejo, pero está limitada por eso. Sí, la secuela tiene más dinero y más caras famosas, aunque tampoco se sostiene en esos pilares. Hace lo que Hollywood hace mejor: contar una buena historia, que hace reír y ofrece un punto de vista sobre la realidad, pero con un toque de magia cinematográfica, para hacerla más digerible.

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