“La IA podría matarnos a todos antes de que termine la década”. 60 caracteres en la red social X, publicados por un tal Jacob Coxon, ex investigador de Anthropic, a comienzos de este mes. “Creo que la posibilidad supera el 10% en la próxima década”, precisó Evan Hubingher. Las principales figuras y CEO del sector aparecieron en escena con declaraciones, fragmentos de entrevistas con titulares tremendistas, pronósticos de descontrol o exigiendo regulaciones.
Elon de Tesla y SpaceX, Sam “Alt-man” de OpenAI, Dario Amodei de Anthropic, Alex Karp de Palantir: “techbros” con nombre y apellido que agitan paranoia, esperanza y cotizaciones bursátiles récord. Supuestas renuncias en cadena por secretos que no se pueden develar, acceso vía software a aspectos de Seguridad. La trama, entonces, tiene todo: dinero, terror, héroes/villanos y un final imprevisto… Puede resumirse en el título periodístico repetido durante estas últimas dos semanas: “Expertos en IA advierten sobre la extinción de la humanidad”.
Hablamos del Apocalipsis, el mayor “cliffhanger” (ese recurso narrativo para enganchar al espectador en una novela por capítulos) de la humanidad pero en la era del “microdrama” y con sus características de época: frases contundentes, breves clips, textos breves, lectura rápida, máxima expectativa. La semana pasada hasta hubo meme con un cameo del presidente Donald Trump en el evento All-in Summit junto a Jensen Huang, el CEO de Nvidia, que lo conecto vía llamada telefónica espontánea. “Pueden hacer los microchips más increíbles, dicen que va destruir la humanidad pero no pueden conectarme al parlante… [risas]. Todo esto de la IA es una conspiración china”. El contexto es sabido: los avances de la inteligencia artificial y su uso popular a través de chats y herramientas generativas alimenta especulaciones sobre la llegada de la Inteligencia Artificial General o la Singularidad, como grandes eventos tecnológicos, pero también su autonomía y capacidad de daño. Un episodio de ciberseguridad protagonizado por agentes autónomos de IA alimento la visión “doomer”: que parezca un relato de ciencia ficción no es pura coincidencia.
La especie humana ha hecho, como sostiene Yuval Harari, de su capacidad narrativa una señal distintiva: en su best seller Sapiens defiende la tesis de que esos grandes relatos compartidos permitieron la colaboración a escala de grandes grupos humanos hacia esto que llamamos civilización para los 8000 millones de habitantes de la Tierra. Pero, qué hay del gran relato sobre el fin de la especie que ahora nos llega con admoniciones sobre la capacidad “singular” de entes no humanos con vocación destructiva? Primero, ya en el siglo I, llegó en forma de narrativa religiosa en el libro del Apocalipsis que, en rigor, no era más que la revelación de una guerra terminal seguida de la salvación cristiana. Jinetes, monstruos, catástrofes… Aun así, la visión de final inminente se popularizó recién hacia el siglo X, con el cambio del primer milenio.
Hace exactamente dos siglos, fe la escritora Mary Shelley la que llevó esa preocupación fatalista a la literatura: además de crear el espécimen horroroso que se revela a su creador (Frankenstein), también escribió El último hombre (1826): una plaga destruye la humanidad y queda un único sobreviviente. Alineamiento de la IA y fin de la especie por un episodio? ¿Criaturas con capacidades humanas sin control?. Pionera absoluta, volcó su mirada gótica y sus especulaciones en forma de novela.
La literatura y luego el cine abordaron de manera recurrente esa fantasía tan nuestra de aventurar nuestro final, mezclando elementos de la ciencia de frontera con catástrofes naturales. El cambio de milenio trajo el admonitorio Y2K que prometía un apagón informático para el 31 de diciembre de 1999: un fracaso catastrófico.
En esta década, la popularidad del género “película de Netflix” nos dejó Don’t Look Up de Adam McKay: un asteroide amenaza con impactar la Tierra pero las urgencias mediáticas, las redes sociales y la competencia contra temas “urgentes” convierten el drama en humor con toques ecologistas: la destrucción del planeta compite en rating con las celebrities y las distracciones cotidianas.
El propio Harari en el más reciente Nexus relativiza sus argumentos para preguntarse si las propias creaciones humanas pueden implicar el fin de la especie, una especie de suicidio ecológico o tecnológico. Si conquistamos el mundo contándonos “cuentitos”, ¿estamos preparados para contarnos la trama final?
Así llegamos al “microdrama” sobre “la macro”: interés universal, grandes pasiones humanas (ambición, conspiraciones, millones juego, poder geopolítico), figuras populares con matices excéntricos y el desenlace incierto con episodios que llegan en entregas breves, vía reel, posteo o declaración de principios. Continuará ¿Continuará?


