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El Jardín Botánico Carlos Thays atraviesa una de las intervenciones más ambiciosas en más de un siglo

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Los jardines botánicos son mucho más que un jardín: son parte de los reservorios más importantes de biodiversidad vegetal a nivel global. Con sus colecciones científicas vivas son una herramienta principal para la conservación y, además, son centros de investigación de alto nivel, donde se concentra el conocimiento. A diferencia de un parque tradicional, reúnen colecciones vegetales cuidadosamente documentadas que permiten investigar, preservar e intercambiar conocimiento con instituciones de todo el mundo.

El Botánico de Buenos Aires, un museo vivo en el corazón de la ciudad

Entre los más importantes a nivel mundial se encuentran el Royal Botanic Gardens de Kew (Reino Unido), referente global en investigación y conservación vegetal; el Singapore Botanic Gardens, reconocido por sus colecciones tropicales y de orquídeas; el New York Botanical Garden, uno de los principales centros de investigación botánica de América; el Jardin des Plantes de París, uno de los jardines científicos más antiguos del mundo; y el Jardim Botânico do Rio de Janeiro, considerado el más importante de América Latina por su trabajo sobre la flora brasileña.

En este escenario internacional, el Jardín Botánico Carlos Thays de la Ciudad de Buenos Aires ocupa un lugar de enorme relevancia. Fue inaugurado en 1898, sobre un terreno que había sido polvorín colonial y que debió rellenarse con tierra fértil traída de otras zonas para volverse cultivable. Detrás de esa transformación estuvo Carlos Thays, que convenció a las autoridades porteñas de la necesidad de un jardín de aclimatación con fines científicos y recreativos.

La histórica Casona en 1908, hoy declarada Monumento HistóricoEl paisajista Carlos Thays vivió en el Botánico por un tiempo con su familia. En la foto, los hijos de Thays en el jardín

Con sus casi setenta y ocho mil metros cuadrados, sus cerca de mil quinientas especies vegetales y sus más de treinta obras de arte entre esculturas, fuentes y monumentos, el Jardín Botánico Carlos Thays fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1996.

“La importancia de nuestro Botánico como pulmón verde se debe a las toneladas de carbono que almacena en los troncos de sus árboles y las toneladas de dióxido de carbono y de polvo en suspensión que toman y absorben los árboles a través de sus hojas”, explica Graciela Barreiro, directora del Jardín Botánico. Puesto en el mapa de los grandes jardines botánicos urbanos, el porteño ocupa un lugar particular. Los jardines urbanos más parecidos por la ubicación son el Real Jardín Botánico de Madrid, el Jardín Botánico de Curitiba en Brasil y la sede principal del Jardín Botánico de Denver, Colorado, ubicada en la ciudad.

Hoy, el Jardín atraviesa una de las intervenciones más ambiciosas en más de un siglo de historia. Ocho manzanas de Palermo, delimitadas por Santa Fe, Las Heras, República Árabe Siria y Plaza Italia, concentran obras de restauración patrimonial, accesibilidad y renovación edilicia que buscan proyectar el predio hacia sus próximos años. “Las obras de mantenimiento son esenciales para cualquier sitio y si es público con más razón, ya que son patrimonio de todos los ciudadanos y deben ser cuidados como tal”, resume Barreiro.

Las obras que atraviesan el Jardín Botánico Carlos Thays no buscan solo recuperar su patrimonio, también apuntan a mejorar la experiencia de quienes lo visitan

Una casona que cambia sin perder su historia

El edificio más fotografiado del Jardín, La Casona, data de 1881 y fue diseñado por el ingeniero polaco Jordan Wysocki. Por sus salones pasaron el Departamento Nacional de Agricultura, el Museo Histórico Nacional y la Dirección de Paseos; Thays vivió allí con su familia cuando estaba al frente de los parques porteños.

Hoy la obra lleva un tramo largo recorrido. La cubierta, clave para frenar filtraciones, ya quedó terminada, igual que el subsuelo. Con el Centro de Interpretación cerrado al público, los equipos avanzan con pintura, instalaciones eléctricas y radiadores; en el Café Botánico solo resta la restauración final de las carpinterías. Falta un paso decisivo: un ascensor interior que por primera vez permitirá que personas con movilidad reducida recorran también los pisos superiores.

La Casona, construida en 1881, atraviesa una puesta en valor que busca conservar su arquitectura, hacerla más accesible y darle nuevos usos

“Se está llevando a cabo una puesta en valor profunda de la casa principal, obra que está en manos de empresas especializadas en restauración de edificios patrimoniales”, cuenta Barreiro. Y aclara algo que en un predio protegido no es un detalle menor: “Todas las obras que se encaran en el Jardín son previamente aprobadas por la Comisión Nacional de Monumentos Históricos”.

La restauración habilitará nuevos usos vinculados a la educación ambiental, la interpretación del patrimonio y la investigación, y ampliará en un cincuenta por ciento la capacidad del Jardín para talleres y actividades educativas, según estima el organismo a cargo de las obras.

El sendero de siempre, pero mejor

A pocos metros de La Casona, otra intervención avanza con la puesta en accesibilidad del sendero principal. La traza original, la misma que caminaron generaciones de porteños desde fines del siglo XIX, no se toca. Lo que cambia es la superficie, pensada para que cochecitos, sillas de ruedas, adultos mayores y grupos escolares circulen sin sobresaltos.

Las obras mejoran los recorridos sin alterar su trazado histórico

“El Jardín necesitaba nuevos senderos adaptados a las necesidades especiales de algunas personas, como aquellas con discapacidad, con visión disminuida o que se trasladan en sillas de ruedas. Lo mismo para familias con carritos de bebés”, explica Barreiro. El alcance, por ahora, es acotado: “solamente pudimos hacer un sector, pero es un avance importante”, y responde a un problema acumulado durante décadas: “Los senderos originales no absorbían agua por más de un siglo de compactación”. Sobre el impacto ambiental es tajante: “no se afectó ninguna superficie verde ni ningún ejemplar botánico”.

Varios senderos fueron adaptados para que puedan ser recorridos por todos los ciudadanos

Detrás de esta obra hay una idea que el Jardín sostiene desde hace años bajo el programa Naturaleza sin Barreras: la accesibilidad entendida no como agregado sino como columna vertebral del espacio público. En esa línea se sumaron señalética en braille, planos hápticos en los accesos principales y baños adaptados.

Ciencia bajo tierra y también en la yerba mate

Entre estos senderos, Thays resolvió también un enigma agrícola que los jesuitas se habían llevado consigo: tras su expulsión se había perdido el método para germinar semillas de yerba mate y solo prosperaban los gajos. Thays recibió las primeras semillas en 1895 y, tras someterlas a una inmersión prolongada en agua caliente, logró que germinaran. El hallazgo, conocido como método Thays, fue confirmado por la Dirección de Agricultura y Ganadería de la Nación.

La planta de yerba mate que crece en el jardín, uno de los logros de Thays

Ese espíritu de laboratorio no quedó en el pasado. El Jardín sumó un laboratorio nuevo y oficinas para Educación y Ciencia y Técnica, con mejor equipamiento para la propagación y conservación de especies. También profundizó el monitoreo de variables meteorológicas, datos que en 2023 llevaron a la Agencia de Protección Ambiental porteña a nombrarlo primer refugio climático de la Ciudad: la diferencia de temperatura con sus alrededores ronda los cinco grados.

“Durante 2025 se ha mejorado, aumentado y ordenado la colección de cactáceas”, cuenta la directora. “Estamos trabajando en el Proyecto Robles para incorporar especies de Quercus de diferentes regiones templadas del mundo y se han sumado más de treinta especies en peligro de extinción de nuestra flora nativa en los últimos cinco años”.

Fuentes, esculturas e invernáculos

La lista de intervenciones no se agota en los grandes edificios. La Fuente del Pato y la Fuente Oval recuperaron este año su funcionamiento gracias a impermeabilización, reparación de fisuras y renovación del bombeo. Un año antes se habían restaurado piezas como el monumento a San Martín, la estatua L’acquaiolo, La Soberanía o el Busto a Perito Moreno, entre más de una decena de obras del predio.

Copia realizada en 1909 de la obra Saturnalia del italiano Ernesto Biondi

El invernáculo principal, construido en 1897 y premiado en la Exposición Universal de París de 1889, pasó por tareas de limpieza e hidrolavado que le devolvieron el brillo original sin tocar su estructura. Es el único de los cinco invernáculos del Jardín abierto de manera permanente al público y resguarda ejemplares tropicales y subtropicales.

El amplio invernáculo principal del Jardín también fue puesto a punto

Una biblioteca infantil entre dos restauraciones

El fortalecimiento del Jardín también pasa por sus espacios de lectura y formación. Desde 1918 el predio cuenta con una escuela de jardinería propia, hoy escuela técnica, además de un herbario y una biblioteca de botánica de la misma época. En 2012 se sumó la Biblioteca Infantil de la Naturaleza, con mil libros para acercar a chicas y chicos a las ciencias naturales desde temprana edad.

La biblioteca infantil dentro de la casona y un grupo de niños descubriendo las plantas del jardín

Esa vocación educativa explica por qué la restauración de La Casona no se limita a lo estético: al recuperar la planta alta, cerrada al público hasta ahora, el Jardín gana un lugar físico donde sostener charlas, talleres y encuentros con escuelas. Es la misión que Barreiro reclama para estos espacios: “son centros educativos de excelencia, para todos los niveles escolares y académicos y suelen constituir sitios de recreación y disfrute para el ciudadano”.

Los que sostienen el Jardín todos los días

Ninguna de estas obras tendría sentido sin la comunidad que las rodea. El Jardín cuenta hoy con 250 voluntarios activos, en programas como Divulgadores Botánicos, Expedición Botánica, el Jardín de Mariposas o Meteorología, que sostienen buena parte de la conservación y el contacto con el público. Desde 2014, La Asociación Amigos del Jardín Botánico Carlos Thays de la Ciudad de Buenos Aires apoya económicamente la gestión del Jardín promoviendo el valor de la naturaleza en el entorno urbano. La AAJB consigue y gestiona financiamiento externo, promueve el intercambio científico y cultural a nivel nacional e internacional y propicia la participación de ciudadanos, niños y adultos en actividades relacionadas con la educación, la conservación y la preservación del patrimonio natural vegetal y artístico.

El jardín botánico contiene obras de arte en todo su recorrido, entre fuentes y macizos de plantas

Las actividades desarrolladas a lo largo de estos años incluyen tareas rutinarias como reposición de plantines, mantenimiento y reposición de maquinarias y herramientas, y arreglos puntuales en instalaciones. Para obtener esos fondos a lo largo de cada año realizan talleres y cursos, charlas de especialistas, visitas guiadas y la feria anual de primavera (que este año se realizará los días 26 y 27 de septiembre). También se hacen cargo de la administración y gestión económica de los fondos recibidos del exterior para proyectos propios del Jardín y asociados con otras instituciones.

Con la restauración el Jardín recuperará una versión más fiel de la idea original de Thays: un espacio donde la ciencia, la memoria y el paseo cotidiano conviven sin pedirse permiso.

Este entusiasmo tiene, para Barreiro, una raíz de fondo: “Indudablemente el Jardín Botánico ha crecido en la consideración de los porteños durante los últimos quince años”. La consecuencia se nota en los números y en la agenda diaria del predio: “La cantidad de visitantes se duplicó, pasando largamente el millón de personas al año. Las actividades educativas se multiplicaron geométricamente, al punto que no disponemos de agenda abierta por muchos meses a esta altura del año: no damos abasto con la cantidad de visitas solicitadas”. Es que los buenos ejemplos van permeando en la sociedad. Un jardín limpio, activo, rico en ciencia y amable con sus visitantes será mucho mejor bienvenido, siempre.

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