Durante siglos, historiadores, arqueólogos y epidemiólogos reconstruyeron a partir de crónicas y documentos una de las mayores tragedias sanitarias de la historia. La viruela, una enfermedad causada por el virus Variola, fue señalada como uno de los factores centrales detrás del colapso demográfico que sufrieron numerosos pueblos indígenas tras la llegada de los europeos a América. Sin embargo, faltaba una pieza clave: la prueba biológica directa de que aquel virus había cruzado el Atlántico junto con los colonizadores.
Ahora, dos momias halladas en el norte de Chile aportaron la evidencia más sólida encontrada hasta el momento para responder esa pregunta.
Un equipo internacional de investigadores recuperó y analizó los primeros genomas antiguos de viruela identificados en América. Los restos pertenecían a dos personas enterradas en el sitio arqueológico Camarones 9, en el desierto de Atacama, y fueron datados entre 1492 y 1631. Los resultados, publicados ayer en la revista Science, permitieron reconstruir parte de la historia evolutiva del virus y aportaron evidencia molecular directa de que la enfermedad llegó al continente durante el período de colonización europea.
La viruela fue una de las enfermedades más devastadoras de la historia humana. Antes de su erradicación mundial en 1980, causó millones de muertes en distintos continentes. En América, los historiadores sostienen desde hace décadas que desempeñó un papel central en la caída de las poblaciones indígenas tras el contacto con Europa. Sin embargo, gran parte de esa reconstrucción se basaba en registros históricos escritos por cronistas y colonizadores.
El nuevo trabajo permitió ir más allá de los documentos. Los científicos lograron extraer ADN viral de los restos de dos individuos vinculados con comunidades indígenas del norte chileno. Los análisis mostraron que ambos estaban infectados por una variante de viruela prácticamente idéntica, lo que sugiere que pudieron haber contraído la enfermedad durante la misma epidemia o a partir de una misma cepa que circulaba en la región.
Los genomas recuperados pertenecían a un linaje hoy extinto, bautizado por los investigadores como CAM9. Ese linaje ocupa una posición intermedia en el árbol evolutivo del virus: aparece después de las cepas europeas medievales, pero antes de las variantes que circularon durante los siglos posteriores y que terminaron dando origen a las formas modernas de la enfermedad.
Para los autores, esa ubicación evolutiva constituye una prueba especialmente importante. Según explicaron, demuestra que la viruela presente en América estaba estrechamente relacionada con las cepas que circulaban en Europa y respalda la hipótesis de que fue introducida durante la expansión colonial.
“Este descubrimiento proporciona la primera confirmación a nivel molecular de que la viruela fue llevada a América durante el período colonial”, señaló Shigeki Nakagome, investigador del Trinity College de Dublín y uno de los autores del estudio.
Además de reconstruir el recorrido de la enfermedad, el trabajo ofrece una nueva ventana para comprender cómo evolucionó el virus a lo largo de los siglos. Los investigadores observaron que la viruela atravesó un prolongado período de cambios genéticos hasta aproximadamente el siglo XVI. Posteriormente, durante las grandes epidemias que acompañaron la expansión colonial de los siglos XVII y XVIII, ese ritmo evolutivo pareció desacelerarse de manera notable.
Una de las hipótesis planteadas es que el virus pudo haber alcanzado una suerte de equilibrio evolutivo que le permitía propagarse eficazmente sin necesidad de acumular nuevas adaptaciones. La ausencia de inmunidad en las poblaciones expuestas por primera vez habría favorecido ese proceso.
Los análisis sugieren incluso que esa estabilidad pudo comenzar a modificarse recién durante el siglo XIX, cuando la vacunación empezó a expandirse a gran escala. A medida que aumentaban los niveles de inmunidad en la población, el virus habría retomado un ritmo de cambios genéticos más acelerado.
El estudio también aporta información valiosa sobre uno de los períodos más traumáticos de la historia americana. Aunque las fuentes históricas registran epidemias de viruela desde las primeras décadas posteriores a la llegada de los europeos, muchas veces resulta difícil establecer con precisión cómo se propagó la enfermedad dentro de las comunidades indígenas o cuál fue la identidad exacta de las cepas responsables de aquellos brotes. Los genomas recuperados permiten comenzar a llenar parte de ese vacío.
Con información de ANSA.


