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El salto a la libertad, la imagen que se convirtió en símbolo de la Guerra Fría y marcó para siempre a su protagonista

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Peter Leibing llevaba varias horas esperando. Mantenía su cámara enfocaba una maraña de alambre de púas que separaba Berlín Oriental de Berlín Occidental.

Del otro lado, un joven guardia caminaba nervioso. Fumaba un cigarrillo detrás de otro y miraba de reojo hacia Berlín Occidental. Algunos curiosos lo habían visto acercarse varias veces al alambre y probar su resistencia con la bota. Empezaban a sospechar que quería escapar.

Leibing entonces tenía 20 años y había viajado desde Hamburgo para cubrir el cierre de la frontera. No sabía cómo terminaría la escena ni cuánto tendría que esperar. Su cámara, contaría después, no tenía motor y no permitía disparar en ráfaga, es decir que solo tenía una oportunidad para capturar el momento. Por eso la dejó enfocada sobre el lugar por el que imaginaba que pasaría el guardia y mantuvo el dedo sobre el obturador.

Eran las 15.40 del 15 de agosto de 1961. Dos días antes, las autoridades de Alemania Oriental habían comenzado a bloquear las calles que comunicaban ambos sectores de Berlín. Todavía no existía el muro de hormigón que durante 28 años dividiría la ciudad. En la esquina de Bernauer Strasse y Ruppiner Strasse la frontera era apenas un rollo de alambre custodiado por jóvenes policías armados. Uno de ellos era Hans Conrad Schumann. Tenía 19 años.

De pronto, el policía tiró el cigarrillo, se alejó de sus compañeros y echó a correr. Al llegar a la barrera, saltó el alambre y soltó el subfusil que llevaba al hombro. En ese mismo instante, Leibing apretó el disparador. La fotografía se convertiría en una de las imágenes más representativas de la Guerra Fría.

Conrad Schumann, de 19 años, salta la barrera de alambre de púas entre Berlín Oriental y Berlín Occidental el 15 de agosto de 1961. La imagen fue tomada por Peter Leibing

Dos días antes del salto

Para entender por qué Schumann custodiaba una barrera improvisada en medio de Berlín hay que retroceder dos días. En la madrugada del domingo 13 de agosto de 1961, policías y soldados de Alemania Oriental comenzaron a cerrar los accesos al sector occidental. Levantaron adoquines, cortaron calles, interrumpieron transportes y tendieron kilómetros de alambre de púas. Al despertar, los berlineses encontraron la ciudad partida en dos.

El régimen llamó a la barrera “Muro de Protección Antifascista” y aseguró que serviría para frenar el ingreso de espías y agentes occidentales. En los hechos, buscaba impedir que sus propios ciudadanos escaparan hacia el Oeste. Desde la creación de la República Democrática Alemana (RDA), en 1949, alrededor de 2,8 millones de personas habían huido hacia Alemania Occidental. Una parte importante eran jóvenes y trabajadores calificados. Para el gobierno comunista, esa pérdida de población se había vuelto insostenible.

La división de Berlín había empezado en 1945, después de la derrota de la Alemania nazi. Las potencias vencedoras se repartieron el país y también la ciudad en cuatro sectores. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia controlaron Berlín Occidental. La Unión Soviética quedó a cargo de Berlín Oriental, que desde 1949 pasó a ser la capital de Alemania Oriental. Así, Berlín Occidental quedó rodeada por territorio comunista y se convirtió en una vía de escape hacia Occidente.

La operación del 13 de agosto se preparó en secreto. Apenas dos meses antes, Walter Ulbricht, el líder de Alemania Oriental, había afirmado que nadie tenía intención de construir un muro. Sin embargo, en cuestión de horas, calles y barrios quedaron atravesados por barreras. Familias y amigos que hasta el día anterior cruzaban de un lado a otro descubrieron que ya no podían hacerlo.

En esos primeros días, la frontera era todavía una sucesión precaria de postes, rollos de alambre y guardias armados. El muro de hormigón llegó después. Mientras la barrera siguiera siendo de alambre, todavía quedaban puntos por donde intentar una fuga. Algunos escaparon por las ventanas de sus casas; otros atravesaron las calles corriendo. También hubo hombres enviados a vigilar la frontera que empezaron a preguntarse de qué lado querían quedarse. Schumann fue uno de ellos.

El joven del otro lado

Conrad Schumann nació el 28 de marzo de 1942 en Zschochau, un pequeño pueblo rural de Sajonia. Era hijo de un pastor de ovejas y aprendió el mismo oficio. A los 18 años, en busca de un trabajo mejor, se incorporó voluntariamente a la policía militarizada de Alemania Oriental. Después de unos meses de entrenamiento, fue enviado a Berlín. Cuando recibió la orden de custodiar la nueva frontera, llevaba menos de seis meses en la fuerza.

El día de la fuga, cuando alcanzó el lado occidental, Schumann corrió hacia un patrullero que lo esperaba con las puertas abiertas y fue trasladado a una comisaría del barrio de Wedding. Allí pidió un sándwich de paté de hígado y declaró que no había planeado escapar, que la decisión había surgido durante la guardia. Explicó que llevaba varios días trabajando casi sin descanso, que había dormido y comido muy poco. Y que mientras vigilaba la frontera, advirtió que muchas de las cosas que les habían dicho sobre Berlín Occidental no coincidían con lo que veía. Con el paso de las horas, empezó a desconfiar de la versión oficial y la idea de huir fue tomando fuerza.

Reconstrucción del momento, Schumann se marcha en una furgoneta policial tras entrar en Berlín Occidental

Según el libro Wall: The Inside Story of Divided Berlin, de Peter Wyden, durante la guardia Schumann vio a una joven pasarle un ramo de flores a su madre por encima de la barrera improvisada. La mujer lo señaló y dijo: “Esos de ahí ya no me dejan pasar”.

Años después, Leibing contó que Schumann le había confesado que no quería encontrarse en una situación en la que lo obligaran a disparar contra otras personas. Esas escenas, sumadas a las dudas que ya tenía sobre lo que le habían contado acerca de Berlín Occidental, terminaron de empujarlo a escapar.

“Había mucha gente alrededor, y eso fue bueno porque distrajeron a mis compañeros. Tenía los nervios al límite. Sentía mucho miedo. Eché a correr, salté y entré en el vehículo. En tres o cuatro segundos, todo había terminado”, recordó Schumann en una declaración reproducida por The Independent en 1998.

El salto a la libertad: Schumann abandona su arma y cruza hacia Berlín Occidental, apenas dos días después del cierre de la frontera

Después de la fuga, Schumann se instaló en Baviera. Allí consiguió trabajo en una fábrica, se casó y tuvo un hijo. Pero había dejado del otro lado a la mayoría de sus afectos: sus padres, sus amigos y el pueblo en el que había crecido. Además vivió con miedo. Temía que agentes de Alemania Oriental intentaran secuestrarlo o que su familia sufriera represalias. Desde su pueblo natal le llegaban cartas en las que le pedían que regresara. Mucho tiempo después supo que algunas habían sido escritas bajo la presión de la Stasi, la policía secreta de la RDA.

Mientras él intentaba empezar de nuevo, la fotografía de su salto comenzaba a recorrer el mundo.

Una sola oportunidad

La experiencia de Peter Leibing fotografiando concursos de salto ecuestre terminó siendo decisiva. Allí había aprendido a anticipar el movimiento y a disparar antes de que el caballo quedara suspendido sobre el obstáculo.

“Había aprendido a fotografiar a un caballo en pleno salto para que apareciera justo encima del obstáculo. Eso me resultó muy útil. Schumann saltó y apreté el obturador en el momento preciso”, recordó en una entrevista publicada por el semanario alemán Junge Freiheit en 2001.

Peter Leibing tenía 20 años cuando fotografió la fuga de Schumann. Su experiencia en concursos de salto ecuestre lo ayudó a anticipar el instante

Leibing usaba una cámara Exakta fabricada, irónicamente, en Alemania Oriental. Como no tenía motor y no podía registrar una secuencia, debía acertar el instante exacto. “Yo tenía una sola oportunidad, y por eso existe un solo negativo”, explicó.

No era el único que observaba la escena. Cerca de él estaba el fotógrafo Klaus Lehnartz, quien registró el salto desde otro ángulo, y a pocos metros un camarógrafo filmaba para un noticiero.

No comprendió enseguida que había registrado una imagen histórica. Sabía que había conseguido una buena foto, pero primero tenía que comprobar que el negativo hubiera salido bien. Un fotógrafo del diario Bild, que había quedado mal ubicado y no había logrado capturar el salto, lo convenció de acompañarlo hasta la redacción.

Soldados alemanes en el lado Oeste de Berlín custodian la construcción del Muro el 7 de octubre de 1961

La imagen apareció publicada el 16 de agosto. “Recién en el avión empecé a darme cuenta de que quizás había tomado una fotografía realmente importante”, contó.

Con el tiempo, algunos fotogramas de la filmación comenzaron a circular como si fueran la fotografía original. Leibing insistía en marcar la diferencia. “La fotografía famosa es mía”, dijo. En su imagen, Schumann aparece suspendido sobre el alambre, con las piernas abiertas y el cuerpo inclinado hacia adelante. En la película, el movimiento quedó registrado desde otro ángulo y en una fracción de segundo diferente.

Peter Leibing, en la esquina de Bernauer Straße y Ruppiner Straße, desde donde fotografió el salto de Conrad Schumann el 15 de agosto de 1961

La fotografía pasó a ser conocida como “El salto a la libertad” (Sprung in die Freiheit, en alemán) y fue reproducida en diarios y revistas de todo el mundo. Para Alemania Occidental era una imagen poderosa: un joven policía abandonaba el arma, cruzaba la barrera y escapaba hacia el sector oeste.

En 2011, el negativo original y una copia en papel fueron incorporados al registro Memoria del Mundo de la Unesco como parte de una colección documental sobre la construcción y la caída del Muro de Berlín.

Volver no era regresar

Schumann y Leibing volvieron a encontrarse en Berlín en 1986, durante una sesión fotográfica por el 25º aniversario de la construcción del Muro. Después coincidieron en distintos actos y sus familias comenzaron a relacionarse. “Nuestras esposas se hicieron amigas: mientras nosotros hablábamos con la prensa, ellas conversaban detrás de escena. Surgió una pequeña amistad”, recordó Leibing en la entrevista para Junge Freiheit.

Después de la caída del Muro, el 9 de noviembre de 1989, Schumann viajó a Sajonia. Pero el fin de la RDA no borró las consecuencias del salto. Algunos familiares y amigos lo seguían viendo como un desertor y se negaron a hablar con él.

El 9 de noviembre de 1989, después de 28 años de división, un anuncio del funcionario de Alemania Oriental Günter Schabowski precipitó la apertura de la frontera, miles de berlineses se acercaron a los pasos de control y, esa misma noche, comenzaron a derribar el muro que había separado la ciudad desde 1961La imagen también fue llevada a una escultura. La obra, conocida como Mauerspringer (“El que salta el Muro”) reproduce a Schumann suspendido sobre el alambre de púas (Wikimedia)

Schumann murió el 20 de junio de 1998. Se suicidó. Lo encontraron cerca de su casa en Baviera. Tenía 56 años. Nunca se conocieron con certeza las razones que lo llevaron a esa decisión. Algunos medios hablaron de una depresión. Otros señalaron que nunca había logrado dejar atrás el miedo a la Stasi o que lo había afectado el rechazo de parte de su familia después de la caída del Muro. Ninguna de esas versiones, sin embargo, pudo confirmarse como una causa única. Leibing fue prudente: “La última vez que lo vimos no notamos nada extraño”.

Para el mundo fue un salto hacia la libertad, para Schumann una decisión que marcó su vida.

Conrad Schumann, el guardia de Alemania Oriental que saltó sobre el alambre de púas

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