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Estados Unidos e Irán avanzan hacia un acuerdo inicial

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Buenos Aires, 12 junio (NA)- El Memorándum de Islamabad abre una etapa de distensión tras meses de tensión, aunque deja pendiente el punto más sensible: el alcance del programa nuclear iraní y sus reservas de uranio.

En un movimiento que podría marcar un punto de inflexión en la geopolítica de Medio Oriente, Estados Unidos e Irán avanzan hacia la firma de un acuerdo marco para reducir tensiones bilaterales, aunque el núcleo del conflicto —el programa nuclear iraní— quedó deliberadamente pospuesto para una segunda fase de negociación que será determinante, según pudo conocer la Agencia Noticias Argentinas.

El denominado Memorándum de Islamabad, que contempla 14 puntos y podría formalizarse en los próximos días, establece compromisos iniciales orientados a la desescalada, incluyendo el cese de hostilidades indirectas, la reactivación del tránsito en el estratégico estrecho de Ormuz y un esquema preliminar de alivio de sanciones económicas.

Sin embargo, la cuestión más delicada —el control del enriquecimiento de uranio y el destino de las reservas nucleares de Irán— será abordada en un plazo de 60 días posteriores a la firma, en una instancia que analistas internacionales consideran crítica para el éxito o fracaso del entendimiento.

UN ACUERDO EN DOS TIEMPOS

El diseño del memorando refleja las profundas diferencias entre Washington y Teherán en torno al programa nuclear. Según explicó el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, el documento actual constituye un “marco político general” para reconstruir la confianza tras meses de alta tensión regional.

La arquitectura en dos etapas responde a la necesidad de avanzar primero en medidas de distensión que generen condiciones mínimas para abordar luego el asunto central. En términos diplomáticos, se trata de una estrategia que busca evitar un colapso temprano de las negociaciones por divergencias irreconciliables en el corto plazo.

Este enfoque recuerda, en parte, la lógica del acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA), del que Estados Unidos se retiró en 2018 durante la administración de Donald Trump, reimponiendo sanciones que golpearon severamente la economía iraní. Desde entonces, las relaciones entre ambos países han atravesado ciclos de escalada y negociación sin alcanzar un marco estable.

EL EJE DEL CONFLICTO: ENRIQUECIMIENTO Y RESERVAS

El punto más controvertido sigue siendo el derecho de Irán a desarrollar su programa nuclear. Desde Teherán sostienen que cualquier acuerdo debe reconocer su capacidad de enriquecer uranio con fines civiles, especialmente para generación energética y aplicaciones médicas.

Además, el gobierno iraní rechaza la posibilidad de trasladar sus reservas de uranio enriquecido al exterior. Como alternativa, propone procesar o diluir el excedente dentro de su propio territorio, bajo algún tipo de supervisión internacional.

Estados Unidos, por su parte, exige garantías verificables y mecanismos de control estrictos que eviten cualquier posibilidad de desarrollo de armamento nuclear. Esto incluye límites al nivel de enriquecimiento, inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y eventualmente la reducción del stock acumulado.

El desacuerdo no es menor. Según informes recientes del OIEA, Irán ha incrementado sus niveles de enriquecimiento en los últimos años, alcanzando porcentajes técnicamente cercanos a los requeridos para uso militar, aunque Teherán niega tener ese objetivo. AgenciaNA.

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