La ansiedad se siente en las calles porteñas. El celeste y blanco se repite en camisetas, banderas y vidrieras. En los bares, las pantallas permanecen fijas en los canales deportivos y las conversaciones terminan inevitablemente en la misma pregunta: ¿La Argentina puede conquistar la cuarta estrella y ser bicampeona consecutiva?
Mariela Lucero, docente de 35 años, llegó desde La Pampa para pasar unos días en Buenos Aires. En Recoleta y con su hijo en brazos, sostiene una sonrisa cuando piensa en la final: “Creo que nos va a ir super bien. Tenemos jugadores que lo dejan todo”.
Para apoyar a la selección tiene una estrategia: “Mi cábala es no mirar los partidos porque cuando los veo nos empiezan a hacer goles”. Si la Argentina termina con una nueva estrella, ya imagina cuál podría ser un buen destino para festejar: el Obelisco.

Para los jóvenes, la ilusión es una certeza
Andrés, estudiante de 18 años, no siempre creyó en la posible victoria de la albiceleste. “Pensé que quedábamos afuera en cuartos. No me lo esperaba, porque no se vivía igual que antes. No se sentía en la ciudad, había sequía mundialista, ahora ya está”, afirma. Hoy lo tiene claro: “Se va a ganar. España habló un montón y creo que la Argentina va a levantar la copa porque tiene alma y potrero”, una diferencia que, según él, pesa frente al juego europeo.
Si se cumple el pronóstico, primero irá hasta la casa de Diego Maradona, en Segurola y Habana, en Villa Devoto, y desde allí caminará hasta la avenida 9 de Julio. Después cumplirá otra promesa: teñirse el pelo con una bandera argentina, al estilo de Dibu Martínez.
Pero no todos creen que la final será el partido más importante del Mundial. Para Joaquín Membredes, de 19, que estudia para matricularse como gasista, el encuentro que más esperaba de este torneo internacional ya pasó. “Había que ganarle a Inglaterra a toda costa. Eso fue lo más lindo que viví”, dice.
Con respecto a la final confiesa que será “un partido difícil”, pero no duda del resultado. “Esta selección me da orgullo, tienen garra”, resume. Si la Scaloneta gana, promete sumarse a los festejos: “Me voy a subir a los semáforos, con los bombos, todo”.
Cerca de la Avenida de Mayo y Bolívar, una mujer llama la atención. Lleva el pelo teñido de celeste con una franja blanca y una pulsera con la bandera argentina. Fabiana Martínez, arquitecta y urbanista, explica que no se trata de una cuestión estética, sino de una cábala.
“En el Mundial de Qatar me teñí el pelo y pensé que tenía que expresarlo otra vez de alguna manera. Esta semana dije: ‘volvamos a la cábala’”, cuenta. Pero ese no es su único ritual. Si durante el partido las cosas empiezan a salir mal, ella y su marido dejarán de verlo juntos. “Él se queda en el comedor y yo me voy al dormitorio”, dice entre risas.
Al igual que Joaquín, para ella, el encuentro más importante fue contra Inglaterra, el miércoles pasado. Sin embargo, espera que gane la selección y asegura que confía plenamente en Lionel Scaloni. “Lo quisiera de director técnico para mí. Es un tipo tan tranquilo y la tiene tan clara”, afirma.

El mundial también contagia a los visitantes
Michael Ward, estadounidense de 55 años, observa el movimiento de Plaza Francia. Vive en la Argentina desde hace 20 años y asegura que el país le hizo cambiar su relación con el fútbol. “Cuando vivía en los Estados Unidos no veía el Mundial. Acá no me pierdo un partido”, cuenta. Si la Argentina gana, irá al Obelisco para sacar fotos y enviárselas a su esposa y a su hijo, ambos argentinos, que están de viaje por Italia. Cuando se le pregunta si le gustaría estar en su país en estos momentos, ya que es la sede del partido final del Mundial, responde entre risas: “Cero”.
Unos pasos más adelante aparece otro hincha inesperado. Con un look total, pasea con un buzo y una gorra de la selección argentina. Marco Molina de 66 años es de Ecuador, llegó a Buenos Aires para disfrutar unas vacaciones en familia y cuenta que el clima mundialista terminó por conquistarlo: “Todo el festejo que hubo por la clasificación me contagió. Compré toda esta ropa y ahora me siento argentino”. Para la hora del partido final, hoy a las 16 en Nueva Jersey, ya estará de regreso en Ecuador, pero tiene decidido que verá la final con la camiseta albiceleste puesta: “Voy a festejar con ustedes. Después del partido contra Inglaterra, seguro ganan”.

La ilusión también viaja fuera de Buenos Aires. Augusto, fotógrafo de Paraná, cree que la selección tiene “hambre de gloria” y que volverá a darle una alegría al país: “Yo a esta selección le veo hambre de dar una alegría más, si bien ya nos dieron muchísimas, saben que acá hay 50 millones de argentinos que los están apoyando. Hoy nos toca ser todos contra el resto del mundo que quiere que nos vaya mal”.
Hoy trabajará durante el partido, pero después piensa sumarse a los festejos en su ciudad. “La plaza principal estaba llena la otra vez, no entraba un alma. Esperamos volver a sentir lo mismo que aquel 18 de diciembre de 2022 y mucho más también”, cuenta.
Las predicciones antes del partido
A pocos metros de la entrada del Barrio Mugica, un mural de varios metros de alto reúne a las tres máximas figuras del fútbol argentino. Mario Alberto Kempes, Diego Armando Maradona y Lionel Messi aparecen abrazando la Copa del Mundo sobre un fondo celeste y blanco.
Delante de esa imagen, Alexis Gaspar, de 19 años, prefiere mantener la cautela. “No hay que mufar”, advierte antes de animarse a dar su pronóstico: “Ganamos 2 a 1, sufriendo”. Para él, al principio del torneo no imaginaba otra final para Lionel Messi, pero el equipo terminó convenciendo a todos. Además, cuenta que su cábala es bastante particular: durante los partidos de la selección siempre come pipas.

Quien también tiene definido cómo va a terminar el encuentro de este domingo es Josefa Minerva, jubilada de 72 años, en cuya casa cuelgan las banderas argentinas desde el comienzo del Mundial. “Tengo mucha fe en que vamos a ganar. Va a ser 2 a 1, con mucha garra”, dice.
Los pronósticos aparecen una y otra vez. Con el mismo fondo icónico del Barrio Mugica, Roberto Gunter, de 35 años, mantiene intacto un ritual desde el comienzo del campeonato: todos los partidos los mira con su familia en la casa de su suegra y siempre comen fideos con salsa. Está convencido de que la Argentina ganará 3 a 1 y ya hizo una promesa: “Si salimos campeones me voy a teñir el pelo de celeste”.
Alberto Rimac Cruz, siempre creyó en esta selección y confía en que de la mano de Messi vamos a levantar la copa por cuarta vez. “Ganamos. Somos los mejores. Para mí el resultado va a ser 3 a 0″, asegura con esperanza.
Hay quienes no hacen predicciones ya que deciden no mirar el partido. Sin embargo, lo viven a través de sus cercanos. “Yo creo que vamos a ganar, por intuición femenina”, responde sin dudar Carlota Destaville, jubilada de 78 años.
No sigue cada partido, pero este mundial terminó viviéndolo gracias a su nieto, quien invitó a los amigos a su casa. “Cuando gritaron el gol contra Suiza, me acerqué a ver qué pasaba. No lo podía creer. Me fui, volví y ya habían metido el segundo. Pensé que estaban pasando una repetición”, recuerda entre risas. Más allá del resultado, asegura que este equipo “transmite unión” y que pelea cada partido “por la Argentina”.

La final está latente y muchos de los festejos ya parecen organizados de antemano. Algunos preparan las banderas, otros sostienen cábalas que no piensan romper y varios ya saben el camino hasta el Obelisco si la Selección vuelve a levantar la copa.
En las calles porteñas todavía no hay campeón, pero sí una certeza compartida por casi todos los que aceptan hacer un pronóstico: este domingo, la Argentina volverá a pelear por otra página inolvidable de su historia.


