“Fueron 45 días de mentiras sistemáticas” y “la causa no tiene absolutamente ningún sustento”, fueron las últimas declaraciones que dejó Manuel Adorni, el viernes pasado, sobre el derrotero del expediente que lo tiene como investigado en los tribunales de Comodoro Py.
En las últimas semanas, sin embargo, la causa por presunto enriquecimiento ilícito avanzó a ritmo sostenido y la Justicia consolidó elementos que, sin despejar las dudas sobre su estilo de vida y patrimonio, motivó a los investigadores a profundizar la búsqueda de información.

CÓRDOBA.- La reforma electoral impulsada por el presidente Javier Milei es uno de los temas que integra la agenda de negociaciones entre la Casa Rosada y los gobernadores. La eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) incluida en el proyecto genera rechazo en la mayoría de los aliados del oficialismo. Pero esta vez, en las conversaciones -además del listado habitual de obras y fondos- aparecen las candidaturas de cara a 2027.
Según pudo saber LA NACION, hay gobernadores que -como aspiran a la reelección en sus provincias- siguen de cerca qué candidatos pondrá La Libertad Avanza (LLA) para enfrentarlos o, llegado el caso, para no obstaculizarles la continuidad en el poder.

Un nuevo frente de tormenta reaviva las diferencias entre el gobierno de Javier Milei y la Iglesia. La piedra de la discordia es el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada que el oficialismo envió al Senado y que las comisiones ya tienen en su plan de trabajo.
La iniciativa es defendida por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y la Iglesia alzó su voz contra el proyecto, que modifica la ley de integración sociourbana, sancionada con amplio consenso en 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, y que le otorga un rol activo al Estado nacional en los procesos de regularización dominial y urbanización.

Dos certezas se cruzan en el futuro de Máximo Kirchner. La primera, que la economía no va a mejorar y que los próximos 18 meses no serán los mejores en décadas, sino una caída “empinada”. La segunda, que quien gane las próximas elecciones presidenciales deberá enfrentar un cronograma de pagos de deuda imposible sin una renegociación del acuerdo con el FMI. Aquel que se negó a convalidar durante el gobierno de Alberto Fernández y su madre, renunciando a la presidencia del bloque de diputados. Esa encrucijada parece haberlo forzado a romper viejos moldes. A hacer concesiones. Trae desafíos de difícil concreción, pero también oportunidades impensadas. Máximo Kirchner busca su reconstrucción.
Si las oportunidades del kirchnerismo se resintieron con la condena e inhabilitación de Cristina Kirchner, la victoria de La Libertad Avanza en las elecciones de octubre pasado parecían haberlas aniquilado. Pero la Argentina es generosa en regresos imposibles y surgimientos inesperados: los dos últimos presidentes son prueba de ello.
Una conjura de “imbéciles”, “corruptos”, “seres despreciables”, “psicópatas”, “zurdos resentidos”, “basuras inmundas” y “envidiosos” le niega a Javier Milei el reconocimiento de liderar el mejor gobierno de la historia. Tres horas y media de discursos dedicó el Presidente la última semana para hilvanar, entre insultos, autoelogios y estadísticas, un reproche de Estado a quienes expresan algún tipo de insatisfacción con los resultados de sus políticas.
Ya no niega el malestar social en alza que todas las encuestas de opinión registran desde el verano, pero lo redujo a “una sensación de frustración de los últimos seis meses” provocada por ataques especulativos que atribuye al kirchnerismo, algunos empresarios y el 95% de los periodistas. En privado argumenta que los poderes económicos relegados por el modelo actual persiguen un “mileísmo sin Milei” y que hacen lo imposible para que su plan se atasque. “No me voy a dejar psicopatear” es su versión del “no pasarán”. La acompaña de una desinhibición, inusual hasta para él.



